En esta oportunidad el pensionado se remontó a recuerdos añejos del año 2004, entre ellos, un reinado ecológico en el colegio Llano Grande de Girón, la muerte trágica de un exalumno y la visita de los inspectores de la Secretaría de Educación
Y otro, de cuando cursaba su sexto grado en Pamplona, en el colegio Provincial; y un cazador de vocaciones lo convenció de irse a estudiar para ser cura redentorista en el seminario de La Mata, (san Alfonso, ahora, en Piedecuesta)
De nuevo el pensionado voló con su imaginación a otra época de su vida laboral, como docente del colegio Llano Grande, hacia el año 2004, imaginando que entraba al colegio llevando dos bolsas de plástico repletas de ejemplares de la edición 33 de su producción periodística que entonces tenía el nombre de Informativo Lebb, —del cual se produjeron y difundieron un total de 65 ediciones—, para ofrecerlos en los salones con la esperanza de que los alumnos los adquirieran.
Era consciente de que iría a encontrar obstáculos en su empeño porque había profesores que no les gustaba que les interrumpieran las clases o les causaran indisciplina en los salones, o que la rectora Ligia mostrara oposición porque los iba a vender. Ella, muy receptiva de las inquietudes de la comunidad, había oído lamentos de los padres de familia y de algunos profesores, (se agregaría al grupo opositor después una pomposa dirigente sindical), que los niños —sobre todo los de los cursos de abajo— botaban el dinero de la media mañana comprando ese tal periódico escolar en lugar de llenarse el estómago con gaseosa y empanada. Y eso era inaceptable para ellos, porque tenía prelación, naturalmente para ellos, el bienestar corporal de los educandos.
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| Nota en el Informativo Lebb33 de la época |
Se había quedado entonces el año 2004 sin estudiar, desorientado y sin apoyo, decepcionado de todo, sin nada que hacer con su vida. Situación que habría precipitado su decisión fatal. Recordaba entonces a la coordinadora Gilma que lamentó profundamente el suceso y el no haber tratado, a nivel de colegio, con más inteligencia e interés humano el caso de Jaime Diaz. El tema preocupaba a muchos porque de donde venía el pensionado también habían ocurrido varios suicidios de estudiantes que no le hallaron atractivo ni sentido a su vida. Y, de hecho, años más adelante, ocurrirían en el colegio otros dos sensibles fallecimientos de estudiantes bajo esa modalidad del suicidio. De ahí la razón de incluir, en esa edición del Informativo 33 el artículo El suicidio de ex alumnos nos compete. Pensaba al igual que sus colegas Gilma y de Oris —había había matriarcado entonces en el colegio, las mujeres mandaban— que ese delicado tema debería ser de forzosa inclusión en los planes académicos, en los esfuerzos de orientación escolar e incluso debería despertar vivo interés filosófico en el proyecto educativo institucional. De hecho, el pensionado volvería repetidas veces sobre esa funesta realidad, como lo demostraría después en un artículo de El Observador 40, consignado en uno de sus blogs: La tragedia
(Acceso gratis a toda la versión original de esa edición del Informativo, haciendo click en el siguiente link: Informativo Lebb 33 )
Recordaba asimismo el pensionado cómo estuvieron un tanto estresados los profesores y las directivas la primera semana de ese noviembre de 2004, debido a la visita fiscalizadora de los inspectores de la Secretaría de Educación, en las personas de Don Segundo Forero y de la legendaria Ana Lucy Villamizar.
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| Galería histórica de las bien bellas de aquel 2004 |
Y, efectivamente, hacia el año 68, entró de interno en el seminario de La Mata, (Así lo llamaban, como la vereda donde estaba ubicado), en medio de una enorme expectativa por parte, tanto de los padres superiores, como por el lado de sus nuevos compañeros de curso. El pensionado llegaba como alumno nuevo precedido pues de gran estatus académico, por haber sido integrante de la terna de los mejores alumnos de primero de bachillerato, como se llama ahora al grado sexto, del célebre colegio provincial, san José de Pamplona.
El día de su llegada, estaban haciendo dos filas los estudiantes del seminario frente a la capilla. Al lado estaba ubicada una casona donde se hallaban los dormitorios y otras dependencias. Se distanciaron un poco las filas, los estudiantes dieron media vuelta para hacerle calle de honor. Y lo ovacionaron al pasar por el medio, con aplausos y frases de bienvenida, lejos de imaginar que el pensionado los iba a defraudar a los pocos meses.
Suponían ansiosamente que le arrebataría el primer puesto a un tal Albarracín, el genio del colegio hasta ese momento, el cual, —dirían los informantes—, empezaría a mirarlo con venia y respeto, temiendo por su vida exitosa y por su prestigio en el terreno académico.
Al respecto, un simpatizante momentáneo del recién llegado, predijo mal y con ironía: "¡Este Albarracín no sabe lo que le va por la pierna arriba!"









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