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miércoles, 22 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (CAPITULO 12)

Le fue imposible a nuestro protagonista pronunciar en el almuerzo de su despedida pensional, delante de sus compañeros, un discurso histórico. Sólo pudo articular unas cuantas palabras para el olvido. No obstante, la magia de la ocasión le permitió sumergirse en sus recuerdos existenciales, como quizá lo hacen los moribundos de quienes se asegura que, en sus últimos instantes, toda su vida se les pasa por delante... 

Y éstos fueron unos de los tantos recuerdos existenciales que vinieron a su memoria: 


12. RECORDANDO A LAS VIEJAS Y VIEJOS ESTUDIANTES 

Las fotos exclusivas del observador corresponden al año 2013, durante la inauguración de los juegos inter clases del colegio Llano Grande, la cual tuvo como escenario las calles coloniales de Girón, por donde desfilaron los alegres estudiantes, hasta el coliseo Juan Pablo II, donde, en presencia de un auditorio importante de padres de familia y público en general, los diferentes grados del colegio y sedes anexas presentaron un excelente espectáculo de creatividad, coordinación, colorido  y música. 

Regresó al pasado, en imaginaria nave del tiempo, viendo pasar velozmente por sus ventanales episodios vividos a lo largo de sus años, hasta detenerse frente a las imágenes deportivas de unos históricos estudiantes que reclamaron su atención, como cuando él los abordaba con la cámara si le parecía que ese momento ameritaba congelarse para el recuerdo. Luego, se vio a si mismo frente al computador, una noche posterior a la inauguración de los juegos inter clases del 2013, mientras preparaba el periódico escolar El Observador, en su edición 23. (Pueden acceder a su versión original aquí: El Observador 23

Estaba justamente armando el mosaico de fotos múltiples del evento, conocida popularmente como collage. (Del verbo francés coller, que significa pegar). Mientras seleccionaba, copiaba y pegaba, fue trayendo a la memoria a la señora Ligia Avellaneda, (rectora del colegio hasta ese año), cuando pronunciaba el discurso alusivo al acontecimiento, subrayando la importancia de la actividad física como motor esencial en la formación y en el desarrollo de los jóvenes. 

Era una de sus últimas prédicas por cuanto, al mes siguiente, hacia sus finales, haría el anuncio formal de su retiro mientras ella y sus queridos profesores, (así los llamaba de cariño), saboreaban un suculento plato de pollo. A finales de octubre se le prodigarían, como reconocimiento a sus 10 años de servicio a la Institución, los respectivos homenajes de despedida, con Misa, diplomas, oratoria popular, y placa incluidos. El editor del periódico, —recuerda con pesar el pensionado—, no tuvo grandes motivos para otorgarle un premio o un  diploma, por cuanto ella aparte de no concederle importancia a El Observador. le impuso restricciones a su venta y distribución, argumentando que era lesivo para la economía de las familias de los estudiantes.

Volviendo a la composición fotográfica de arriba, el editor marcó la primera foto del collage con el número uno, donde se apreciaban, de negro y blanco, los estudiantes atléticos de noveno, quienes se lucieron al presentar su rutina correspondiente, haciendo énfasis en la unidad de las razas. El Observador 23

En la foto dos, con la crema de la belleza adelante, los chicos de octavo esperaban la señal para comenzar su lujosa y movida presentación que atrajo muchas miradas vibrantes del auditorio. En la foto tres se destacaba un puñado de estudiantes con mentalidad ganadora del curso séptimo con sus sendas cachuchas. 

Las gráficas cuatro y cinco recogían respectivamente escenas de la vistosa e inolvidable presentación de los cursos sextos (los celestiales) y de la sección Primaria del colegio. Los tiernos bailarines, arrancaron explosivos aplausos del público. En la seis hacían pareja feliz, la digna representante del SENA y el serio coordinador de la sección primaria.

Pero más felicidad parecía reflejar la imagen siete, donde el edecán se pegaba zalamero a la guapa madrina de décimo. En la escena ocho, una escena de la notable presentación de los estudiantes de la sede D, quienes, personificando la naturaleza, convocaron a los asistentes, con sus atuendo llenos de hojas, de pétalos y de colores, a que amen, respeten y cuiden la tierra "donde nacimos".

La gráfica nueve correspondió a los encumbrados del colegio, (en el buen sentido de la palabra), es decir, para la personera Leidy, (con botas y dominante atuendo); y su edecán, a la usanza romana. Ambos eran entonces jóvenes de la promoción 2013. 

El típico profesor piedecuestano Pedro,
el gigante nardo, Mercedes, y la
mogotana rectora doña Ligia, que 
 presidió correctamente, parte de 
la historia del colegio Llano grande
 En la escena diez nuevamente los jovencitos de la sede A, quienes   mientras bailaban con toda su graciosa inocencia, iban contando,   con sus movimientos, el cuento del Soldadito de plomo.  En la   foto once, se aprecia el desfile de los grupos Octavos, con la     madrina más admirada de todo el evento.
 
 La gráfica doce registraba el rostro deslumbrante de la reina  del   curso Once, representante no sólo del talento sino también de la   belleza que se cultiva y aprecia en el colegio Llano Grande.

 En la imagen trece una pareja muy edificante de los cursos  novenos nos ilustró sobre cómo deben convivir sin discriminación   y concordia las razas de la tierra: morenitas al lado de rubios, ojos   negros  a la par con ojos azules, sin complejos ni divisiones.

 Es importante resaltar que aunque todos los grupos   protagonizaron estupendas presentaciones artísticas, el Jurado, en   esa oportunidad, concedió el primer premio a la interpretación de los cursos décimos, cuyo video se puede apreciar arriba en el enlace respectivo. 

Antes de proseguir el viaje de las memorias, el pensionado recordó que la edición del periódico vio la luz  hasta noviembre de ese año. Por esa razón registró detalles del homenaje a la rectora Ligia Avellaneda,  En el anexo de las noticias locales se hacía un gran despliegue del evento y se apuntaba, entre otras cosas, que el viernes 25 de octubre había sido destinado por la comunidad de Llano Grande, para ofrecerle a la saliente Rectora Ligia Avellaneda ofrendas de admiración y reconocimiento por sus eficientes labores administrativas durante tantos años. 

Recordaba que, según el registro del periódico, fue "hacia las siete de la mañana, en el patio central de la casona, en torno a mesas de manteles blancos, que los profesores y padres de familia compartieron tamales, panes y chocolates, después de los discursos de mutuos elogios y agradecimientos, comenzando con el representante de la junta de padres, y siguiendo con la respuesta emocionada de la rectora". Recordaba que también en esa ocasión, la ronda de alocuciones la concluyó el profesor Juan Carlos, el cual, con su inconfundible acento costeño, puntualizó los valores ejercidos por la agasajada durante sus largos años dedicados a la Institución..


Gracias a esa misma versión 23, también recordó el pensionado la valiosa participación del Colegio, los días 22 y 23 de octubre en el Sexto salón del estudiante, en Neomundo, con la asistencia de varios colegios del área metropolitana, de Málaga, San Gil, Vélez, Barrancabermeja y El Playón. Obviamente, el colegio Llano Grande tuvo allí un mostrador, detrás del cual se destacaban los grandes perfiles del profesor Misael y Felipe, líderes de los programas ecológicos y directores de los proyectos respectivos. Se acercaban allí, pues, con grandes esperanzas los visitantes, no sólo a contemplar los vinos ricos exhibidos, de joven añejamiento, sino también a comprarlos; y, de paso, se quedaban a consumir los chorizos gordos pero dietéticos, dorados en la vereda junto con las legumbres orgánicas y hasta postres selectos de la región. Fue una vitrina que permitió exponer los resultados de los procesos de formación entre el Sena y los colegios del departamento con quienes estaban articulados. También  —en palabras de un funcionario de la época —se "buscaba apoyar la consolidación de una cultura de buenos emprendedores y empresarios", asunto en el cual seguramente han seguido trabajando.

El pensionado también detuvo su memoria en la imagen de la personera del colegio de ese entonces, Leidy Cristina Ramírez, por haber sido excelente estudiante, —Obtuvo el puntaje más alto en la prueba Saber 11—. Además se destacó por haber tomado parte en la mayoría de los eventos culturales, deportivos y hasta políticos; pues participó como candidata a la personería, obteniendo la más alta votación. Quedó en el ranking de las mejores líderes estudiantiles que ha tenido el colegio en sus 35 años de historia, después de presentar el informe real de sus logros al frente de su ministerio. 

Entre otras datos, al respecto, aseguró que había gestionado con éxito el subsidio de transporte para los estudiantes, así como la reparación del puente peatonal, al cual le habían añadido mallas laterales de seguridad. (La foto en el periódico). Agregó que le había hecho fuerza, —lamentablemente en vano, a un cambio de horario benéfico para sus compañeros. Pero que, en compensación, había conseguido más cupos en el restaurante escolar para más comensales. Anunció que les tenía buenas noticias a las vanidosas porque tendrían en el baño más espejos donde arreglarse, o por lo menos dónde intentarlo. Fue también artífice de que se hubiera celebrado a plenitud el día del estudiante y de haber tramitado implementos deportivos para la sede. Se fue con el desencanto de no alcanzar a ver restaurado el polideportivo que tenía serios problemas de piso y drenaje, que se anegaba con las lluvias, hasta el punto de convertirse en un inmenso espejo donde se reflejaban poéticamente todas las nubes del cielo. 

Y al mencionar estos temas de lluvias, de espejos y de nubes del cielo, el pensionado no pudo menos que recordar cuando, dejando el carro parqueado frente a la tienda, él hacía el camino a pie, por entre charcos y fango, hasta el colegio, pasando por el colonial puente peatonal al cual en ese año le pusieron mallas laterales, como se mencionó arriba. El rio embravecido, de color como agua de chocolate, que avanzaba amenazante, cubriendo la batea e invadiendo los riberas de piedra y pasto, lo obligaba a detenerse sobre las tablas vacilantes del puente para tomarle fotos o videos a su cauce envalentonado y hacerlo famoso. Y en seguida, los chicos de las veredas que se bajaban de los buses incapaces también de cruzar, desfilaban igualmente también hacia el colegio. El pensionado también aprovechaba esa entretenida calamidad climática para tomarles fotos 
—que ha sido su pasión toda la vida— haciéndoles la promesa de publicarlas en el periódico. Y ellos aceptaban sonriendo, creyendo sinceramente allá en su cerebro donde anidan seguramente los sentimientos más nobles que el futuro será un hecho, será historia, y que, cuando pase la vida, con sus trajines, con el estudio, con los amores y las experiencias, remontarse a épocas vividas, no será para nada cosa "vana de viejos: 

Volver al pasado, así sea calándose un sombrero añejo en la cabeza, —como lo hizo el profesor Pedro— o enfundándose un traje típico, —como lo hizo la chica linda de las trenzas, o tan sólo sostener carteles alusivos a una época honrosa, es una manera de elogiar la historia que nos precedió, de exaltar los valores de quienes la protagonizaron y de dejar constancia de que ser autor de cualquier obra por más sencilla que parezca por el bien y la alegría de las personas, se quedará sin reconocimiento o recompensa. ¡Así que bienvenidas sean las buenas obras porque tendrán sus buenos recuerdos!

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