Entonces se remontaba en su imaginación a los principios candorosos de sus pinitos docentes en el círculo íntimo de sus hermanos, cuando, entusiastas, se juntaban con el propósito infantil de jugar al maestro y al salón de clase rodeado de sábanas, simulando paredes, con alguna mesa tosca haciendo de escritorio, en algún rincón acogedor de las casonas donde inicialmente transcurrieron, en compañía de sus hermanos, sus primeros años de inocencia.
"Allí nos turnábamos —recordó— el encargo
divertido de ser maestro y el rol inquieto de ser estudiantes, sentados en el
suelo simulando escribir en cuadernos invisibles. Cuando la "campana"
sonaba, (creo que era el choque tintineante de unos cubiertos de cocina),
salíamos a recreo, a cambio de clase o a la inversión anhelada de papeles.
Supongo que esas actuaciones infantiles bajo aquellos toldos académicos y
teatrales, sazonado con presentaciones artísticas o números de humor o de
ocurrencias de los cuales también éramos actores, fueron presagios y
preparativos primitivos de la vocación de volvernos maestros la mayoría de
nosotros, cuando ya nos tocara ser grandes".
"Papá y mamá también acudían invitados cuando se programaban reuniones de acudientes o 'eventos culturales'", en aquellos escenarios de sábanas colgantes a manera de telones.
"Una vez, —siguió recordando—, (y fue para risas eternas), me tocó improvisar un número para ocupar la atención del 'público', o sea, a nuestros padres y hermanos. Fue entonces cuando tuve la ingrata ocurrencia de tomar una toalla grande, pararme en el centro del escenario y mirar preocupado hacia el techo. Los ojos de la 'multitud' se fijaron en mí, embrujados, a la espera de una sorpresiva genialidad mía. Fue cuando lo único que se me vino a la cabeza fue decir; 'Yo me iba a bañar, pero la regadera está muy alta'. Creo que semejante bobada corrompió para siempre la credibilidad familiar en mis talentos creativos. De todas maneras, las risas de burla y los aplausos compasivos ocuparon un espacio interesante aquel día en la convivencia familiar que ahora, sonriendo, añoro tanto.
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| Alejandrina Becerra Sandoval 1912-1986 |
Se le sumaría a los recuerdos, la reacción de su hermanita mayor, una vez terminada la función. Pronunciaría a media lengua, —porque en ese momento no era tan hábil para hablar—, la frase que la haría famosa: "¡Eso sí fue pa' lija!" Donde "lija" significaba "risa" . Hoy día, ella es una monja benemérita, verdadera celebridad de la palabra rápida, ante la cual me inclino con admiración y afecto".

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