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sábado, 22 de agosto de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (CAPITULO 15)



En esta oportunidad el pensionado se remontó a  recuerdos añejos del año 2004, entre ellos, un reinado ecológico en el colegio Llano Grande de Girón, la muerte trágica de un exalumno y la visita de los inspectores de la Secretaría de Educación



 Y otro, de cuando cursaba su sexto grado en Pamplona, en el colegio Provincial; y un cazador de vocaciones lo convenció de irse a estudiar para ser cura redentorista en el seminario de La Mata, (san Alfonso, ahora, en Piedecuesta)

He aquí  —para quienes se preguntan qué estarán haciendo ahora los pensionados—, una pequeña muestra gráfica de la añoranza lagrimal que pueden experimentar cómodos en sus sillones: ya no tienen chicos que los asedien, charlando, riendo, haciendo preguntas... siendo interesantes en medio de ellos.
Pero no crean que sólo se dedican a la nostalgia, a mirar retratos amarillentos, a soñar en reversa, también echan hacia adelante en pos de otras complacencias e intereses.
Su carrera terrenal aún está vigente.

De nuevo el pensionado voló con su imaginación a otra época de su vida laboral, como docente del colegio Llano Grande, hacia el año 2004, imaginando que entraba al colegio llevando dos bolsas de plástico repletas de ejemplares de la edición 33 de su producción periodística que entonces tenía el nombre de Informativo Lebbdel cual se produjeron y difundieron un total de 65 ediciones, para ofrecerlos en los salones con la esperanza de que los alumnos los adquirieran. 

Era consciente de que iría a encontrar obstáculos en su empeño porque había profesores que no les gustaba que les interrumpieran las clases o les causaran indisciplina en los salones, o que la rectora Ligia mostrara oposición porque los iba a vender. Ella, muy receptiva de las inquietudes de la comunidad, había oído lamentos de los padres de familia y de algunos profesores, (se agregaría al grupo opositor después una pomposa dirigente sindical), que los niños —sobre todo los de los cursos de abajo— botaban el dinero de la media mañana comprando ese tal periódico escolar en lugar de llenarse el estómago con gaseosa y empanada. Y eso era inaceptable para ellos, porque tenía prelación, naturalmente para ellos, el bienestar corporal de los educandos. 

Pero aun así con algo de rebeldía y desobediencia, el pensionado se presentaba en los salones, como en esta ocasión, pidiendo el respectivo beneplácito del profesor de turno, (unos risueños, y otros serios lo dejaban entrar), luego procedía a pregonar, como vendedor ambulante, que traía las últimas noticias impactantes del colegio como el reinado ecológico, las fotos de las agraciadas reinas y representantes de las diversas sedes. Hacía notar que al lado de tantos encantos femeninos, la publicación destacaba la muerte violenta de Jaime Diaz, un exalumno que había sido forzosamente retirado el año anterior por faltas graves contra el manual de convivencia del colegio.
Nota en el Informativo Lebb33 de la época

Se había quedado entonces el año 2004 sin estudiar, desorientado y sin apoyo, decepcionado de todo, sin nada que hacer con su vida. Situación que habría precipitado su decisión fatal. Recordaba entonces a la coordinadora Gilma que lamentó profundamente el suceso y el no haber tratado, a nivel de colegio, con más inteligencia e interés humano el caso de Jaime Diaz. El tema preocupaba a muchos porque de donde venía el pensionado también habían ocurrido varios suicidios de estudiantes que no le hallaron atractivo ni sentido a su vida. Y, de hecho, años más adelante, ocurrirían en el colegio otros dos sensibles fallecimientos de estudiantes bajo esa modalidad del suicidio. De ahí la razón de incluir, en esa edición del Informativo 33 el artículo El suicidio de ex alumnos nos compete. Pensaba al igual que sus colegas Gilma y de Oris —había había matriarcado entonces en el colegio, las mujeres mandaban que ese delicado tema debería ser de forzosa inclusión en los planes académicos, en los esfuerzos de orientación escolar e incluso debería despertar vivo interés filosófico en el proyecto educativo institucional. De hecho, el pensionado volvería repetidas veces sobre esa funesta realidad, como lo demostraría después en un artículo de El Observador 40, consignado en uno de sus blogs:  La tragedia

(Acceso gratis a toda la versión original de esa edición del Informativo, haciendo click en el siguiente link: Informativo Lebb 33 )

Recordaba asimismo el pensionado cómo estuvieron un tanto estresados los profesores y las directivas la primera semana de ese noviembre de 2004, debido a la visita fiscalizadora de los inspectores de la Secretaría de Educación, en las personas de Don Segundo Forero y de la legendaria Ana Lucy Villamizar. 

Por fortuna, la visita terminó con fotos de satisfacción y celebración, y con las obligatorias y tradicionales promesas de mejoramiento institucional. Por alguna razón desconocida no prosperó el bautismo con el nuevo nombre de Isaías Duarte Cansino para el colegio. Siguió con el mismo nombre de pila que escogieron sus fundadores. 
Galería histórica de las bien bellas de aquel 2004

Después de recordar que la venta del periódico, en esa ocasión como en muchas otras no le produjo un superávit de ganancias y de satisfacción, tampoco fue motivo para arrojar por la borda su carrera de periodista escolar aficionado. Volvería a insistir una y otra vez, publicando hasta el final, hasta cuando lo declararan insubsistente y más allá.

Recordaba entonces, que al pasar por la reja del patio, con las bolsas casi ya vacías, cuando ya los alumnos rápidamente se habían marchado para sus casas, se había encaminado hacia su desajustado Renault 6 y, tras cerrar la puerta del conductor con cuidado, no fuera a desprenderse de las bisagras, emprendió su propio regreso a casa. No logra precisar si con él se animaba a viajar alguno de sus colegas. Eran tiempos muy difíciles para los vehículos particulares por el pésimo estado de la vía. Pero aún así, varios profesores tenían vehículo y los estudiantes disponían de algunos buses. Don Gerardo, un experimentado y constante conductor, iba y venía con su buseta llevando lugareños y profesores por una vía alterna llamada Corregidor. Durante muchos años, recuerda el pensionado, prestó un invaluable servicio a la comunidad que se le agradecerá por siempre. El pensionado lo recordará con admiración y gratitud por siempre.

Y así como se recuerda y agradece a los que no son de la familia, por el hecho de que han intervenido positivamente en su historia, el pensionado también evocaría con asombrosa nitidez a su hermano mayor.
  
"Todos iríamos a recordar al hermano mayor, confiesa el pensionado— no sólo por lo dicho de él anteriormente, sino también por otros aspectos no menos significativos de su vida. Como por ejemplo, por ser un jugador entusiasta, así no le gustara perder. Por ser ciclista de alto rendimiento, mecánico virtuoso, arregla todo, motociclista habilidoso de ciudad y carretera, excursionista, abnegado profesor, grato vecino, líder scout siempre listo, que le atraían las grandes caminatas y los campamentos. El catalogo de sus atributos fue largo. Por ejemplo era hábil en electrónica, genio en fotografía, (Dejó una gran colección fotográfica, retratando, en blanco y negro, con su cámara de fuelle, aspectos familiares, de su entorno y de las actividades que protagonizaba con gusto y sonrisa.
Foto clásica de la familia, gracias a Enrique, el hermano  mayor, con su cámara de fuelle
y temporizador. De izquierda a derecha, arriba: Jesús, Alirio, Enrique, Ihlia, Mario. Abajo,
sentados: Eduardo, don Marcos, doña Alejandrina, Yolanda 
Desempeñaba con eficiencia su papel de hermano mayor, contando con la autoridad y el favor del papá y de la mama, tanto que el hermano Alirio que lo seguía en edad lo apodaba, "Juanchito", con indicios de celos, (como tachándolo de "consentido"). Ya retirado del seminario, casado y con hijos, revelaría otra de sus nobles facetas como esposo ejemplar y padre consagrado de tres hijos. 

Regresando a la vida del pensionado, al igual que al chico del cuento, a él también le llegaría la pregunta de qué quieres ser y hacer con la vida, no venida del diablo, por supuesto, sino de un sacerdote que como encantador de vocaciones, visitaba los colegios reclutando jóvenes que  manifestaban sentirse atraídos por el ministerio sacerdotal. Fue él, quien, presentándose en el aula y, tras una intervención muy persuasiva, remató con esa misma interrogación: 

"¿Qué quieren hacer con su vida?"

Estaba concluyendo el pensionado, con muy buenas notas y prestigio académico, el sexto año de bachillerato, en el colegio Provincial de Pamplona. El fornido padre cazador de vocaciones, en cuestión, terminaría por convencerlo de que ingresara al recién inaugurado seminario de la Mata de los padres redentoristas en Piedecuesta, que estaba en sus primeras etapas de construcción. A partir de ahí comenzarían los preparativos para su gran experiencia de salir de casa, por primera vez.  

Y, efectivamente, hacia el año 68, entró de interno en el seminario de La Mata, (Así lo llamaban, como la vereda donde estaba ubicado), en medio de una enorme expectativa por parte, tanto de los padres superiores, como por el lado de sus nuevos compañeros de curso. El pensionado llegaba como alumno nuevo precedido pues de gran estatus académico, por haber sido integrante de la terna de los mejores alumnos de primero de bachillerato, como se llama ahora al grado sexto, del célebre colegio provincial, san José de Pamplona. 

El día de su llegada, estaban haciendo dos filas los estudiantes del seminario frente a la capilla. Al lado  estaba ubicada una casona donde se hallaban los dormitorios y otras dependencias. Se distanciaron un poco las filas, los estudiantes dieron media vuelta para hacerle calle de honor. Y lo ovacionaron al pasar por el medio, con aplausos y frases de bienvenida, lejos de imaginar que el pensionado los iba a defraudar a los pocos meses. 

Suponían y ansiaban que le arrebataría el primer puesto a un tal Albarracín, el genio del colegio, en el momento, el cual, —dirían los informantes—, empezaría a mirarlo con venia y respeto, temiendo por su vida exitosa  y prestigio en el terreno académico. 

Al respecto, un simpatizante momentáneo del recién llegado, predijo mal y con ironía: "¡Este Albarracín no sabe lo que le va por la pierna arriba!" 

jueves, 20 de agosto de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (CAPITULO 14)

 En esta ocasión el pensionado se remontó a varios recuerdos enriquecedores, entre ellos, (uno en la finca de El Edén), escuchando de su padre el relato del joven campesino y su pacto con el diablo) 

Y otro, más adelante en el tiempo, cuando asiste a sus primeras intenciones de llegar al altar... como cura, en el naciente seminario redentorista de La Mata, ahora, san Alfonso, en Piedecuesta


13. LA FRUSTACIÓN DE LOS CARBONES 

Y LOS PRIMEROS ANTOJOS VOCACIONALES


Desde allá, —como escribíamos antes—, desde la finca del Edén, en el Gramalote antiguo, el pensionado, la madre y sus hermanos, comenzaron a deleitarse con los dones narrativos del jefe de la familia, don Marcos, bien en torno a la mesa, listos a saborear un chocolate espeso, con pan y queso manufacturados en casa, a la luz palpitante de una lámpara de aceite; o bien, afuera, en uno de los corredores de la finca, expuestos al amor fresco del atardecer.

Era entonces el momento afortunado para que los ex comensales, a fin de burlar el aburrimiento y no irse prematuramente a la dureza de las esteras, dieran vuelo a la costumbre de conversar según sus antojos, de poner atención a las historias o de buscarle incluso juego e ingenio a las sombras y a las siluetas temblorosas proyectadas por las velas en los muros. Gustoso momento hogareño para gastar bromas y pasarla bonito en buena compañía. Fue desde allá entonces, por ausencia de luz eléctrica, de radio o televisión y de otras distracciones modernas, que el pensionado empezó jocosamente a capitalizar la sección humorística de sus memorias.  

Recién comenzaba a hablar, todos le lanzaban una mirada de distinción como a patriarca de la narrativa, de memoria sorprendente y estilo jovial, que se carcajeaba con ganas hasta de sus propios chistes. 

"Entonces aquella noche –comenzó diciendo el cuentero– en un monte muy retirado de aquí, bajo el medio resplandor de la luna, se le apareció a un joven llamado Juan el mismo diablo, tal como lo describe la imaginación popular, como un ser alto, de facciones aterradoras, huesudo, de piel bronceada, y con el par de alas deshechas de ángel caído. 

"El chico que se jactaba de no tenerle miedo a nada ni a nadie, incluso exigía que lo llamaran como al héroe del oeste, Juan Sin Miedohabía criado fama de perezoso para todo, y de negado según el boletín de la escuelapara el estudio. Sin embargo, se había empecinado en ir hasta ese lugar, (eso sí no le daba pereza) a invocar al diablo, noche tras noche, con insistencia y devoción, dizque para proponerle al jefe del averno un negocio, o como lo llaman con propiedad, para hacer un pacto con él, a fin de obtener tres deseos instantáneos por el precio de su alma: oro en abundancia, poder y placer de por vida. 

"Las lenguas inventonas de la comarca lo habían convencido de que en ese monte aterrador, no sólo habitaban almas en pena y espíritus errantes, sino que también hacía presencia allí el mismísimo demonio, siempre y cuando alguien lo invocara con obstinación, hacia las doce de la noche. Y en esta media noche del cuento, por fin, ocurrió el 'milagro' satánico, gracias a los ruegos porfiados del tal Juan Sin miedo: Se le presentó pues, de la nada el diablo, en medio de estrepitosas llamaradas que despedían un terrible olor a azufre. 

"Una vez al frente suyo, esa figura bronceada y flacuchenta le preguntó con voz cavernosa:

 "¿Me quieres, muchacho? Y él, aunque estaba asustado, lo disimuló—y, aguantándose las ganas de salir despavorido, le contestó:

"¡Claro que sí"  

"¿Para qué me quieres? Preguntó de nuevo el diablo.

"¡Quiero tener mucho oro, placer y ser poderoso en este mundo!" 

"¡Ah, conque esas tenemos, jovencito! —Continuó diciéndole el diablo, con ironía y prepotencia— ¿Para eso no más me quieres y estabas buscándome? Es eso todo lo que quieres tener y ser en tu vida? ¿Riqueza, placer y poder?" —Y sin esperar réplica, empezó a dar vueltas en torno suyo, mirándolo de arriba abajo, convenciéndose a si mismo: "¡Este chico es un buen candidato para rostizar en las llamas eternas!"

"Fue entonces cuando, tras hacerle prometer fidelidad a su nombre y vida eterna con él, le mandó que cerrara los ojos unos instantes. Luego, recibió la orden de abrirlos. Fue cuando ambos se encontraron ante una enorme montaña de infinitos carbones tan negros como jamás se habían visto en la tierra. El muchacho por lógica natural se sintió bastante desilusionado, porque lo que estaba esperando era otra cosa."

"Pero se abstuvo de reclamarle o de mostrarle su desilusión, porque bien sabía que estaba tratando con un ser poderoso con fama de malas pulgas. Optó entonces por bajar la vista resignado, hacia los carbones cercanos a sus pies aguardando la explicación del diablo o su siguiente jugada".

Pero el diablo nunca es claro en sus intenciones. Menos en esa ocasión. Simplemente le exigió que se arrodillara a recoger todos los carbones que bien quisiera y los guardara en los bolsillos del pantalón. Con la pereza que lo caracterizaba, con el asco que le era propio, con el mal genio que había nacido con él, recogió murmurando poco menos de tres carbones diminutos. Volviéndose al demonio se atrevió a comentarle en tono de desencanto, que definitivamente no había nacido para ser carbonero. 

"El diablo no le contestó nada, no lo regañó, ni lo motivó a recoger más carbones: pero, para sus adentros, se dijo que esa actitud estúpida del chico era genial para un futuro habitante de sus infiernos. Acto seguido, le ordenó nuevamente que cerrara los ojos y esperara un rato antes de abrirlos otra vez.  Pasado un buen rato, al abrirlos, contempló el paisaje nocturno como si nada hubiera pasado. La media luna brillante, seguía campante arriba del cielo esparciendo sus rayos de plata por todas partes.

"Acordándose de lo sucedido, rápidamente introdujo las manos en sus bolsillos para revisar si estaban ahí los sucios carbones que había recogido o, si por el contrario, se lo había imaginado todo. Se percató, consternado que no estaban allí los insignificantes carbones, sino que en su lugar se habían convertido en piedritas de oro, conservando su mismo tamaño".

"Fue entonces cuando pegó el grito más dolido y feroz que ser humano haya escuchado alguna vez:

 "¡Malaya!, ––su chillido llegó hasta el cielo––  malaya, no haber echado más carbones al bolsillo!".

Aquí estallaron no sólo las risas del narrador, al cual le pareció muy gracioso el chasco del muchacho, sino también se sumaron las opiniones por montón del auditorio. Muchos comentaban si realmente el pacto se cumplió, si el diablo lo engañó, de si Juan, después de morirse, tendría que irse para el infierno; de qué tendría que hacer el muchacho para deshacer los efectos del pacto, etc.

La que sí intervino fue la madre, ––una vez acalladas las voces–– para ocuparse de una de las moralejas del cuento. Recuerda el pensionado que ella las convertía en lecciones religiosas para que sus hijos se encaminaran por las sendas de la virtud y del trabajo honesto. Con el "¡Malaya!" del muchacho, por ejemplo, procuraría inculcarles la lección de no dejar pasar jamás las oportunidades sin aprovecharlas, ya que no abundan en la vida. El muchacho de la historia insistía doña Alejarepresenta el modelo negativo, —que se debe rechazar como una peste— por su pereza, por su repulsa hacia el trabajo y por su mal carácter. Al igual que los supuestos pactos con el diablo, los cuales consideraba meros recursos lingüísticos para darles mayor interés a ese tipo de cuentos de horror que podrían usarse para moralizar y consolidar la verdadera fe en el Dios cristiano.

Esas lecciones y la piedad que la madre mostraba las tendría bien en cuenta el pensionado, que lejos de estar considerando pactos maléficos con el diablo o con el mundo, estaría más bien dispuesto en su corazón a encauzar su vida por sendas religiosas, más que por caminos profanos. También había forjado esa decisión la influencia de su hermano mayor, que no solamente los preparaba a él y a sus hermanos menores, para cantar villancicos, personificando pastorcitos, delante de los pesebres del vecindario en las novenas de Navidad, sino que también velaba por sus buenos modales cristianos. 

En verdad, la vocación a la vida sacerdotal de su hermano mayor, que no llegó a cristalizarse, encendió la suya débilmente allá en su interior, porque aquél manifestaba a través de su forma de ser y de sus obras que tal ideal era digno de seguir.  Al pensionado y a sus hermanos, el entonces seminarista, los granjeaba con pequeños regalos en las fechas especiales, (casitas e iglesias de cartón para armar, ovejitas, pastorcitos de caucho, una pequeña coca de madera que todavía conserva).También contribuiría al incremento de su gusto vocacional, ese empeño suyo de darles clases de canto utilizando pequeños cuadernos diseñados por él donde recopilaba multitud de canciones que todavía se recuerdan como:

¡Matemos el pollo, matémoslo ya, 
Nunca más dirá, Ko ko ri, ko ko ra…!”

"Soy pirata y navego en los mares, 
donde todos respetan mi voz...", 

"¡Pasó ya el crudo invierno, 
y con él pasaste tú, 
y a Mayo ya retorna 
el canto del cucú!", 

"¡Tengo un carrito que se llama Pichirilo...", Pichirilo, canción

"¡Pobre Tom, pobre Tom, pobre tonto, pobre tonto, pobre Tom!"...

sábado, 1 de agosto de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (Capítulo 13)

Noticia publicada en El Observador 3
En esta ocasión se remontó a varios recuerdos emotivos, entre ellos, (uno de Llano Grande), el de la triste partida de su compañera Cecilia Salas, año 2009. 

Y otro, más atrás en el tiempo, cuando con su padre y hermanos, frecuentaba la idílica finca del Edén

13. DESPEDIDA LUCTUOSA Y BENDITO EDÉN

Parece que con el brindis de aquella despedida docente, se inauguraron para el pensionado las olimpiadas de sus más selectos recuerdos existenciales. Y en esta ocasión, se fue hasta el primer día de agosto de 2009, cuando se conoció la noticia de la muerte de su compañera de docencia, Ana Cecilia Salas, gran amiga y benefactora de su proyecto editorial InterLebprensa. Cuando redactaba el editorial de su Observador 3 llegaba a su imaginación aquella típica sonrisa suya, moderada y dudosa, asociada a la actitud del sabio que no responde sino lo preciso. Entraba a su laboratorio, (que ahora es la sala de profesores), a saludarla y a comentarle lo que estaba escribiendo y ella, suspendiendo su quehacer, escuchaba sus palabras y hasta celebraba sus publicaciones. Sobre todo, aquella de la “cátedra oculta” de la cual lo invitó a sacar copias para los compañeros. (Sobre la cátedra oculta acceso directo).

"Y cuando emprendí la idea de editar el Informativo Lebb, ––escribía entonces el pensionado–– fue la primera en felicitarme, pasando a ser una especie de “admiradora” en el mejor sentido de la palabra, porque cuando llegaba al laboratorio, donde se amañaba bastante, suspendía buenamente sus clases o sus experimentos para dejarme el espacio durante el cual le hacía la publicidad a los Interlebs, a los Informativos o al periódico El nuevo colegial, vendiendo bastantes ejemplares. Cuando nos inventamos el cuento de “accionistas culturales” para sostener el proyecto periodístico estuvo entre las más fieles y cumplidas en sus aportes de dinero. Incluso ella misma se ofrecía para hacer de distribuidora autorizada de las diferentes publicaciones".

EL OBSERVADOR TRES (Acceso directo exclusivo a la edición original)


Apunte luctuoso, registrado en el periódico El Observador 3, en agosto de ese año

"Es entonces preciso reconocer ahora ––continuaba redactando el pensionado en su editorial–– que he perdido una de mis mejores amigas y una de mis grandes modelos morales. Sin embargo, con el duelo de su partida nace, no una sensación de melancolía y vacío opresor, sino un estímulo de vida y de trabajo para continuar mejor la obra.  Supongo que la mejor herencia que nos legó fue la del aprecio máximo por la vida y la del compromiso de aprovecharla cumpliendo cabalmente nuestro papel humano en el mundo. Esa es también la mejor forma de mencionarla y de honrar su memoria. ¡Paz en su tumba!"

Compartiendo su último almuerzo con la familia
y compañeros, dos meses antes de su fallecimiento
El pensionado recuerda su trato bondadoso y apacible, su manera prudente de tratar los asuntos de sus alumnos y de su hogar. Y recuerda cuando fueron, con la señora Ligia y ella, al diplomado de Salud y bienestar en la universidad Industrial, experiencia extraordinaria que siempre recordarían los tres con mucho provecho y gusto.

El pensionado también adoptaría la justa costumbre, durante su enfermedad, de ir a visitarla de seguido a su casa del Carrizal a fin de enterarse de la evolución de su tratamiento.

Cecilia, por su parte, a pesar de la dureza de los procedimientos médicos y de las escasas esperanzas de vida que le daban, mantendría el buen ánimo y la esperanza indefectible de recuperarse de su enfermedad para volver a su rutina en la casa y al grato ejercicio de su cátedra de Química en el colegio. Sin embargo, el cáncer abrasivo, sin piedad y con terrible rapidez, fue devastando su vida hasta límites indecibles. 

Intentó esbozar una leve
sonrisa, a modo de despedida
Se le quedó grabada al pensionado, como impronta, su última imagen, en su visita final, en Girón, en casa de un familiar suyo, yaciendo en su mecedora, al lado de su hijo mayor que la contemplaba desconcertado. Desfigurada por el extremo padecer, hizo el intento de dibujar con sus labios ya silenciados, una leve sonrisa, tal vez como despedida, pero sin conseguirlo. Entendió el pensionado entonces que la muerte de los mártires es admirable y que obligatoriamente su ejemplo perdura como una herencia inmaterial, de la cual uno debe sacar lecciones para vivir mejor y agradecidos. Y, de hecho, aquel día, antes de marcharse de su presencia, el pensionado, guardando silencio por respeto a su dolorbendijo y dio gracias desde su corazón a su compañera Ana Cecilia, por los años que habían compartido como colegas y amigos, con la certeza de que nadie mejor que ella se merecía un posgrado del Cielo.

Herencia similar han sido también para el apesadumbrado pensionado en ese entonces, los resabios cuenteros de su padre, que comenzaron, cuando estaba apenas estrenando el uso de su razón, allá en los ocasos poéticos de la hacienda de El Edén, en torno a una mesa rústica con tazas encima, de aguapanela humeante, escoltadas por abundante pan y queso. Allí, pues, en esa cocina, ennegrecida por el hollín abundante de los tizones, iluminada humildemente por los parpadeos de una elevada lámpara de aceite, comenzarían sus sesiones de narrar cuentos y anécdotas con el propósito brillante de combatir el aburrimiento, de quemar sanamente el tiempo y de evitar buscar demasiado temprano las esteras.

Las tías del pensionado, Josefa y Margarita, en El Edén
El pensionado, cuya familia ocupaba una casa a dos cuadras del parque, tras una gran subida, solía emprender la caminata hacia la finca, con su padre y algunos hermanos, finca extensa a más de hora y media desde el Gramalote antiguo, ascendiendo bastante, hasta que el frío empezaba a metérseles en sus huesos cansados. Una vez allí, en la estancia campestre, se seguía una especie de programa de animación turística, como, por ejemplo, ir a visitar los potreros bajo el pretexto de aprender a ordeñar las vacas, pero con la intención gustosa de tomar leche caliente recién extraída de sus depósitos originales. También la programación incluía ir de vagos a inspeccionar los patios de viejo cemento donde se desparramaban los pergaminos del café para que se broncearan antes de pasar al trillado y luego al tiesto. El pensionado, por su lado, dejando de observar las pepas, se quedaba con rara curiosidad, sentado en las bardas del patio, atisbando la marcha ceremoniosa de los diminutos ciempiés. Luego los alzaba de allí para colocarlos allá, ahorrándoles camino; o los transportaba ––¡oh, perversión!–– hasta sus rodillas para que sus cien paticas experimentaran otro tipo de terreno sensual más blando. Revisaba además, con ojos cariñosos, como de enamorado, las robustas y coloridas hortensias, los novios, azaleas y azucenas que cabeceaban con el viento alrededor del patio. 

Muchos años después, en el noviciado salesiano, el padre maestro Ildefonso Gil, les pediría a sus discípulos con ganas primerizas de ser curas, ––entre los cuales se encontraba el pensionado–– que escribieran sobre sus manías sospechosas cuando eran niños; y él entonces describiría este asunto de los ciempiés, con tal esmero y gracia, que dejaría impresionado a ese santo varón hasta tal punto que, tras su original análisis del texto, terminaría diciéndole al final una de las frases que grabaría celosamente en su galería cerebral, como reliquia. Le dijo: "¡Tú tienes grandes habilidades narrativas! ¡Naciste para ser escritor!" (El pensionado tiene muchos motivos para jamás olvidar a su maestro del noviciado, pero, por ese apunte, será para él un venerado profeta).

La guía campestre de El Edén, también incluía pasar por sitios agrestes a recoger tunas y a sobarlas para que aprendieran a ser brillantes y comestibles, operación alimenticia que sería una especie de ceremonia para los recolectores, sentados alegres en alguna piedra o montículo del paisaje.
 
Podrían asimismo presentarse de fisgones en el mesón donde la tía Josefa trituraba diestramente, con una gran piedra redonda, la cuajada fresca para embutirla en unos moldes circulares. Definitivamente los visitantes allí no se aburrían, porque también podían, mientras el sol estaba vivo, sondear el cielo inmenso y azul por donde surcaban aves lejanas y lentas, a las cuales había que enumerar y preguntar por sus nombres. Las tijeretas, con su cola bifurcada, alegraban la atención del pensionado, mientras la pericia de los cuervos para volar lo dejaban con la boca abierta.

El atuendo corriente
del pensionado, cuando 
visitaba El Edén
La tía Josefa, que no era muy efusiva ni locuaz y, de paso, oía con interferencia, abandonaba de cuando en cuando sus labores queseras para reunirse con los visitantes y lógicamente disfrutar de los placeres de la contemplación del azul infinito y del devaneo entretenido de las aves. Alguna vez fue sorprendida por el paso lejano de una nave de propulsión casi invisible, que iba dejando de recuerdo una curiosa y alargada estela blanca que ella consideró una muy larga nube de espuma. Según la leyenda familiar, la tía, cuando le aclararon que desde que nació el pensionado empezaron a volar en Colombia ese tipo de aviones, último grito en aviación, expresó crítica e inocentemente, una palabra que la identificó para siempre; "¡Ociosos!" — Exclamó. No estaba lejos de acertar que realmente para llenar el mundo de inventos hay que estar desocupados y con la mente abierta.

Igualmente, para contar cuentos, hacer música, como lo hacía su padre, había que hacerle venia al ocio, darle espacio, sobre todo, a la hora de expirar el día para comer en familia y charlar. Recuerda el pensionado cómo se quedaba él entonces observando perplejo sus manos gruesas y ordinarias, cuando ya no quedaba nada sobre la mesa. Perplejo porque no lograba explicarse cómo hacía para inyectar el anestésico a sus pacientes dentales, cómo meter los instrumentos con esas manotas en sus bocas, cómo podía presionar con exactitud las cuerdas en los trastes del tiple para arrancarle acordes con qué acompañar sus canciones. Recordó que lo lograba, —no tanto como los virtuosos. Había un rasgueo que prácticamente sonaba como un sonsonete similar a "¡parrranda e pingos, parranda e pingos!". Luego, apagando repentinamente las cuerdas con la palma, empezaba otro muy semejante: "Este rasgueo es la misma vaina, pero más rápido", bromeaba riéndose. 

miércoles, 22 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (CAPITULO 12)

Regresó al pasado, en imaginaria nave del tiempo, viendo pasar velozmente por sus ventanales episodios vividos a lo largo de sus años, hasta detenerse frente a las imágenes deportivas de unos históricos estudiantes que reclamaron su atención, como cuando él los abordaba con la cámara si le parecía que ese momento ameritaba congelarse para el recuerdo.


12. RECORDANDO A LAS VIEJAS Y VIEJOS ESTUDIANTES 


Las fotos exclusivas del observador corresponden al año 2013, durante la inauguración de los juegos inter clases del colegio Llano Grande, la cual tuvo como escenario las calles coloniales de Girón, por donde desfilaron los alegres estudiantes, hasta el coliseo Juan Pablo II, donde, en presencia de un auditorio importante de padres de familia y público en general, los diferentes grados del colegio y sedes anexas presentaron un excelente espectáculo de creatividad, coordinación, colorido  y música. 

 Luego, se vio a si mismo frente al computador, una noche posterior a la inauguración de los juegos inter clases del 2013, mientras preparaba el periódico escolar El Observador, en su edición 23. (Pueden acceder a su versión original aquí: El Observador 23

Estaba justamente armando el mosaico de fotos múltiples del evento, conocida popularmente como collage. (Del verbo francés coller, que significa pegar). Mientras seleccionaba, copiaba y pegaba, fue trayendo a la memoria a la señora Ligia Avellaneda, (rectora del colegio hasta ese año), cuando pronunciaba el discurso alusivo al acontecimiento, subrayando la importancia de la actividad física como motor esencial en la formación y en el desarrollo de los jóvenes. 

Era una de sus últimas prédicas por cuanto, al mes siguiente, hacia sus finales, haría el anuncio formal de su retiro mientras ella y sus queridos profesores, (así los llamaba de cariño), saboreaban un suculento plato de pollo. A finales de octubre se le prodigarían, como reconocimiento a sus 10 años de servicio a la Institución, los respectivos homenajes de despedida, con Misa, diplomas, oratoria popular, y placa incluidos. El editor del periódico, —recuerda con pesar el pensionado—, no tuvo grandes motivos para otorgarle un premio o un  diploma, por cuanto ella aparte de no concederle importancia a El Observador. le impuso restricciones a su venta y distribución, argumentando que era lesivo para la economía de las familias de los estudiantes.

Volviendo a la composición fotográfica de arriba, el editor marcó la primera foto del collage con el número uno, donde se apreciaban, de negro y blanco, los estudiantes atléticos de noveno, quienes se lucieron al presentar su rutina correspondiente, haciendo énfasis en la unidad de las razas. El Observador 23

En la foto dos, con la crema de la belleza adelante, los chicos de octavo esperaban la señal para comenzar su lujosa y movida presentación que atrajo muchas miradas vibrantes del auditorio. En la foto tres se destacaba un puñado de estudiantes con mentalidad ganadora del curso séptimo con sus sendas cachuchas. 

Las gráficas cuatro y cinco recogían respectivamente escenas de la vistosa e inolvidable presentación de los cursos sextos (los celestiales) y de la sección Primaria del colegio. Los tiernos bailarines, arrancaron explosivos aplausos del público. En la seis hacían pareja feliz, la digna representante del SENA y el serio coordinador de la sección primaria.

Pero más felicidad parecía reflejar la imagen siete, donde el edecán se pegaba zalamero a la guapa madrina de décimo. En la escena ocho, una escena de la notable presentación de los estudiantes de la sede D, quienes, personificando la naturaleza, convocaron a los asistentes, con sus atuendos llenos de hojas, de pétalos y de colores, a que amen, respeten y cuiden la tierra "donde nacimos".

La gráfica nueve correspondió a los encumbrados del colegio, (en el buen sentido de la palabra), es decir, para la personera Leidy, (con botas y dominante atuendo); y su edecán, a la usanza romana. Ambos eran entonces jóvenes de la promoción 2013. 

El típico profesor piedecuestano Pedro,
el gigante nardo, Mercedes, y la
mogotana rectora doña Ligia, que 
 presidió correctamente, parte de 
la historia del colegio Llano grande
 En la escena diez nuevamente los jovencitos de la sede A, quienes mientras bailaban con toda su graciosa inocencia, iban contando,   con sus movimientos, el cuento del Soldadito de plomo. En la foto once, se aprecia el desfile de los grupos Octavos, con la  madrina más admirada de todo el evento.
 
 La gráfica doce registraba el rostro deslumbrante de la reina  del curso Once, representante no sólo del talento sino también de la   belleza que se cultiva y aprecia en el colegio Llano Grande.

 En la imagen trece una pareja muy edificante de los cursos novenos nos ilustró sobre cómo deben convivir sin discriminación   y concordia las razas de la tierra: morenitas al lado de rubios, ojos   negros  a la par con ojos azules, sin complejos ni divisiones.

 Es importante resaltar que, aunque todos los grupos   protagonizaron estupendas presentaciones artísticas, el Jurado, en esa oportunidad, concedió el primer premio a la interpretación de los cursos décimos, cuyo video se puede apreciar arriba en el enlace respectivo. 

Antes de proseguir el viaje de las memorias, el pensionado recordó que la edición del periódico vio la luz hasta el 29 de octubre de ese año. Por esa razón registró detalles del homenaje a la rectora Ligia Avellaneda,  En el anexo de las noticias locales se hacía un gran despliegue del evento y se apuntaba, entre otras cosas, que el viernes 25 de octubre había sido destinado por la comunidad de Llano Grande, para ofrecerle a la saliente Rectora Ligia Avellaneda un homenaje de admiración y reconocimiento por sus eficientes labores administrativas durante tantos años. 

Recordaba que, según el registro del periódico, fue "hacia las siete de la mañana, en el patio central de la casona, en torno a mesas de manteles blancos, que los profesores y padres de familia compartieron tamales, panes y chocolates, después de los discursos de mutuos elogios y agradecimientos, comenzando con el representante de la junta de padres, y siguiendo con la respuesta emocionada de la rectora". Recordaba que también en esa ocasión, la ronda de alocuciones la concluyó el profesor Juan Carlos, el cual, con su inconfundible acento costeño, puntualizó los valores ejercidos por la agasajada durante sus largos años dedicados a la Institución..


Gracias a esa misma versión 23, también recordó el pensionado la valiosa participación del Colegio, los días 22 y 23 de octubre en el Sexto salón del estudiante, en Neomundo, con la asistencia de varios colegios del área metropolitana, de Málaga, San Gil, Vélez, Barrancabermeja y El Playón. Obviamente, el colegio Llano Grande tuvo allí un mostrador, detrás del cual se destacaban los grandes perfiles del profesor Misael y Felipe, líderes de los programas ecológicos y directores de los proyectos respectivos. Se acercaban allí, pues, con grandes esperanzas los visitantes, no sólo a contemplar los vinos ricos exhibidos, de joven añejamiento, sino también a comprarlos; y, de paso, se quedaban a consumir los chorizos gordos pero dietéticos, dorados en la vereda junto con las legumbres orgánicas y hasta postres selectos de la región. Fue una vitrina que permitió exponer los resultados de los procesos de formación entre el Sena y los colegios del departamento con quienes estaban articulados. También  —en palabras de un funcionario de la época —se "buscaba apoyar la consolidación de una cultura de buenos emprendedores y empresarios", asunto en el cual seguramente han seguido trabajando.

El pensionado también detuvo su memoria en la imagen de la personera del colegio de ese entonces, Leidy Cristina Ramírez, por haber sido excelente estudiante, —Obtuvo el puntaje más alto en la prueba Saber 11—. Además, se destacó por haber tomado parte en la mayoría de los eventos culturales, deportivos y hasta políticos; pues participó como candidata a la personería, obteniendo la más alta votación. Quedó en el ranking de las mejores líderes estudiantiles que ha tenido el colegio en sus 35 años de historia, después de presentar el informe real de sus logros al frente de su ministerio. 

Entre otros datos, al respecto, aseguró que había gestionado con éxito el subsidio de transporte para los estudiantes, así como la reparación del puente peatonal, al cual le habían añadido mallas laterales de seguridad. (La foto en el periódico). Agregó que le había hecho fuerza, —lamentablemente en vano, a un cambio de horario benéfico para sus compañeros. Pero que, en compensación, había conseguido más cupos en el restaurante escolar para más comensales. Anunció que les tenía buenas noticias a las vanidosas porque tendrían en el baño más espejos donde arreglarse, o por lo menos dónde intentarlo. Fue también artífice de que se hubiera celebrado a plenitud el día del estudiante y de haber tramitado implementos deportivos para la sede. Se fue con el desencanto de no alcanzar a ver restaurado el polideportivo que tenía serios problemas de piso y drenaje, que se anegaba con las lluvias, hasta el punto de convertirse en un inmenso espejo donde se reflejaban poéticamente todas las nubes del cielo. 

Y al mencionar estos temas de lluvias, de espejos y de nubes del cielo, el pensionado no pudo menos que recordar cuando, dejando el carro parqueado frente a la tienda, él hacía el camino a pie, por entre charcos y fango, hasta el colegio, pasando por el colonial puente peatonal al cual en ese año le pusieron mallas laterales, como se mencionó arriba. El rio embravecido, de color como agua de chocolate, que avanzaba amenazante, cubriendo la batea e invadiendo las riberas de piedra y pasto, lo obligaba a detenerse sobre las tablas vacilantes del puente para tomarle fotos o videos a su cauce envalentonado y hacerlo famoso. Y en seguida, los chicos de las veredas que se bajaban de los buses incapaces también de cruzar, desfilaban igualmente también hacia el colegio. El pensionado también aprovechaba esa entretenida calamidad climática para tomarles fotos —que ha sido su pasión toda la vida— haciéndoles la promesa de publicarlas en el periódico. Y ellos aceptaban sonriendo, creyendo sinceramente allá en su cerebro donde anidan seguramente los sentimientos más nobles que el futuro será un hecho, será historia, y que, cuando pase la vida, con sus trajines, con el estudio, con los amores y las experiencias, remontarse a épocas vividas, no será para nada cosa "vana de viejos: 

Volver al pasado, así sea calándose un sombrero añejo en la cabeza, —como lo hizo el profesor Pedro— o enfundándose un traje típico, —como lo hizo la chica linda de las trenzas, o tan sólo sostener carteles alusivos a una época honrosa, es una manera de elogiar la historia que nos precedió, de exaltar los valores de quienes la protagonizaron y de dejar constancia de que ser autor de cualquier obra por más sencilla que parezca por el bien y la alegría de las personas, se quedará sin reconocimiento o recompensa. ¡Así que bienvenidas sean las buenas obras porque tendrán sus buenos recuerdos!

miércoles, 15 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO CAPITULO 11

 Mientras se entretenía descubriendo el obsequio que le habían entregado sus amigos docentes, en su despedida pensional, se transportó felizmente a otro momento histórico de celebración con un grupo escogido de colegas en la residencia de Ruby, la profesora de matemáticas, tratando de establecer sin éxito cuál había sido la bendita razón para reunirse a festejar a finales de octubre de ese año.

11.  EN EL PASADO CON SU PADRE

Cálida e inolvidable celebración de compañeros

 Descartando la opción de que haya sido por la proximidad del Halloween, (no se ven escobas ni disfraces en la gráfica), cobró validez la posibilidad de que hubiera sido para conmemorar cumpleaños acumulados durante el año. Independientemente de las causas, se puede concluir que fue una oportunidad de oro para compartir tiempo, sonrisas, viandas y fortalecer los ojalá inmortales vínculos de amistad y compañerismo. En este momento capturado por la cámara, los ilustres compañeros entonces del pensionado están a punto de hacer el brindis ceremonial. Sentada está la madre de la anfitriona Ruby, luego está Rosalba, (adoradora de nietos); enseguida una de las Claudias, del colegio, (santandereana desparpajada). A continuación, los profesores Alberto, (el juguetón), Milinsa, (pan de Dios), Luis, uno de los Césares, (el pensador), Andrés, (el demócrata), otro de los Césares, (el Magno), el sosegado Raúl, Ruby, otra de las Claudias, (una bilingüe genial); y, en el extremo derecho, Luz Mila, la heredera de la sede de Barbosa. 

Después quedaría bajo investigación por qué no salió en esa foto el papá de Ruby, artesano genial, de grandes virtudes, a quien la profesora lo mantiene, (no en el sentido que están pensando), lo mantiene, junto a la madre, en un merecido pedestal. (Estaría tomando la foto o quizá organizando sus artesanías).

Y de la misma forma, así como la espontánea y activa profesora Ruby pone "en la cumbre de sus alegrías" al padre y a la madre, igualmente el pensionado ha elevado al altar de sus eternos recuerdos a su padre y a la madre. Es entonces muy fácil para él, más en este mes de junio, que fue el de su cumpleaños, cerrar los ojos y regresar gratamente al pasado, a reunirse con él y con su legado.

Evocaba, pues, la grata memoria de su padre, el cual, aparte de administrar con mucha propiedad el lenguaje oral, también reservaba tiempo, en la mesa del comedor, para redactar fervorosamente cartas o versos, con tinta clásica o "chuzando", con los índices de sus pesadas manos, las teclas bochincheras de su máquina de escribir. Al ritmo de las rondas cerveceras, le agradaba entonar las tonadas de despecho a cappella, o al ritmo de las cuerdas festivas de su inseparable tiple.

Para él los versos arrabaleros, de las hermanitas Calle, de los Relicarios y otros similares de cantina, ocuparon los primeros lugares de su preferencia musical. Como fiel admirador del lenguaje florido y de sus autores, recitaba de memoria largas líneas inspiradas e incluso nos declamaba parte de las estrofas compuestas por él, el cual, muchas veces, al pie de las ventanas nocturnas, dedicó, con ínfulas de Tenorio, a las mujeres que lo desvelaban.

Pero, primordialmente el botín más valioso de su herencia inmaterial, lo conforma su chispa y buen humor. Desde luego también tuvo sus tiempos de mal genio, tiempos de rabietas, de decir malas palabras, de cometer desmanes, sobre todo cuando se dejaba tentar por el diablo del licor. Sin embargo, el pensionado, prefiere recordarlo en su facha de bueno y sano, deleitando a los suyos con sus chistes recalentados, con sus historias trilladas, pero como nuevas, sus apuntes ingeniosos y sus chanzas, relacionados con su profesión de dentista o con sus experiencias de viajero y conocedor de mundo. 

Desde allá, desde la finca del Edén, en el Gramalote antiguo, la cuna del padre del jubilado, comenzaría el ejercicio de sus dotes de cuentero, tras la comida vespertina, cuando ya los arreboles se apagaban sobre el filo de las montañas y el trémulo resplandor de una lámpara de aceite intentaba insinuarse en el interior de la cocina. Era entonces el momento oportuno para que los ex comensales, a fin de burlar el aburrimiento y para no buscar tan temprano las esteras, dieran vuelo a la costumbre de conversar según sus antojos, de buscarle incluso juego a las sombras y gracia a las siluetas en los muros. Gustoso momento hogareño para gastar bromas y pasarla bonito en buena compañía. Fue desde allá entonces, por ausencia de luz eléctrica, de radio o televisión y de otras distracciones modernas, que el padre brillante en expresión oral empezó a compartir buena parte del menú de sus narraciones y experiencias jocosas. Si no era al principio de la noche, entonces era al inicio de la mañana, tras el cariñoso amanecer, en torno a la mesa, listos a saborear un chocolate espeso, con pan y queso manufacturados en casa. Y si no era tras el desayuno, porque muchas veces los abundantes quehaceres del campo los dispersaban pronto, había que buscar otros momentos de recreo, bien al mediodía o en las celebraciones especiales.

Apenas comenzaba a hablar, todos le lanzábamos una mirada de distinción como a patriarca de la narrativa, de memoria sorprendente y estilo jovial, que incluso se reía de sus propios chistes.

De allá seguramente, proviene el cuento del papá del pensionado cuyo protagonista era una señora, amante de las novedades, que se entusiasmó de remate con la noticia de que había llegado al parque del pueblo un vehículo que hacía bulla, echaba humo y rodaba rápido sin ayuda de caballos. Le hervían entonces, por dentro, las ganas de montarse en él y pasearse por las calles. Sin embargo, la información sobre semejante novedad no había sido muy completa para ella, ni muy clara tampoco. Además la semántica no era su fuerte. Y como, a la sazón empezaron a circular los términos de chofer, de carro, palanca, clutch y de todas esas nuevos vocablos que muchos escuchaban, pero ni sabían diferenciarlos ni aplicarlos. Por eso fue que la señora en mención, irrumpió en el parque, exaltada e impetuosa, gritando: “¡Quiero montarme en el chofer!” 

El chofer —cuenta don Marcos, riéndose—, se emocionó internamente con la idea. Pero, sin burlarse de ella o hacerle un comentario de doble sentido, pasó más bien, a explicarle con mucha pedagogía y educación, la diferencia entre carro y chofer. La señora, lejos de sentir vergüenza se dejó corregir y, en seguida, saltó al estribo del carro dispuesta a cumplir su sueño. 

Por otra parte, así como lo hizo la señora que quería montarse en el chofer, don Marcos — o Marbolleán, como solía firmar sus escritos— también dejó aumentar el caudal de sus cuentos urbanos y anécdotas campestres, con sus propias experiencias, con sus logros o fracasos. 

Por ejemplo, una vez fue acusado ante las autoridades de agredir verbalmente al sastre del pueblo por una desavenencia comercial entre los dos. Por ese motivo el alcalde lo citó a su despacho para que presentara descargos o se disculpara con el ofendido. A la citación se presentó, como la ley lo facultaba, con un tal Calixto Moros, para que hiciera de abogado o conciliador entre las dos partes. Era su compañero de farra, de su confianza, medianamente letrado y sin pelos en la lengua. 

En la audiencia  se acaloraron tanto los ánimos, porque el sastre insistía en declararse inocente y víctima del acusado. Don Calixto que también era un fósforo no dejaba de replicar y hostigar gritando a la parte acusadora. Fue entonces cuando el alcalde, muy contrariado por el desorden en la sala, a falta de martillo, palmoteó estruendosamente la mesa. Ante el estrépito, todos guardaron silencio. En seguida, le impuso al improvisado abogado defensor, una multa de diez pesos –cifra respetable para la época– . Don Calixto, con sorna y dignidad postiza, sacó dinero de la cartera. Y,  levantando aún más el tono, vociferó: 

¡Aquí  tiene los diez pesos de la multa. Y aquí tiene otros diez pesos más, para que me deje seguir hablando!

Al padre del pensionado lo entusiasmó tanto esa actitud explosiva de su defensor, su reacción rápida y certera que de él nos dejó otras historias, como aquella de peligro y pronóstico reservado, cuando a su prestante tienda esquinera, se presentó intempestivamente un tipo mala paga, portando un viejo revolver oxidada, gritando furioso que venía a saldar una vieja deuda con el dueño, no con plata sino con plomo. 

Como es de imaginarse, el arma del desafiante, tal vez presente en la guerra de los mil días, había estado dormida mucho tiempo. Lo suficiente como para que la inacción pusiera óxido en sus entrañas. Resultó entonces que, tras ser accionada repetidas veces apuntando hacia el tendero, no disparó un solo tiro. Ante lo cual, don Calixto, imperturbable y pausado, extrajo de debajo del mostrador un brillante revolver en buen estado, de cañón largo, que de inmediato se lo puso entre ceja y ceja, con fingida pero creíble mirada asesina, gritándole en la cara: 

“¡Este sí prende!”.

En verdad, no existían en la mente del bondadoso Calixto Moros intenciones criminales de querer enviar a ese fulano al más allá. Como imitador de actor burletero del oeste, más bien, inclinó el arma, haciéndole varios disparos alrededor de sus alpargatas. El tipo, aterrorizado hasta los huesos, bailó mientras duraba el compás de los tiros, antes de salir despavorido de la tienda. Poco tiempo después regresó al mostrador de don Calixto, no altanero, sino más bien humilde y contrito, a pagar la deuda casi sin decir nada. Pero sus cotizas, otrora danzantes por temor al plomo, no volvieron jamás a pisar el tapete de fique de bienvenida.