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lunes, 13 de junio de 2016

"¿Por qué será que mi chinito no aprende inglés?"

Quejumbre de una madre de familia con la imaginación cándida de que la culpa es del colegio, del profesor... menos por culpa  del  "chinito"; por cuanto el "chinito" tiene  SU herencia, la de ser MUUUUY inteligente...

Por Lebb

Frente a sus bulliciosos alumnos, el profesor de inglés remeda la voz gimiente de una madre de familia incrédula de que su hijo, tras "largos y sufridos años" de estudio en el colegio, no haya sido capaz de aprender el idioma gringo: "¿Por qué.. --El 'teacher' entonces gime-- "¿Por qué será que mi chinito...?"

Parodia entonces el profesor, con acento diabluno, a una madre de familia,  mirando fijamente al estudiante que está ahí en el salón holgazaneando delante suyo, entretenido con un celular o con su vecina coquetona, babeando un bombón, mientras las explicaciones, los ejercicios, la añeja pedagogía maternal del profesor, resbalan impunemente por sus fibras cerebrales, como si éstas estuviera engrasadas.

Gozan algunos chicos entonces con la improvisada escena teatral, otros se incomodan con ese tonito seudo mujeril del "teacher", mientras alguna de las chicas envalentonada grita desde el fondo: "Pero, ¿cómo vamos a aprender si usted no enseña nada?" El profe trata de salirse del hábito ante la crítica proferida precisamente por quien casi no viene a clase, por quien se evade y fomenta el despelote en el salón. Pero consigue calmarse y no revirar. Es entonces cuando el mejor alumno,  interesado en el tema, pregunta "sabiamente": "Y, profesor, cómo se dice 'Yo soy' en inglés? ¿Y qué es eso de 'Are'?  ¡Nosotros no lo hemos visto!"  

No han incluido todavía en su cerebro esa expresión "I am", menos todo el verbo clave para Shakespeare,  pese a que desde escolares de segundo primaria la vieron en el tablero, la repitieron del maestro y hasta lo apuntaron en el cuaderno manidas veces. Y ahora le echan la culpa a los profesores que no les enseñaron desde la infancia hasta estos días adolescentes de secundaria. El hecho es que no se les han quedado grabadas en la cabeza ni siquiera las palabras más comunes del cuerpo, del aula o de la casa.

A la par de todo lo anterior, algunos escolares manejan falsas expectativas pues imaginan que los aprendizajes se reciben como los vasos reciben el agua. Para ellos dominar el inglés es resultado de un don automático y merecido, obtenido del profesor, don gratuito que por magia poderosa, invade su cuerpo y llena su vida, concediéndole superpoderes para comenzar a hablar fluidamente el idioma antes extraño en absoluto, como los apóstoles lo hicieron en todas las lenguas el famoso día de Pentecostés. Falso: Los aprendizajes de los idiomas ni son gratuitos ni granjean automáticamente superpoderes para que hables y entiendas a todo el mundo. Los super héroes del aprendizaje fácil NO EXISTEN. Existen mejor los mártires del saber. Pregúnteles a los profesores, a los sabios "que en el mundo han sido".

 "Entonces, ¿por qué será que mi "chinito" no aprende Inglés? ". 
 Mis queridas madres, este fenómeno que las atormenta se explica casi solo,  por cuanto en la base de los aprendizajes siempre actúan motores esenciales del ser humano como la vocación, la voluntad, la disciplina, el esfuerzo, la auto dedicación, las buenas costumbres de estudio, los recursos, el tiempo, la motivación, el carácter... 

El colegio sólo ofrecerá ayuda limitada  y somera a las voluntades que quieran y puedan aprender. Los quehaceres de todo su proyecto educativo, de toda su esencia institucional, serán como semillas que caerán en las mentes de los jóvenes como en las eras de la tierra las semillas naturales para que ellos las asimilen y las hagan fructificar en los porcentajes que permitan sus voluntades y sus propios esfuerzos personales. El colegio será para los estudiantes, detrás de la familia, uno de sus primeros estímulos hacia el desarrollo de sus competencias humanas, laborales y culturales; nunca la plenitud de todos los bienes del mundo ni menos el responsable de su destino de ser sabio o ignorante, grande o pequeño, bilingüe o no bilingüe. 

"¿Por qué será entonces que mi chinito..." --vuelve a gemir sarcásticamente el "teacher" remedando mal la voz quejumbrosa de una madre preocupada por el escaso aprendizaje lingüístico de su niño inteligente--...

Yo creo, mi señora -ya para ponerme serio y para no extenderme tanto-, que su divino "chinito" no ha aprendido inglés ni lo aprenderá aquí por obvias razones. El dominar un  segundo idioma de la misma forma como medio se domina el primero (que dicho sea de paso el "dominio" de la lengua materna en nuestros jóvenes deja mucho que desear), exige de la persona entera dedicación, entusiasmo, amor, pasión y hasta locura por él y por cuanto significa. Es decir, implica sacrificio, tiempo, práctica, sumado a las capacidades mentales necesarias del "chinito", al cual le hacen falta precisamente uno que otro de estos vitales ingredientes. 

El  "teacher" mostrará el camino, pero no será el camino. Indicará las tareas y guiará el proceso, pero no hará las tareas ni llevará sobre sus espaldas al "chinito". Al final, éste último será quien deba aprender incluso a despecho de que haya sido guiado erradamente o de que el "teacher" haya sido muuuy malo. Es más, en un colegio "normalito", como dicen las comadres, jamás aprenderá a pensar, a expresarse, menos a suspirar en Inglés. 

Todavía más, en el horario figuran otras materias a las cuales deberá dedicarse, otras aplicaciones lúdicas y de servicio a quienes rendirles tiempo y adoración, amores que atender, gustos que satisfacer, gruñidos estomacales que acallar. Y para aprender el segundo idioma a cabalidad se precisa que el estudiante se inserte de tiempo completo, de la coronilla hasta las botas, en un hábitat donde impere el espíritu inglés, donde respire inglés, donde coma inglés, donde, en resumidas cuentas, le haga el amor al inglés. 

Así que, mi señora, como dicen los compadres, aquí hacemos lo humana y académicamente posible para que su angelito aprenda, pero no le garantizamos que lo logre por cuanto si bien necesitamos de la gracia de Dios, también es menester la gracia del niño, de su sacrificio, de su responsabilidad, de que él quiera, que ponga su voluntad, todo de su parte y de su ser.
  
"¿Por qué será... -gime por allá el programa de bilinguismo-- que los alumnos no aprenden inglés?" Repetimos: Hay que estudiar bastante, ser disciplinados en extremo, apelar a todas las ayudas y los recursos tecnológicos, poseer ciertas destrezas naturales que hagan posible el éxito del proceso. Y para muchos de nuestros chicos ese es un lenguaje cifrado, un código propio de otro  mundo. 

En cuanto a esa "metodología" de poner el libro bajo la almohada insertándose audífonos en las orejas para aprender  durmiendo me parece el método ideal para ellos. Los exámenes también los presentarían durmiendo. Y hablarían inglés también dormidos. No dudo que pueda servir de motivación subliminal. Pero aprender en vivo, en directo, y en verdad  exige mucho más que soñar y desear.

"EL QUE NO SABE DE AREPA TODO LO QUE COME ES BOLLO"

El hambriento viajero, delante de las ventas populares de comida, sacó la propia merienda de su bolsa. Y así, arepa en mano, se quedó mirando comer, a través de sus aumentos, a los típicos aldeanos que devoraban maquinalmente felices sus bollos prehistóricos... 


Fue ahí cuando expresó la consagrada frase: "El que no sabe de arepa, todo lo que come es bollo."

Se despojaba entonces mi padre de sus gruesas gafas para someterlas a la limpieza de rigor: vaho abundante y pañuelo persistente. Mientras tanto nosotros buscábamos a derecha e izquierda el mejor acomodo para nuestras inquietas nalgas.

 Una vez terminado su ritual de abrillantar los espesos vidrios de las gafas se las puso y nos detalló brevemente con la mirada, luego continuó:

"Resulta entonces que el turista criollo de nuestro cuento, movido por sus instintos religiosos, tuvo la idea de compartir la comida, tal como se lo había inculcado la mamá y lo había visto en la vida práctica del papá. Se acercó más a los lugareños extendiendo la mano con varias arepas en una hoja de plátano, a modo de bandeja original, invitándolos a comer también arepas con él.

  Se iban asustando los sorprendidos convidados con la tan inusitada generosidad del extraño. Y se iban también estresando sus estómagos con la presencia sospechosa de esas formas blancas, aplanadas y circulares que por primera vez se les acercaban a los ojos. Correspondieron de prisa con un gesto de agradecimiento al viajero dadivoso y rehusaron respetuosamente la oferta mientras de nuevo mordisqueaban, gustosos y enamorados, los bollos de toda su vida. Nuestro amigo guardó enseguida las arepas en su bolso con un gesto de resignación por no haber sido capaz de hacer amigos con sus arepas. Resolvió proseguir la marcha, no sin antes murmurar,  amargadito, para sus adentros: "Definitivamente el que no sabe de arepas, todo lo que come es bollo".

Más adelante encontraría, como ahora, unos lugareños con pica  y pala dedicados a resanar burdamente con piedras y tierra los huecos que se hacen en carreteras y caminos y que la Administración municipal no los manda a tapar.  Fue entonces cuando les brindó unos centavos por su labor informal y, detallando un pequeño cráter, les recomendó en broma: "¡Échenle tierrita, échenle tierrita!" Ellos le correspondieron sonriendo felices por ver pasar  gente buena y agradecida y de buenas pulgas.

Pero más adelante salió a su paso un viejo deudor que de una gritando le pasó factura: Nuestro viajero, ni corto ni perezoso, se le ocurrió repetir la broma anterior: "¡Échele tierrita, échele tierrita!". 

Por suerte para él logró ponerse a salvo después de una carrera bestial, de lo contrario, ese energúmeno acreedor, lo habría linchado. Una vez recuperado el aliento, se dijo para sus adentros, muy arrepentido: "El que no sabe pagar cuentas, todo lo que sabe hacer es huir y esconderse".

domingo, 28 de febrero de 2016

HUMOR ANTIGUO

¨ Hijo mío, dime una mentira con una sola palabra: 


             -Papá.


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¨ ¿Cómo se dice abuelito en chino ? Tá chochito.

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¨  ¿Como se dice señora en chino?
        Ya'ta usá

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¨ ¿Espejo en Japonés?
- AHI TOY..!!
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¨  ¿Qué les llega a las mujeres
una vez al mes y les dura tres días?
El sueldo del marido.

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Tomaron una foto sin FLASH y Flash se fue enojado.


************

¨     ¿Qué pregunta trascendental le hace una pulga a otra pulga?
¿Habrá vida en otros perros?

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¨    En el desierto, una serpiente le pregunta a la otra:
-Oye, Somos venenosas?
-Claro!, somos serpientes de cascabel, 
¿Porque lo preguntas?

-Es que me mordí la lengua!

**********

¨  Una vez un borracho en un bus le toca el busto a una mujer, y ésta muy enojada lo regaña:
-Maldito borracho, ¿por qué no pone la mano en otra parte?
-¡No me tiente, señora, no me tiente que ganas no me faltan!

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 A un borracho que estaba en una esquina se le acerca un policía y le pregunta:
- ¿Que hace usted aquí?
Y el borracho le contesta:
Es que veo a las casas dando vueltas y estoy esperando que pase la mía,  para no caminar mucho.



martes, 26 de enero de 2016

Todos somos “ricos”

Producir y dar, claves del éxito en la vida

La verdad es que todos somos RICOS en muchos campos y estamos llamados a distribuir a los demás nuestras riquezas, quienes a su vez deben hacer otro tanto con la riqueza individual que les ha correspondido

Muchas cosas buenas observó la boba en el bobo en aquel cuento y en aquel pueblo, según me contaban las reporteras informales, porque durante el noviazgo lo quiso cristianamente y lo cultivó con paciencia y bondad, hasta ser capaz de ponerle el lazo religioso frente al altar mayor de la Iglesia.
(Según los informes de la prensa no escrita el hombre estaba tan distraído
justamente en el instante trascendental del “Acepta a fulanita por esposa”, que la novia, algo alarmada, tuvo que darle un severo codazo para hacerlo volver a la realidad. El Padre muy comprensivo con el novio repitió entonces la consabida pregunta y fue cuando él dio una respuesta que se hizo famosa en toda la comarca y trascendió los tiempos: “¡Sí, Padre –dijo– siga diciendo que a mí me gustan todas esas ‘vainas’!” )

Pero ya fuera de chiste y hablando en serio, está comprobado que todos somos valiosos en muchos aspectos y que el progreso de una sociedad o de una empresa se basa en reconocer y dejar actuar las competencias del otro, sin envidias o recelos, primando el bien común y el desarrollo colectivo. Cuando alguien niega su aporte personal o entierra su riqueza interior o impide que los demás lo hagan, está contribuyendo culpablemente no sólo a su fracaso existencial, sino también está impulsando el empobrecimiento social al generar mezquindades y egoísmos morbosos.

A este respecto, hace poco los lecheros hicieron algo verdaderamente escandaloso. Por exceso de producción no pudieron vender toda la leche. Tampoco pudieron guardarla, no estimaron rentable para la industria regalarla siquiera, optaron más bien por botarla en las alcantarillas. (Los chicos acuñaron hace rato un término para este clase de tipos, los llaman precisamente “malas leches”.) Pero es algo parecido a lo que hacen algunas personas ricas no sólo con los bienes materiales, sino también con los bienes morales, intelectuales y virtuales. Se lo guardan todo, se engordan sólo ellos, como el rico Epulón, no comparten, dejan que se desperdicien sin beneficiar a nadie.

Volviendo al cuento de arriba, el supuesto bobo no era un rico heredero ni manejaba una hacienda ni siquiera un carro pirata. No ostentaba lógicamente un alto cociente intelectual, ni había sacado puntajes llamativos en la prueba Saber 11. Pero yo creo que era –para empezar– millonario en glóbulos rojos. O, como dice la canción, era rico en sentimientos y en cumplimiento. Le resultó trabajador a esa mujer afortunada, además de considerado, casero y –cosa de admirar– fiel. (Esas “vainas” sí no le gustaban) Tampoco era amigo de farras y de vicios. Tampoco le gustaban esas “vainas”. Y eso era lo importante para la recién casada: que él la amara, la respetara y estuviera dispuesto a vivir para ella, para el hogar, para los hijos. Tarea enorme para el hombre, por supuesto, porque ella era enorme, de esas mujeres como la suegra de Condorito que uno exclama, al verla: “mejor la visto pero no la mantengo, mejor la salto en vez de darle la vuelta”.


Cuando no se es bobo ni pobre en ese sentido de los amores se ostenta poder para darle sentido a la vida, se tiene valor para afrontar los desafíos y gracia para enriquecer el entorno.

Cuando yo pienso en los estudiantes se me rebota la sana envidia por cuanto ellos, aparte de tener una inmensa capacidad amatoria, son hábiles en muchos campos: Son creativos, emprendedores, no son bobos para nada. Y así sean algunos un poco locos en disciplina y en aplicación para los estudios, cuentan con el perfil perfecto para ser triunfadores.

Pero no basta tanta belleza, es preciso que asuman la conciencia de esa dignidad y obren en consecuencia. Que demuestren que tienen calidad humana, y que no es necesario sacudirlos y estrujarlos para que le administren al mundo las rentas de tantos bienes recibidos.

Mi madre –ya para terminar por hoy– allá en su finca mantenía un gallinero muy productivo. Las gallinas saraviadas eran, como dicen por ahí, las más “picadas” por su habilidad de poner huevos diariamente. No había necesidad de llorarles  para que cumplieran sus deberes naturales. Sin embargo, había otras gallinas un poco más lentas y rogadas a las cuales ella las suspendía de las patas palpándolas por allá, como una experta, para concluir : "Esta tiene huevo para mañana!” O en el peor de los casos, dictaminaba: “En cambio ésta NO tiene huevo!” Y lo trágico era que si la plumífera  persistía en no dar frutos, en no mostrar su producción interna, acababa en la olla, bailando fúnebre en el sancocho.

Una lección un poco dura para quienes todavía no somos conscientes de cuán valiosos y aportantes debemos ser para “la humanidad agobiada y doliente”. Ahí es, pues, donde se encuentra la clave de la activación de la vida: En producir y en dar.

Esas cosas y otras nos decía el profesor de religión y de Ética allá en mi Escuela primaria, varios siglos atrás. Me inspiraban personalmente tanto tales discursos que me transportaban en las alas de la distracción hasta el infinito (Y más allá). Por suerte, el compañero de al lado, cuando veía que el docente se acercaba, me codeaba fuerte despertándome. Descendía entonces del infinito para exclamar delante de mi inolvidable preceptor: "¡Profesor, Sí, sí, siga diciendo que a mi me gustan todas esas 'vainas'"

miércoles, 20 de enero de 2016

HUMOR Y FRASES MEDITABLES

· La dama insiste:
¿Por qué, papi, no nos vamos a vivir a un apartamento más caro?

En esas suena el teléfono y el señor responde. Luego cuelga y le dice a la señora:

Se cumplió tu deseo, mami. Viviremos en un apartamento más caro: 

¡Nos acaban de subir el arriendo!

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·        Estaba Venancio pintándose los dientes con esmalte de uñas blanco, en eso llega su mujer inteligente y le pregunta:

—¿Qué haces Venancio?

—Pues, poniendo esmalte en mis dientes Manolo, que más. No ves que el otro día compré una pasta de dientes y en la caja decía que los dientes con esmalte son más resistentes, y no entran caries.

—Ay Venancio, si serás bobo, cómo se te ocurre. Estás grave, no es con esmalte blanco, es con transparente para que se conserve el color original de tus dientes.

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·  ¿Cuál es el colmo de una botella?
Resfriarse, por dormir destapada.


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·    Una chica le pregunta al novio: 

—¿Qué te gusta más: mi belleza, mi sobrada inteligencia, mi modestia o algo más? 

Y el chico le contesta: Algo más: Tu sorprendente imaginación.



                                                       Meditables

·  Si quieres saber cómo será tu novia en el futuro, sólo tendrás que analizar a tu suegra.


· El hombre hace cualquier cosa con tal de hacer el amor, incluso enamorarse. La mujer hace cualquier cosa con tal de enamorarse, incluso hacer el amor.


· La felicidad no es un destino sino un camino.

· Detrás de una mujer fea, siempre hay una amiga linda.


· Las mujeres son como las busetas. Nunca hay que correr detrás de ellas. Mejor aguardas, porque siempre vendrá otra.

· La mujer se casa pensando que el hombre cambiará, el hombre se casa pensando que la mujer no cambiará. Ambos se equivocan.

· Nadie puede herirte sin tu consentimiento.

· Si no puedes cambiar el mundo, no dejes que el mundo te cambie a ti

 

 



miércoles, 21 de octubre de 2015

ORIGEN DEL APELLIDO RARO: "BOTELLO"

(Unidad investigativa Interlebprensa)

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Este no es un apellido como para burlarse imaginando que es un apodo o que está relacionado con la embotelladora de Santander, es, — muy por el contrario—,    un apellido ilustre de una familia fundada en el siglo XIV por don Alonso Tello de Meneses, hombre rico de Portugal, a quien por su caballerosidad y heroísmo lo llamaban “el buen Tello”, en portugués “Boo Tello”, de cuyas dos palabras se formó el bello apellido en cuestión.
Sus ramas se extendieron por España,  las islas Canarias y América. Los caballeros de este linaje se establecieron en el interior de Colombia, más que todo por los lados del hoy Norte de Santander, (Gramalote, Lourdes, Arboledas, Cúcuta), a mediados del siglo XVII.

Los miembros de este distinguido linaje vieron confirmada la hidalguía de su apellido en los diferentes estamentos nobiliarios y militares de Portugal y España.

Hoy día este noble linaje sigue extendiéndose por todas partes, dejando su huella como “buenos Tellos”, es decir “Botellos”, por su brillante pasado, su productivo presente y su prometedor futuro.




lunes, 12 de octubre de 2015

"¿Mil pesos nada más por un simple soplo?"

Por Lebb

El histórico relojero, con la maña propia de sus largos años de oficio, destapó el reloj, y tras observar con magia sabia las entrañas del mecanismo, tomó aire y sopló sobre los engranajes exactos...

Recuperó entonces su danzante vida la espiral; el áncora, su vaivén; el espíritu del viejo reloj su ritmo de antaño, revitalizando sus ancestrales rutinas. Mi padre, al contrario de ese mecanismo, se quedó sin cuerda, paralizado, admirado... 

Por fin pudo, tras segundos largos, quejarse por un cobro algo exagerado para ese tiempo:
"¿Mil pesos nada más por un simple soplo?"
A lo cual, el relojero, con visible desagrado, replicó con la seguridad de un profesional:

"¡No se cobra el simple soplo, (eso lo puede hacer cualquiera); sino el saber soplar donde se tiene que soplar! (Eso lo hacen pocos). Pero para eso hay que tener talento y, sobre todo,  estudiar."

"Además, -siguió diciendo con aires de predicador- saber soplar es arte divino: Dios sopló en la nariz del hombre y le dio 'aliento de vida' . El Maestro lo hizo sobre sus apóstoles y les trasmitió Espíritu. Y el profeta Ezequiel, en el valle de los huesos secos, rogó a Dios y éstos, tras un ruido, se juntaron formando cuerpos. Pero todavía no andaban como este reloj antes. Fue cuando sopló el espíritu sobre ellos y ellos revivieron. Debería cobrar más por mi 'soplo'".

Entonces mi padre, que era buena "paga", sacó la cartera y le canceló al viejo relojero.
Cuando ya estuvimos solos e íbamos camino a casa se volteó hacia nosotros todavía malhumorado y, apuntándonos con el índice repetidas veces, nos conminó: "!Ustedes también deben estudiar, porque ya se dieron cuenta, lo que hizo y dijo ese tipo. El que sabe se defiende. El que no sabe lo engañan. El que sabe "jode" Y al que no sabe lo "joden" (así lo dijo con esa palabra dura y grosera).

Ya por la noche, llegada la calma de la oscuridad, y con el ánimo en reposo nos aconsejó que no utilizáramos palabras groseras en nuestro hablar, -como él- para referirnos a personas o a las conductas de las mismas, porque eso habla muy mal de nuestra personalidad y, por ende, de nuestras obras.
"Si no lo creen -terminó diciéndonos- escuchen esta anécdota ocurrida en la pequeña iglesia de Pueblo viejo, (así se llamaba el pueblo donde estudié la dentistería" (Odontología):

Se arrodilló un feligrés compungido ante el cura a delatar sus pecados. Y en un momento dado, confesó:
"Me acuso, Padre, que digo cada rato la palabra "jediondo" al perro, al gato, a todo el mundo: "jedionda" le digo a mi mujer, jed...

"¡Detente, hijo mío, -le ordenó severamente el confesor, añadiendo de inmediato un piadoso disuasivo de fe:

"¡Hijo mío, cada vez que pronuncias esa horrísona palabra, el Ángel de la Guarda, al instante, se aleja de tu lado siete leguas".

El impresionable penitente abrió desmesuradamente los ojos espantado, sin poder controlar el comentario en voz alta, que sacó de sus meditaciones a los orantes del templo: "¡Ah, Jediondo, de rendirle!"

sábado, 10 de octubre de 2015

La "chinita" que atrapó al "chinito" mejor cotizado

Gracias a una "matica" (que no era tan matica) quien no era princesa logró persuadir al  príncipe bueno (que no era tan bueno), de que ella era la chica ideal para él y, sobre todo, la precisa para el Reino

Se cuenta que muy lejos en el tiempo y en la distancia, allá en la fabulosa China, un príncipe de la región norte del país estaba ya maduro para ser coronado rey; (nada que ver con ese otro "maduro" mal vecino). Pero que precisamente se había dilatado esa ceremonia porque el joven no cumplía con un pequeño detalle legal, a saber: "Debe estar casado". Él era el soltero más codiciado del continente, duro de atrapar, sin novia oficial, solamente contaba con buenas amigas o amigas buenas, pero que de ahí a comprometerse con cualquiera de ellas había una inmensidad.

 Entonces como China lo necesitaba rey y él no quería hacer reina a cualquier hija de vecina, resolvió, en un arranque de sagacidad soberana, convocar un "reality" (No estaban de moda en esa época, pero él como buen chino se lo inventó desde allá). Decidió proponer pues una competencia entre todas las muchachas de la corte, bonitas y feas,  ricas y pobres, tontas y listas, para ver quién sería digna de su propuesta matrimonial:
"Me casaré --anunció--con la pretendiente que sea capaz de resolver un desafío. Y estáis  (No era para nada  español, pero hablaba así con el "vosotros") estáis invitadas a una reunión especial para que conozcáis de qué se trata. No faltéis!"

Una buena mujer, empleada en el palacio hacía muchos años y ágil comunicadora, fue de inmediato a contárselo a su hija, una dulce virgen virtuosa de belleza infartante (recuerden que esto es puro cuento), quien desde hacía mucho rato profesaba un amor ardiente, secreto y soñoliento por el príncipe, tanto que se pasaba todas las noches ardiendo, secreteando y soñando con él. (No sé a qué horas dormía).

Micaela, nombre con el cual distinguimos a nuestra heroína, al oir de la madre la promoción imperial, brincó hasta el techo azuzada por la esperanza de poder al menos contemplar al príncipe en persona. (Es que la esperanza es como un resorte en la vida. Por eso fue que Tristancho, un vecino mío, se murió de desánimo. Lo abandonó la Esperanza. Ese era precisamente el nombre de su amor).

Dicen que la madre, al ver  a su hija tan entusiasmada y con un gran chichón en la cabeza, (es que del brinco se golpeó contra el techo), trató de disuadirla con palabras racionales, pero no insistió mucho. Tal vez porque allá en las entretelas de sus ambiciones vitales, le resultaba grato convertirse también en la suegra del futuro rey.

Llegado pues el día del concurso, nuestra chica Micaela se bañó y se perfumó como nunca. Se puso su vestido solemne y se fue de rapidez para el castillo. Una vez allí detalló,  con cierto aire de envidia y temor, a sus competidoras quienes conforme a sus trajes primorosos y sus físicos glamurosos (todo me sale en oso) estaban muy bien equipadas para quedarse con el chino mejor cotizado del imperio.

Para acortar el cuento voy a suspender los protocolos, los besamanos, los discursos y solamente les voy a repetir las palabras del príncipe, que dieron inicio al desafío nupcial: "Daré a cada una de vosotras una semilla. --les dijo a las aspirantes a casadas-- Aquella que me traiga la flor más bella dentro de tres meses será mi futura reina, la emperatriz de China" Cada una entonces recibió su respectiva semilla y todas de inmediato se fueron corriendo a sus comarcas a sembrarlas y a cuidarlas.

Cumplido el primer mes y, a pesar del amor y el santo esfuerzo de Micaela, pasó lo que no debía pasar. (O ¿sí debía pasar?): No nació ninguna flor. Ni fea ni bonita. Llegó el segundo mes: Tampoco, ni fea ni bonita. Y, al tercer mes, sólo había tierra en la maceta y un desengaño endiablado en el corazón de Micaela. Pero, aun así, la osada chica, sin terror al ridículo, se presentó el día señalado en el palacio con su tiesto de mera tierra mientras que, por el contrario, las otras pretendientes del mejor chino del mundo, habían llegado con flores espectaculares en finas macetas.

Cuando el príncipe se presentó en la sala para evaluar las competencias laborales de las doncellas, se quedó pasmado: nunca había visto tantas bellas flores juntas. (pretendientes y maticas). Sin embargo, emitió su fallo, rápido y seguro, después de revisar uno por uno los respectivos materos de las concursantes: "La ganadora es la dama de la flor invisible", dijo.

Creo que están creyendo que Micaela brincó hasta el cielo. Pero no es cierto. Porque ella se quedó petrificada, inmóvil, sin entender las causas del extraño veredicto. Y así como ella estaba también el público y el resto de doncellas.

Viendo entonces que la audiencia con los ojos y el silencio exigía una explicación, el chino príncipe levantó la voz y les explicó:
"Esta dama honorable fue la única que cultivó con sinceridad y amor la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor no está en la maceta, la flor es la honestidad y está en su corazón. Todas las semillas que entregué eran estériles. De tal manera que quienes trajeron flores están regando fuera del... (bueno, el principe no podía ser tan ordinario. Pero lo que quiso decir es que eran falsas. Y que en el imperio no había sitio para la corrupción, sino para la rectitud y el amor... (¡bonito discurso político!).

Y ahora sí, el final que nos gusta:
Micaela recobró la movilidad, las palpitaciones, todas las emociones y corrió entonces hacia el príncipe que la recibió con sonrisa, con amor instantáneo y los brazos abiertos. Se casaron muy pronto, se hicieron reyes, tuvieron hijos y fueron muy felices.

lunes, 7 de septiembre de 2015

HONOR Y PAZ EN LA TUMBA DE MI HUMORISTA FAVORITO

Por Lebb

Nuestro padre Marco Antonio Botello Uribe, hijo, -con orgullo para él–, de Gramalote, población amena del Norte de Santander, (destruída por la naturaleza y ahora en vía de resurrección), cumplió el pasado mes de julio, nueve años de eternidad, tras noventa y cinco años de trasegar por este mundo. (A él le encantaban estas palabras como “trasegar”, así su significado no se ajustaran mucho al dictamen del pequeño Larousse, del cual conservaba un vetusto ejemplar que ojeaba religiosamente con mucha frecuencia).

 Aparte de administrar con propiedad el lenguaje oral, también se dedicaba a redactar cartas o recuerdos con fervor admirable, a mano con su lapicero o "chuzando" con sus gruesos índices las teclas de su atronadora máquina de escribir. Gustaba de las tonadas románticas a pura voz o rasgando las cuerdas festivas del tiple. Al compás favorito de las cervezas, lo tramaban los versos de despecho.

Como fiel admirador del lenguaje florido y de sus autores, recitaba de memoria largas líneas inspiradas e incluso nos cantaba parte de las estrofas que alguna vez como conquistador entonó, bajo las ventanas de las mujeres de sus sueños.

   Pero indudable y definitivamente la parte más valiosa de su inmortal herencia espiritual, la constituyó su buen humor. Desde luego también fue serio, tuvo sus rabias, sus malas palabras y chinches en muchas ocasiones, –los Botello también heredamos eso–, como cualquier ser humano. Pero cuando se hallaba bueno y sano nos deleitaba con sus chistes recontados, con sus historias ya sabidas por el aire, sus cuentos, sus apuntes y bromas, unas veces relacionadas con su profesión de dentista o con el trato con sus amigos y vecinos.

Y fue allá en la finca del Edén, –la casa primera de mi padre–, tras la comida y a la luz trepidante de una lámpara de aceite, cuando la tradición forzaba a los ex comensales a conversar según sus antojos, a sacarle chiste incluso a las sombras, a gastar bonitamente el rato para no buscar tan temprano las esteras, fue desde allá entonces, por ausencia de luz eléctrica y por falta de otras entretenciones modernas, que nuestro padre grabó en su memoria buena parte de su repertorio.

De allá seguramente, cuando recién llegaba un automotor al pueblo, proviene el cuento de aquella señora que se entusiasmó a lo loco con ese aparato y hervía en ganas de montarse en él. Fue a la sazón cuando empezaron a circular los términos de chofer, de carro, palanca de cambios y de todas esas nuevas palabras que muchos escuchaban pero ni sabían cómo manejarlas. Entonces la señora en mención, –claro que mejor lo contaba mi padre– llegó tan exaltada al parque principal del pueblo, gritando: “¡Quiero montar en el chofer!” Seguramente el bendito chofer no se burló de ella, sino que más bien le explicó lo uno y lo otro y encima la dejó montar en el carro y se la llevó a dar una vuelta.

Pero al caudal del río de leyendas urbanas y silvestres, Marbolleán, como solía firmar sus escritos, lo iba acrecentando con sus propias vivencias. Por ejemplo, una vez fue acusado de agredir  al  sastre del pueblo y por tal motivo el alcalde lo citó a explicar su conducta.  A la citación se presentó con un tal Calixto Moros,  compañero de farra, medianamente letrado y sin pelos en la boca. En la audiencia  se acaloraron los ánimos y don Calixto no dejaba de hostigar a la parte acusadora. Fue entonces cuando el alcalde, en funciones de juez, a falta de martillo, palmoteó sonoramente la mesa y le impuso una multa de diez pesos –cifra respetable para la época– al improvisado abogado defensor de mi padre. Don Calixto, con sorna y dignidad postiza, sacó dinero de la cartera y alzando aún más la voz, dijo: “¡Aquí  tiene los diez pesos de la multa. Y aquí tiene otros diez pesos más, para que me deje seguir hablando!”

A nuestro padre lo entusiasmó tanto la actitud fogosa de su defensor, su palabra rápida y certera que de él nos dejó otros cuentos, como aquel cuando a su tienda del pueblo irrumpió con una pistola oxidada un mala paga resuelto a saldar una vieja deuda con su acreedor, no precisamente con billete sino con plomo. Como no era de imaginarse, el arma del desafiante había estado dormida mucho tiempo. Lo suficiente como para que la humedad pusiera óxido en sus entrañas. Resultó entonces que, tras ser accionada repetidas veces apuntando hacia el tendero, no disparó un solo tiro. Ante lo cual, don Calixto, imperturbable y pausado, extrajo de debajo del mostrador un revolver de cañón largo, usado mucho tiempo atrás en añejas batallas que ni la empuñadura desgastada recordaba. Encañonándo al mal pagador y mal disparador, con fingida pero creíble mirada asesina, le gritó en la cara: “Este sí prende”.

En verdad, no existían en la mente del bondadoso Calixto Moros intenciones criminales  de querer mandar a ese fulano al barrio de los acostados. Más bien, inclinando el arma, le hizo varios disparos alrededor de sus alpargatas. Santo remedio: el tipo aterrorizado bailó un rato antes de salir despavorido de la tienda. Poco tiempo después regresó al mostrador, no altanero, sino humilde y contrito, a pagar la deuda casi sin mentar palabra. Sus chocatos, otrora bailarines al son del plomo, no volvieron ni siquiera a pisar el fique del tapete de bienvenida. No podía ser de otra manera.

EL MEJOR RESTAURANTE FRACASA SI LOS COMENSALES SE PRESENTAN SIN HAMBRE

¿Estarán o estaremos en el lugar equivocado?


 Por Lebb

Puede resultar paradójico que un establecimiento de categoría y gran calidad en la preparación de los alimentos para la más variada y numerosa clientela se encontrara ante el problema tan absurdo como chocante de que algunos comensales se sentaran a la mesa sin apetito, sin gusto por ningún plato del menú y, encima de eso, se pusieran a jugar con las servilletas, a botar la sal, a engrudar la mesa con las salsas y a sabotear, de ribete, a los vecinos que sí se encuentran con hambre.

Si bien no es fácil encontrar clientes con ese tipo de conflicto estomacal, porque, aunque los haya, simplemente optan por no aparecerse en los restaurantes a exigir un plato para, como tontos, pagar y dejarlo.

 Pero trasladando el caso, a manera de una parábola evangélica, del restaurante, al colegio que ofrece la comida para la mente, los valores para el espíritu, las vitaminas para el cerebro, nos encontramos de frente con un problema gigantesco de ese tipo, ilógico y chocante: muchos de nuestros comensales que se sientan en nuestras mesas, frente al Menú académico y formativo, se muestran sin hambre y con pulgas en el cuerpo. Y, como propina, algunos de ellos, para no aburrirse, se ponen a jugar con los otros comensales, a sabotear el menú y a no dejar “comer” a quienes naturalmente vienen con esas intenciones.

 Si el caso se presentara en un restaurante corriente, a lo mejor el dueño, sin asumir el esfuerzo de persuadirlos de que sean buenos, como lo hace la mamá con sus críos inapetentes y rebeldes, que los “paladea” para que se tomen la sopa, simplemente llama a la policía para que saque del local a tan raros revoltosos.

 Una política en tal sentido, al interior de nuestras instituciones, lógicamente, no es la más recomendable por cuanto con ello no sólo estaríamos corriendo clientes necesarios para sostener la empresa educativa, sino que también estaríamos arriesgando nuestra vocación de formadores y dejando serias dudas sobre la competencia pedagógica. 

La única alternativa permisible es la de no sólo atender “la preparación de los platos” -los planes de estudio y demás quehaceres académicos-,  sino la de buscar la medicina para su anorexia estudiantil; o el tratamiento respectivo para que acudan al instituto como al lugar indicado donde encuentra complacencia para todos sus justos apetitos humanos e intelectuales. E incluso llegar hasta inventarse formas para que creen sentido a su vida y objetivos para sus energías existenciales. 

Las acciones encaminadas a despertar sus fibras del deseo por el aprendizaje o la pasión por su realización personal, han de ser frutos de la inventiva, y de la misión de todos los comprometidos en la empresa educativa. Pero, no bastan los discursos y los sermones. Ya no son suficientes las letanías tradicionales ensalzando las bondades de la virtud y de la ciencia. Muchos de nuestros jóvenes, merced a su inteligencia y vivacidad, aspiran a que les mostremos y los convenzamos de las maneras más satisfactorias de encauzar sus energías abundantes. 

Pero puede ser que ellos hayan venido al lugar equivocado donde no se les enciende el fuego del perfeccionamiento personal ni se les dá pábulo a sus ideales apetencias personales. O puede ser que nosotros, por falta de mejor preparación o de vocación pertinente, como les pasa a muchos ministros ungidos, no estemos en el sitio apropiado donde nuestras competencias laborales sean productivas y redentoras.