Le fue imposible pronunciar en el almuerzo de su despedida pensional, delante de sus compañeros, un discurso histórico. Sólo pudo articular unas cuantas palabras para el olvido. No obstante, la magia de la ocasión le permitió sumergirse en sus recuerdos existenciales, como quizá lo hacen los moribundos de quienes se asegura que, en sus últimos instantes, toda su vida se les pasa por delante.
10. SECRETO AL DESCUBIERTO Y VOCACIONES
Otra imagen interesante que se le vino a la cabeza, mientras transcurría su despedida, fue ésta de abajo, captada en la sala de profesores, en julio del 2022, en una de sus acostumbradas celebraciones comunitarias, en momentos de efervescencia cuando la mayoría de sus compañeros acordaron tomarse la foto con la intención feliz de que la historia los recordara. (¡Ojalá se alcanzara el milagro!). Fue un instante divertido de unión, de celebración, circunstancia grata para experimentar el acercamiento y el calor humanos. Creemos que de esto último puede dar mejor fe el rector, el cual, como siempre, estaba asediado por el aprecio cálido de sus profesoras.
Y así
fue. El pensionado, le anunció en la casa que la tía Adela la necesitaba para
comunicarle un asunto importante. Entonces, ella se apresuró a coger el bus,
Pan de azúcar, (así se llamaba la ruta), y se presentó en la casa de la
hermana. Les confesaría luego la tía que doña Alejandrina,
una vez enterada del asunto, se había quedado muda y pensativa, y que luego se había puesto a llorar.
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| Seminario mayor Santo Tomás de Aquino en Pamplona |
Los comentaristas de la época dijeron que esta deserción se había visto venir, como consecuencia directa del temperamento del muchacho. (Era "volado de genio"). Y, en cuanto a que el joven "mostrara emoción por ser cura, 'pocón, pocón'. —Eso dijeron literalmente, como parte de sus conclusiones. Y añadieron que "no le brotaba la piedad por los poros, sino que, por el contrario, abría los ojos de gusto ante el vino de consagrar y debilidad por cumplir el reglamento del seminario—. Y, como si lo anterior fuera poco, sus compañeros tampoco estaban a gusto con él, por cuanto se mostraba rebelde a la vocación, diciéndole a todo mundo que no le nacía ser cura. Por el peso de tantos argumentos tuvo que coger la bajada. (Es decir, retirarse del seminario mayor diocesano).
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| Enrique, quien estuvo cerca de ser sacerdote diocesano |
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| Jesús: también cogió la bajada |
La última ilusión entonces, para la madre, de que algún varón de la familia se hiciera sacerdote parecía recaer en el último candidato disponible, en el pensionado, el hijo menor. Es probable que al comprobar que ya no habría más esperanza, la decepción se hubiera convertido en lágrimas. Pero jamás podrá saberse con exactitud. Lo cierto es que ella terminó aceptando la nueva situación y conviniendo en que los dos recién casados entregaran la pieza que tenían arrendada y se trasladaran a vivir con ella a la carrera sexta del barrio Girardot. Después de todo, era buena idea porque todos los otros hermanos ya habían tomado sus propios caminos. Yolanda se había ido para Bogotá a conseguir sus propios sueños. Enrique estaba casado. Jesús haciendo su licenciatura de Idiomas en la universidad de Pamplona. Mario ya era funcionario de una entidad estatal y tenía su propio hogar. Alirio, el radiotécnico, vivía y ejercía en Pamplona. Incluso, para la fecha, su hija Ihlia María, muy valiosa para ella, ya no estaba en la casa, debido a que varios años atrás, había ingresado a la comunidad de hermanas de la caridad del Cardenal Sancha, cuya sede principal estaba en la República Dominicana.
| Sor Ihlia María, ficha valiosa de la familia Botello |
Desde el año 76, había profesado solemnemente sus votos tras la respectiva preparación para los mismos, dos años antes. Así que doña Alejandrina, así ella no estuviera a su lado, hallaba en ella un aliciente invaluable que seguramente la mantuvo firme y motivada hasta el final de su vida. Había adelantado sus años de primaria en el colegio de esas mismas monjas, en Sardinata, mientras iba estudiando también su vocación religiosa.
El pensionado la recuerda con particular afecto y admiración y sabe parte de su valioso historial, por ejemplo, que ella hizo todo su bachillerato en La Presentación de Pamplona y luego, ya en Bucaramanga, tomó la seria decisión de dejarlo todo para viajar a Bogotá, donde ingresó a la Comunidad sanchina. Desde entonces su papel como hermana y religiosa ha sido de suma importancia en el desarrollo de la familia, siendo soporte material y espiritual de sus padres y hermanos, particularmente, durante los periodos de crisis y de pena.
Ahora en agosto será la celebración solemne de sus 50 años de vida consagrada, después de una meritoria trayectoria como docente y directiva de varios colegios importantes de la reconocida congregación cubana en Colombia.




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