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miércoles, 22 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (CAPITULO 12)

Regresó al pasado, en imaginaria nave del tiempo, viendo pasar velozmente por sus ventanales episodios vividos a lo largo de sus años, hasta detenerse frente a las imágenes deportivas de unos históricos estudiantes que reclamaron su atención, como cuando él los abordaba con la cámara si le parecía que ese momento ameritaba congelarse para el recuerdo.


12. RECORDANDO A LAS VIEJAS Y VIEJOS ESTUDIANTES 


Las fotos exclusivas del observador corresponden al año 2013, durante la inauguración de los juegos inter clases del colegio Llano Grande, la cual tuvo como escenario las calles coloniales de Girón, por donde desfilaron los alegres estudiantes, hasta el coliseo Juan Pablo II, donde, en presencia de un auditorio importante de padres de familia y público en general, los diferentes grados del colegio y sedes anexas presentaron un excelente espectáculo de creatividad, coordinación, colorido  y música. 

 Luego, se vio a si mismo frente al computador, una noche posterior a la inauguración de los juegos inter clases del 2013, mientras preparaba el periódico escolar El Observador, en su edición 23. (Pueden acceder a su versión original aquí: El Observador 23

Estaba justamente armando el mosaico de fotos múltiples del evento, conocida popularmente como collage. (Del verbo francés coller, que significa pegar). Mientras seleccionaba, copiaba y pegaba, fue trayendo a la memoria a la señora Ligia Avellaneda, (rectora del colegio hasta ese año), cuando pronunciaba el discurso alusivo al acontecimiento, subrayando la importancia de la actividad física como motor esencial en la formación y en el desarrollo de los jóvenes. 

Era una de sus últimas prédicas por cuanto, al mes siguiente, hacia sus finales, haría el anuncio formal de su retiro mientras ella y sus queridos profesores, (así los llamaba de cariño), saboreaban un suculento plato de pollo. A finales de octubre se le prodigarían, como reconocimiento a sus 10 años de servicio a la Institución, los respectivos homenajes de despedida, con Misa, diplomas, oratoria popular, y placa incluidos. El editor del periódico, —recuerda con pesar el pensionado—, no tuvo grandes motivos para otorgarle un premio o un  diploma, por cuanto ella aparte de no concederle importancia a El Observador. le impuso restricciones a su venta y distribución, argumentando que era lesivo para la economía de las familias de los estudiantes.

Volviendo a la composición fotográfica de arriba, el editor marcó la primera foto del collage con el número uno, donde se apreciaban, de negro y blanco, los estudiantes atléticos de noveno, quienes se lucieron al presentar su rutina correspondiente, haciendo énfasis en la unidad de las razas. El Observador 23

En la foto dos, con la crema de la belleza adelante, los chicos de octavo esperaban la señal para comenzar su lujosa y movida presentación que atrajo muchas miradas vibrantes del auditorio. En la foto tres se destacaba un puñado de estudiantes con mentalidad ganadora del curso séptimo con sus sendas cachuchas. 

Las gráficas cuatro y cinco recogían respectivamente escenas de la vistosa e inolvidable presentación de los cursos sextos (los celestiales) y de la sección Primaria del colegio. Los tiernos bailarines, arrancaron explosivos aplausos del público. En la seis hacían pareja feliz, la digna representante del SENA y el serio coordinador de la sección primaria.

Pero más felicidad parecía reflejar la imagen siete, donde el edecán se pegaba zalamero a la guapa madrina de décimo. En la escena ocho, una escena de la notable presentación de los estudiantes de la sede D, quienes, personificando la naturaleza, convocaron a los asistentes, con sus atuendos llenos de hojas, de pétalos y de colores, a que amen, respeten y cuiden la tierra "donde nacimos".

La gráfica nueve correspondió a los encumbrados del colegio, (en el buen sentido de la palabra), es decir, para la personera Leidy, (con botas y dominante atuendo); y su edecán, a la usanza romana. Ambos eran entonces jóvenes de la promoción 2013. 

El típico profesor piedecuestano Pedro,
el gigante nardo, Mercedes, y la
mogotana rectora doña Ligia, que 
 presidió correctamente, parte de 
la historia del colegio Llano grande
 En la escena diez nuevamente los jovencitos de la sede A, quienes mientras bailaban con toda su graciosa inocencia, iban contando,   con sus movimientos, el cuento del Soldadito de plomo. En la foto once, se aprecia el desfile de los grupos Octavos, con la  madrina más admirada de todo el evento.
 
 La gráfica doce registraba el rostro deslumbrante de la reina  del curso Once, representante no sólo del talento sino también de la   belleza que se cultiva y aprecia en el colegio Llano Grande.

 En la imagen trece una pareja muy edificante de los cursos novenos nos ilustró sobre cómo deben convivir sin discriminación   y concordia las razas de la tierra: morenitas al lado de rubios, ojos   negros  a la par con ojos azules, sin complejos ni divisiones.

 Es importante resaltar que, aunque todos los grupos   protagonizaron estupendas presentaciones artísticas, el Jurado, en esa oportunidad, concedió el primer premio a la interpretación de los cursos décimos, cuyo video se puede apreciar arriba en el enlace respectivo. 

Antes de proseguir el viaje de las memorias, el pensionado recordó que la edición del periódico vio la luz hasta el 29 de octubre de ese año. Por esa razón registró detalles del homenaje a la rectora Ligia Avellaneda,  En el anexo de las noticias locales se hacía un gran despliegue del evento y se apuntaba, entre otras cosas, que el viernes 25 de octubre había sido destinado por la comunidad de Llano Grande, para ofrecerle a la saliente Rectora Ligia Avellaneda un homenaje de admiración y reconocimiento por sus eficientes labores administrativas durante tantos años. 

Recordaba que, según el registro del periódico, fue "hacia las siete de la mañana, en el patio central de la casona, en torno a mesas de manteles blancos, que los profesores y padres de familia compartieron tamales, panes y chocolates, después de los discursos de mutuos elogios y agradecimientos, comenzando con el representante de la junta de padres, y siguiendo con la respuesta emocionada de la rectora". Recordaba que también en esa ocasión, la ronda de alocuciones la concluyó el profesor Juan Carlos, el cual, con su inconfundible acento costeño, puntualizó los valores ejercidos por la agasajada durante sus largos años dedicados a la Institución..


Gracias a esa misma versión 23, también recordó el pensionado la valiosa participación del Colegio, los días 22 y 23 de octubre en el Sexto salón del estudiante, en Neomundo, con la asistencia de varios colegios del área metropolitana, de Málaga, San Gil, Vélez, Barrancabermeja y El Playón. Obviamente, el colegio Llano Grande tuvo allí un mostrador, detrás del cual se destacaban los grandes perfiles del profesor Misael y Felipe, líderes de los programas ecológicos y directores de los proyectos respectivos. Se acercaban allí, pues, con grandes esperanzas los visitantes, no sólo a contemplar los vinos ricos exhibidos, de joven añejamiento, sino también a comprarlos; y, de paso, se quedaban a consumir los chorizos gordos pero dietéticos, dorados en la vereda junto con las legumbres orgánicas y hasta postres selectos de la región. Fue una vitrina que permitió exponer los resultados de los procesos de formación entre el Sena y los colegios del departamento con quienes estaban articulados. También  —en palabras de un funcionario de la época —se "buscaba apoyar la consolidación de una cultura de buenos emprendedores y empresarios", asunto en el cual seguramente han seguido trabajando.

El pensionado también detuvo su memoria en la imagen de la personera del colegio de ese entonces, Leidy Cristina Ramírez, por haber sido excelente estudiante, —Obtuvo el puntaje más alto en la prueba Saber 11—. Además, se destacó por haber tomado parte en la mayoría de los eventos culturales, deportivos y hasta políticos; pues participó como candidata a la personería, obteniendo la más alta votación. Quedó en el ranking de las mejores líderes estudiantiles que ha tenido el colegio en sus 35 años de historia, después de presentar el informe real de sus logros al frente de su ministerio. 

Entre otros datos, al respecto, aseguró que había gestionado con éxito el subsidio de transporte para los estudiantes, así como la reparación del puente peatonal, al cual le habían añadido mallas laterales de seguridad. (La foto en el periódico). Agregó que le había hecho fuerza, —lamentablemente en vano, a un cambio de horario benéfico para sus compañeros. Pero que, en compensación, había conseguido más cupos en el restaurante escolar para más comensales. Anunció que les tenía buenas noticias a las vanidosas porque tendrían en el baño más espejos donde arreglarse, o por lo menos dónde intentarlo. Fue también artífice de que se hubiera celebrado a plenitud el día del estudiante y de haber tramitado implementos deportivos para la sede. Se fue con el desencanto de no alcanzar a ver restaurado el polideportivo que tenía serios problemas de piso y drenaje, que se anegaba con las lluvias, hasta el punto de convertirse en un inmenso espejo donde se reflejaban poéticamente todas las nubes del cielo. 

Y al mencionar estos temas de lluvias, de espejos y de nubes del cielo, el pensionado no pudo menos que recordar cuando, dejando el carro parqueado frente a la tienda, él hacía el camino a pie, por entre charcos y fango, hasta el colegio, pasando por el colonial puente peatonal al cual en ese año le pusieron mallas laterales, como se mencionó arriba. El rio embravecido, de color como agua de chocolate, que avanzaba amenazante, cubriendo la batea e invadiendo las riberas de piedra y pasto, lo obligaba a detenerse sobre las tablas vacilantes del puente para tomarle fotos o videos a su cauce envalentonado y hacerlo famoso. Y en seguida, los chicos de las veredas que se bajaban de los buses incapaces también de cruzar, desfilaban igualmente también hacia el colegio. El pensionado también aprovechaba esa entretenida calamidad climática para tomarles fotos —que ha sido su pasión toda la vida— haciéndoles la promesa de publicarlas en el periódico. Y ellos aceptaban sonriendo, creyendo sinceramente allá en su cerebro donde anidan seguramente los sentimientos más nobles que el futuro será un hecho, será historia, y que, cuando pase la vida, con sus trajines, con el estudio, con los amores y las experiencias, remontarse a épocas vividas, no será para nada cosa "vana de viejos: 

Volver al pasado, así sea calándose un sombrero añejo en la cabeza, —como lo hizo el profesor Pedro— o enfundándose un traje típico, —como lo hizo la chica linda de las trenzas, o tan sólo sostener carteles alusivos a una época honrosa, es una manera de elogiar la historia que nos precedió, de exaltar los valores de quienes la protagonizaron y de dejar constancia de que ser autor de cualquier obra por más sencilla que parezca por el bien y la alegría de las personas, se quedará sin reconocimiento o recompensa. ¡Así que bienvenidas sean las buenas obras porque tendrán sus buenos recuerdos!

miércoles, 15 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO CAPITULO 11

 Mientras se entretenía descubriendo el obsequio que le habían entregado sus amigos docentes, en su despedida pensional, se transportó felizmente a otro momento histórico de celebración con un grupo escogido de colegas en la residencia de Ruby, la profesora de matemáticas, tratando de establecer sin éxito cuál había sido la bendita razón para reunirse a festejar a finales de octubre de ese año.

11.  EN EL PASADO CON SU PADRE

Cálida e inolvidable celebración de compañeros

 Descartando la opción de que haya sido por la proximidad del Halloween, (no se ven escobas ni disfraces en la gráfica), cobró validez la posibilidad de que hubiera sido para conmemorar cumpleaños acumulados durante el año. Independientemente de las causas, se puede concluir que fue una oportunidad de oro para compartir tiempo, sonrisas, viandas y fortalecer los ojalá inmortales vínculos de amistad y compañerismo. En este momento capturado por la cámara, los ilustres compañeros entonces del pensionado están a punto de hacer el brindis ceremonial. Sentada está la madre de la anfitriona Ruby, luego está Rosalba, (adoradora de nietos); enseguida una de las Claudias, del colegio, (santandereana desparpajada). A continuación, los profesores Alberto, (el juguetón), Milinsa, (pan de Dios), Luis, uno de los Césares, (el pensador), Andrés, (el demócrata), otro de los Césares, (el Magno), el sosegado Raúl, Ruby, otra de las Claudias, (una bilingüe genial); y, en el extremo derecho, Luz Mila, la heredera de la sede de Barbosa. 

Después quedaría bajo investigación por qué no salió en esa foto el papá de Ruby, artesano genial, de grandes virtudes, a quien la profesora lo mantiene, (no en el sentido que están pensando), lo mantiene, junto a la madre, en un merecido pedestal. (Estaría tomando la foto o quizá organizando sus artesanías).

Y de la misma forma, así como la espontánea y activa profesora Ruby pone "en la cumbre de sus alegrías" al padre y a la madre, igualmente el pensionado ha elevado al altar de sus eternos recuerdos a su padre y a la madre. Es entonces muy fácil para él, más en este mes de junio, que fue el de su cumpleaños, cerrar los ojos y regresar gratamente al pasado, a reunirse con él y con su legado.

Evocaba, pues, la grata memoria de su padre, el cual, aparte de administrar con mucha propiedad el lenguaje oral, también reservaba tiempo, en la mesa del comedor, para redactar fervorosamente cartas o versos, con tinta clásica o "chuzando", con los índices de sus pesadas manos, las teclas bochincheras de su máquina de escribir. Al ritmo de las rondas cerveceras, le agradaba entonar las tonadas de despecho a cappella, o al ritmo de las cuerdas festivas de su inseparable tiple.

Para él los versos arrabaleros, de las hermanitas Calle, de los Relicarios y otros similares de cantina, ocuparon los primeros lugares de su preferencia musical. Como fiel admirador del lenguaje florido y de sus autores, recitaba de memoria largas líneas inspiradas e incluso nos declamaba parte de las estrofas compuestas por él, el cual, muchas veces, al pie de las ventanas nocturnas, dedicó, con ínfulas de Tenorio, a las mujeres que lo desvelaban.

Pero, primordialmente el botín más valioso de su herencia inmaterial, lo conforma su chispa y buen humor. Desde luego también tuvo sus tiempos de mal genio, tiempos de rabietas, de decir malas palabras, de cometer desmanes, sobre todo cuando se dejaba tentar por el diablo del licor. Sin embargo, el pensionado, prefiere recordarlo en su facha de bueno y sano, deleitando a los suyos con sus chistes recalentados, con sus historias trilladas, pero como nuevas, sus apuntes ingeniosos y sus chanzas, relacionados con su profesión de dentista o con sus experiencias de viajero y conocedor de mundo. 

Desde allá, desde la finca del Edén, en el Gramalote antiguo, la cuna del padre del jubilado, comenzaría el ejercicio de sus dotes de cuentero, tras la comida vespertina, cuando ya los arreboles se apagaban sobre el filo de las montañas y el trémulo resplandor de una lámpara de aceite intentaba insinuarse en el interior de la cocina. Era entonces el momento oportuno para que los ex comensales, a fin de burlar el aburrimiento y para no buscar tan temprano las esteras, dieran vuelo a la costumbre de conversar según sus antojos, de buscarle incluso juego a las sombras y gracia a las siluetas en los muros. Gustoso momento hogareño para gastar bromas y pasarla bonito en buena compañía. Fue desde allá entonces, por ausencia de luz eléctrica, de radio o televisión y de otras distracciones modernas, que el padre brillante en expresión oral empezó a compartir buena parte del menú de sus narraciones y experiencias jocosas. Si no era al principio de la noche, entonces era al inicio de la mañana, tras el cariñoso amanecer, en torno a la mesa, listos a saborear un chocolate espeso, con pan y queso manufacturados en casa. Y si no era tras el desayuno, porque muchas veces los abundantes quehaceres del campo los dispersaban pronto, había que buscar otros momentos de recreo, bien al mediodía o en las celebraciones especiales.

Apenas comenzaba a hablar, todos le lanzábamos una mirada de distinción como a patriarca de la narrativa, de memoria sorprendente y estilo jovial, que incluso se reía de sus propios chistes.

De allá seguramente, proviene el cuento del papá del pensionado cuyo protagonista era una señora, amante de las novedades, que se entusiasmó de remate con la noticia de que había llegado al parque del pueblo un vehículo que hacía bulla, echaba humo y rodaba rápido sin ayuda de caballos. Le hervían entonces, por dentro, las ganas de montarse en él y pasearse por las calles. Sin embargo, la información sobre semejante novedad no había sido muy completa para ella, ni muy clara tampoco. Además la semántica no era su fuerte. Y como, a la sazón empezaron a circular los términos de chofer, de carro, palanca, clutch y de todas esas nuevos vocablos que muchos escuchaban, pero ni sabían diferenciarlos ni aplicarlos. Por eso fue que la señora en mención, irrumpió en el parque, exaltada e impetuosa, gritando: “¡Quiero montarme en el chofer!” 

El chofer —cuenta don Marcos, riéndose—, se emocionó internamente con la idea. Pero, sin burlarse de ella o hacerle un comentario de doble sentido, pasó más bien, a explicarle con mucha pedagogía y educación, la diferencia entre carro y chofer. La señora, lejos de sentir vergüenza se dejó corregir y, en seguida, saltó al estribo del carro dispuesta a cumplir su sueño. 

Por otra parte, así como lo hizo la señora que quería montarse en el chofer, don Marcos — o Marbolleán, como solía firmar sus escritos— también dejó aumentar el caudal de sus cuentos urbanos y anécdotas campestres, con sus propias experiencias, con sus logros o fracasos. 

Por ejemplo, una vez fue acusado ante las autoridades de agredir verbalmente al sastre del pueblo por una desavenencia comercial entre los dos. Por ese motivo el alcalde lo citó a su despacho para que presentara descargos o se disculpara con el ofendido. A la citación se presentó, como la ley lo facultaba, con un tal Calixto Moros, para que hiciera de abogado o conciliador entre las dos partes. Era su compañero de farra, de su confianza, medianamente letrado y sin pelos en la lengua. 

En la audiencia  se acaloraron tanto los ánimos, porque el sastre insistía en declararse inocente y víctima del acusado. Don Calixto que también era un fósforo no dejaba de replicar y hostigar gritando a la parte acusadora. Fue entonces cuando el alcalde, muy contrariado por el desorden en la sala, a falta de martillo, palmoteó estruendosamente la mesa. Ante el estrépito, todos guardaron silencio. En seguida, le impuso al improvisado abogado defensor, una multa de diez pesos –cifra respetable para la época– . Don Calixto, con sorna y dignidad postiza, sacó dinero de la cartera. Y,  levantando aún más el tono, vociferó: 

¡Aquí  tiene los diez pesos de la multa. Y aquí tiene otros diez pesos más, para que me deje seguir hablando!

Al padre del pensionado lo entusiasmó tanto esa actitud explosiva de su defensor, su reacción rápida y certera que de él nos dejó otras historias, como aquella de peligro y pronóstico reservado, cuando a su prestante tienda esquinera, se presentó intempestivamente un tipo mala paga, portando un viejo revolver oxidada, gritando furioso que venía a saldar una vieja deuda con el dueño, no con plata sino con plomo. 

Como es de imaginarse, el arma del desafiante, tal vez presente en la guerra de los mil días, había estado dormida mucho tiempo. Lo suficiente como para que la inacción pusiera óxido en sus entrañas. Resultó entonces que, tras ser accionada repetidas veces apuntando hacia el tendero, no disparó un solo tiro. Ante lo cual, don Calixto, imperturbable y pausado, extrajo de debajo del mostrador un brillante revolver en buen estado, de cañón largo, que de inmediato se lo puso entre ceja y ceja, con fingida pero creíble mirada asesina, gritándole en la cara: 

“¡Este sí prende!”.

En verdad, no existían en la mente del bondadoso Calixto Moros intenciones criminales de querer enviar a ese fulano al más allá. Como imitador de actor burletero del oeste, más bien, inclinó el arma, haciéndole varios disparos alrededor de sus alpargatas. El tipo, aterrorizado hasta los huesos, bailó mientras duraba el compás de los tiros, antes de salir despavorido de la tienda. Poco tiempo después regresó al mostrador de don Calixto, no altanero, sino más bien humilde y contrito, a pagar la deuda casi sin decir nada. Pero sus cotizas, otrora danzantes por temor al plomo, no volvieron jamás a pisar el tapete de fique de bienvenida. 

jueves, 2 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (Parte Décima)

Otra imagen interesante que se le vino a la cabeza, mientras transcurría su despedida, fue ésta de abajo, captada en la sala de profesores, en julio del 2022, en una de sus acostumbradas celebraciones comunitarias, en momentos de efervescencia cuando la mayoría de sus compañeros acordaron tomarse la foto con la intención feliz de que la historia los recordara. (¡Ojalá se alcanzara el milagro!)

10.  SECRETO AL DESCUBIERTO Y VOCACIONES

 Fue un instante divertido de unión, de celebración, circunstancia grata para experimentar el acercamiento y el calor humanos. Creemos que de esto último puede dar mejor fe el rector, el cual, como siempre, estaba asediado por el  aprecio cálido de sus profesoras.


Pero luego, nuestro incorregible viajero mental se devolvió nuevamente a los momentos posteriores de su matrimonio secreto en la parroquia de las Victorias. Después de tomarse la foto y dejar el atrio de la iglesia, ya en el taxi hacia la casa de los padrinos, iba alternando la mirada hacia su enamorada y hacia lo desconocido, (con aire de inquietud interna), por cuanto, esa decisión de casarse así, de improviso, sin contarles a los amigos y a las respectivas familias, le empezaba a parecer un poco contraproducente, tal vez fuera de foco. Podría generar a los ojos de propios y extraños, apenas supieran la noticia, críticas y hasta condenación.  

Y no sólo eso, también, sobre todo en el caso particular de doña Alejandrina, la madre del pensionado de 70 años, con diabetes y con un corazón débil, que lo tenía en la cumbre de sus afectos, podría exponerla a una impredecible crisis de salud. En cambio, la reacción de su padre, don Marcos, no lo asustaba tanto. Sabía que era más bien impávido, como él mismo se calificaba, es decir, que no se inmutaba gran cosa así lo sorprendieran con noticias muy fuertes. Y, efectivamente, así fue, cuando se enteró del hecho. Lo único que exigió, como Tomás el incrédulo, (y eso por instancias de un hermano), fue la presentación de la respectiva acta matrimonial, no fuera que el hijo se quisiera pasar de listo, fingiendo casamiento sólo para disfrutar las mieles de una relación ilícita. 

Una vez presentada la partida, don Marcos, no sólo aceptó a la nuera, sino que también los invitó a que compartieran con ellos la casa del barrio Girardot. Acarició la oportunidad de hallarle compañía a su señora en esa casa tan grande, mientras él se ausentaba gran parte de la semana, por estar atendiendo su consultorio dental en Pamplona. Por el lado de la novia, no se preveía rechazo o censura. El padre adoptivo que tenía en esos momentos, (Ever se llamaba), era como un san José, fuerte y valiente, y de hecho, asimiló la noticia con actitud sabia. Igual que doña Mercedes, una madre muy práctica, de talante imperturbable, quien seguramente deseaba que todas sus seis hijas, casi todas hechas y derechas, se hicieran a buenos maridos. Y así fue. La noticia, aunque le produjo la natural impresión, la recibió sin ningún trauma; aunque, hay sospechas de que no le gustó mucho, por cuanto su hija Ruby invertía casi todo su sueldo en ella y en la casa.

Sin embargo, todavía quedaba el problema de revelarle a la madre del pensionado el nuevo estado civil de su hijo menor. Todos pensarían que los más indicados eran los mismos esposos secretos, los cuales, como adultos, deberían asumir la responsabilidad de sus propias decisiones. Pero no era así. No se atrevían, les asustaba la idea de que podría reaccionar muy mal. Entonces, estimaron conveniente delegarle la misión a una persona cercana a ella, de confianza y que usara bien la palabra. Fue entonces cuando el pensionado pensó en la abogada perfecta, en su tía Adela, que vivía en el barrio El Jardín; y de inmediato, los dos bien de acuerdo, fueron a visitarla para contarle primero lo que habían hecho y para pedirle el favor de que, no sólo le contara a su hermana Alejandrina, sino que también intercediera ante ella, para alcanzar su aceptación. 

Y así fue. El pensionado, le anunció en la casa que la tía Adela la necesitaba para comunicarle un asunto importante. Entonces, ella se apresuró a coger el bus, Pan de azúcar, (así se llamaba la ruta), y se presentó en la casa de la hermana. Les confesaría luego la tía que doña Alejandrina, una vez enterada del asunto, se había quedado muda y pensativa, y que luego se había puesto a llorar.

Seminario mayor Santo Tomás de Aquino en Pamplona
La razón de su llanto, de su silencio pensante, sigue siendo para el pensionado un asunto no aclarado del todo, una especie de misterio sin resolver. Es probable que le doliera a doña Aleja el engaño del hijo, con tintes de traición. O, que le afectara no ser tenida en cuenta, por su hijo y por su nuera, en la toma de una decisión tan importante para la familia. O, quizá, la razón fue la amargura de haber perdido la última esperanza de contar con un sacerdote en la familia Botello, en la persona de su hijo menor. Tuvo, al término de la malograda vocación del hijo mayor, otra ligera oportunidad de alcanzar ese sueño, en el tal Jesús María, —tercero en la lista de los hermanos—, el cual también pasó por los claustros del seminario, con la tentativa de ser cura. Y también había desistido. Sólo restaba el menor que también había mostrado cierta inclinación a la vida religiosa, como lo veremos más adelante. Por ahora hagamos alusión al tal Jesús María. 


Jesús: también cogió la bajada
Los comentaristas de la época dijeron que esta deserción se había visto venir, como consecuencia directa del temperamento del muchacho. (Era "volado de genio"). Y, en cuanto a que el joven "mostrara emoción por ser cura, 'pocón, pocón'. —Eso dijeron literalmente, como parte de sus conclusiones. Y añadieron que "no le brotaba la piedad por los poros, sino que, por el contrario, abría los ojos de gusto ante el vino de consagrar y debilidad por cumplir el reglamento del seminario—. Y, como si lo anterior fuera poco, sus compañeros tampoco estaban a gusto con él, por cuanto se mostraba rebelde a la vocación, diciéndole a todo mundo que no le nacía ser cura. Por el peso de tantos argumentos tuvo que coger la bajada. (Es decir, retirarse del seminario mayor diocesano). 

Enrique, quien estuvo cerca de 
ser sacerdote diocesano
(En el modo de hablar pamplonés, coger la bajada, se refería a que como el seminario donde se formaban los presbíteros, quedaba en la parte alta de la población, quienes abandonaban el ideal de consagrarse, evidentemente tenían que cruzar la puerta principal, alcanzar la reja y coger la bajada para irse a su casa, a seguir el curso de la vida secular, como cualquier hijo de vecino. Pues bien. Este hermano del pensionado que lo apodaban el rubicundo, entre otros alias, tuvo que someterse al veredicto: Hacer la maleta, cruzar la reja, y coger la bajada hacia su casa).

La última ilusión entonces, para la madre, de que algún varón de la familia se hiciera sacerdote parecía recaer en el último candidato disponible, en el pensionado, el hijo menor. Es probable que al comprobar que ya no habría más esperanza, la decepción se hubiera convertido en lágrimas. Pero jamás podrá saberse con exactitud. Lo cierto es que ella terminó aceptando la nueva situación y conviniendo en que los dos recién casados entregaran la pieza que tenían arrendada y se trasladaran a vivir con ella a la carrera sexta del barrio Girardot. Después de todo, era buena idea porque todos los otros hermanos ya  habían tomado sus propios caminos. Yolanda se había ido para Bogotá a conseguir sus propios sueños. Enrique estaba casado. Jesús haciendo su licenciatura de Idiomas en la universidad de Pamplona. Mario ya era funcionario de una entidad estatal y tenía su propio hogar. Alirio, el radiotécnico, vivía y ejercía en Pamplona. Incluso, para la fecha, su hija Ihlia María, muy valiosa para ella, ya no estaba en la casa, debido a que varios años atrás, había ingresado a la comunidad de hermanas de la caridad del Cardenal Sancha, cuya  sede principal estaba en la República Dominicana.

Sor Ihlia María, ficha valiosa
de la familia Botello

 Desde el año 76, había profesado solemnemente sus votos tras la respectiva preparación para los mismos, dos años antes. Así que doña Alejandrina, así ella no estuviera a su lado, hallaba en ella un aliciente invaluable que seguramente la mantuvo firme y motivada hasta el final de su vida. Había adelantado sus años de primaria en el colegio de esas mismas monjas, en Sardinata, mientras iba estudiando también su vocación religiosa.

El pensionado la recuerda con particular afecto y admiración y sabe parte de su valioso historial, por ejemplo, que ella hizo todo su bachillerato en La Presentación de Pamplona y luego, ya en Bucaramanga, tomó la seria decisión de dejarlo todo para viajar a Bogotá, donde ingresó a la Comunidad sanchina. Desde entonces su papel como hermana y religiosa ha sido de suma importancia en el desarrollo de la familia, siendo soporte material y espiritual de sus padres y hermanos, particularmente, durante los periodos de crisis y de pena. 

Ahora, a principios de agosto será la celebración solemne de sus 50 años de vida consagrada, después de una meritoria trayectoria como docente y directiva de varios colegios importantes de la reconocida congregación cubana en Colombia.