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miércoles, 22 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (CAPITULO 12)

Le fue imposible a nuestro protagonista pronunciar en el almuerzo de su despedida pensional, delante de sus compañeros, un discurso histórico. Sólo pudo articular unas cuantas palabras para el olvido. No obstante, la magia de la ocasión le permitió sumergirse en sus recuerdos existenciales, como quizá lo hacen los moribundos de quienes se asegura que, en sus últimos instantes, toda su vida se les pasa por delante... 

Y éstos fueron unos de los tantos recuerdos existenciales que vinieron a su memoria: 


12. RECORDANDO A LAS VIEJAS Y VIEJOS ESTUDIANTES 

Las fotos exclusivas del observador corresponden al año 2013, durante la inauguración de los juegos inter clases del colegio Llano Grande, la cual tuvo como escenario las calles coloniales de Girón, por donde desfilaron los alegres estudiantes, hasta el coliseo Juan Pablo II, donde, en presencia de un auditorio importante de padres de familia y público en general, los diferentes grados del colegio y sedes anexas presentaron un excelente espectáculo de creatividad, coordinación, colorido  y música. 

Regresó al pasado, en imaginaria nave del tiempo, viendo pasar velozmente por sus ventanales episodios vividos a lo largo de sus años, hasta detenerse frente a las imágenes deportivas de unos históricos estudiantes que reclamaron su atención, como cuando él los abordaba con la cámara si le parecía que ese momento ameritaba congelarse para el recuerdo. Luego, se vio a si mismo frente al computador, una noche posterior a la inauguración de los juegos inter clases del 2013, mientras preparaba el periódico escolar El Observador, en su edición 23. (Pueden acceder a su versión original aquí: El Observador 23

Estaba justamente armando el mosaico de fotos múltiples del evento, conocida popularmente como collage. (Del verbo francés coller, que significa pegar). Mientras seleccionaba, copiaba y pegaba, fue trayendo a la memoria a la señora Ligia Avellaneda, (rectora del colegio hasta ese año), cuando pronunciaba el discurso alusivo al acontecimiento, subrayando la importancia de la actividad física como motor esencial en la formación y en el desarrollo de los jóvenes. 

Era una de sus últimas prédicas por cuanto, al mes siguiente, hacia sus finales, haría el anuncio formal de su retiro mientras ella y sus queridos profesores, (así los llamaba de cariño), saboreaban un suculento plato de pollo. A finales de octubre se le prodigarían, como reconocimiento a sus 10 años de servicio a la Institución, los respectivos homenajes de despedida, con Misa, diplomas, oratoria popular, y placa incluidos. El editor del periódico, —recuerda con pesar el pensionado—, no tuvo grandes motivos para otorgarle un premio o un  diploma, por cuanto ella aparte de no concederle importancia a El Observador. le impuso restricciones a su venta y distribución, argumentando que era lesivo para la economía de las familias de los estudiantes.

Volviendo a la composición fotográfica de arriba, el editor marcó la primera foto del collage con el número uno, donde se apreciaban, de negro y blanco, los estudiantes atléticos de noveno, quienes se lucieron al presentar su rutina correspondiente, haciendo énfasis en la unidad de las razas. El Observador 23

En la foto dos, con la crema de la belleza adelante, los chicos de octavo esperaban la señal para comenzar su lujosa y movida presentación que atrajo muchas miradas vibrantes del auditorio. En la foto tres se destacaba un puñado de estudiantes con mentalidad ganadora del curso séptimo con sus sendas cachuchas. 

Las gráficas cuatro y cinco recogían respectivamente escenas de la vistosa e inolvidable presentación de los cursos sextos (los celestiales) y de la sección Primaria del colegio. Los tiernos bailarines, arrancaron explosivos aplausos del público. En la seis hacían pareja feliz, la digna representante del SENA y el serio coordinador de la sección primaria.

Pero más felicidad parecía reflejar la imagen siete, donde el edecán se pegaba zalamero a la guapa madrina de décimo. En la escena ocho, una escena de la notable presentación de los estudiantes de la sede D, quienes, personificando la naturaleza, convocaron a los asistentes, con sus atuendo llenos de hojas, de pétalos y de colores, a que amen, respeten y cuiden la tierra "donde nacimos".

La gráfica nueve correspondió a los encumbrados del colegio, (en el buen sentido de la palabra), es decir, para la personera Leidy, (con botas y dominante atuendo); y su edecán, a la usanza romana. Ambos eran entonces jóvenes de la promoción 2013. 

El típico profesor piedecuestano Pedro,
el gigante nardo, Mercedes, y la
mogotana rectora doña Ligia, que 
 presidió correctamente, parte de 
la historia del colegio Llano grande
 En la escena diez nuevamente los jovencitos de la sede A, quienes   mientras bailaban con toda su graciosa inocencia, iban contando,   con sus movimientos, el cuento del Soldadito de plomo.  En la   foto once, se aprecia el desfile de los grupos Octavos, con la     madrina más admirada de todo el evento.
 
 La gráfica doce registraba el rostro deslumbrante de la reina  del   curso Once, representante no sólo del talento sino también de la   belleza que se cultiva y aprecia en el colegio Llano Grande.

 En la imagen trece una pareja muy edificante de los cursos  novenos nos ilustró sobre cómo deben convivir sin discriminación   y concordia las razas de la tierra: morenitas al lado de rubios, ojos   negros  a la par con ojos azules, sin complejos ni divisiones.

 Es importante resaltar que aunque todos los grupos   protagonizaron estupendas presentaciones artísticas, el Jurado, en   esa oportunidad, concedió el primer premio a la interpretación de los cursos décimos, cuyo video se puede apreciar arriba en el enlace respectivo. 

Antes de proseguir el viaje de las memorias, el pensionado recordó que la edición del periódico vio la luz  hasta el 29 de octubre de ese año. Por esa razón registró detalles del homenaje a la rectora Ligia Avellaneda,  En el anexo de las noticias locales se hacía un gran despliegue del evento y se apuntaba, entre otras cosas, que el viernes 25 de octubre había sido destinado por la comunidad de Llano Grande, para ofrecerle a la saliente Rectora Ligia Avellaneda un homenaje de admiración y reconocimiento por sus eficientes labores administrativas durante tantos años. 

Recordaba que, según el registro del periódico, fue "hacia las siete de la mañana, en el patio central de la casona, en torno a mesas de manteles blancos, que los profesores y padres de familia compartieron tamales, panes y chocolates, después de los discursos de mutuos elogios y agradecimientos, comenzando con el representante de la junta de padres, y siguiendo con la respuesta emocionada de la rectora". Recordaba que también en esa ocasión, la ronda de alocuciones la concluyó el profesor Juan Carlos, el cual, con su inconfundible acento costeño, puntualizó los valores ejercidos por la agasajada durante sus largos años dedicados a la Institución..


Gracias a esa misma versión 23, también recordó el pensionado la valiosa participación del Colegio, los días 22 y 23 de octubre en el Sexto salón del estudiante, en Neomundo, con la asistencia de varios colegios del área metropolitana, de Málaga, San Gil, Vélez, Barrancabermeja y El Playón. Obviamente, el colegio Llano Grande tuvo allí un mostrador, detrás del cual se destacaban los grandes perfiles del profesor Misael y Felipe, líderes de los programas ecológicos y directores de los proyectos respectivos. Se acercaban allí, pues, con grandes esperanzas los visitantes, no sólo a contemplar los vinos ricos exhibidos, de joven añejamiento, sino también a comprarlos; y, de paso, se quedaban a consumir los chorizos gordos pero dietéticos, dorados en la vereda junto con las legumbres orgánicas y hasta postres selectos de la región. Fue una vitrina que permitió exponer los resultados de los procesos de formación entre el Sena y los colegios del departamento con quienes estaban articulados. También  —en palabras de un funcionario de la época —se "buscaba apoyar la consolidación de una cultura de buenos emprendedores y empresarios", asunto en el cual seguramente han seguido trabajando.

El pensionado también detuvo su memoria en la imagen de la personera del colegio de ese entonces, Leidy Cristina Ramírez, por haber sido excelente estudiante, —Obtuvo el puntaje más alto en la prueba Saber 11—. Además se destacó por haber tomado parte en la mayoría de los eventos culturales, deportivos y hasta políticos; pues participó como candidata a la personería, obteniendo la más alta votación. Quedó en el ranking de las mejores líderes estudiantiles que ha tenido el colegio en sus 35 años de historia, después de presentar el informe real de sus logros al frente de su ministerio. 

Entre otras datos, al respecto, aseguró que había gestionado con éxito el subsidio de transporte para los estudiantes, así como la reparación del puente peatonal, al cual le habían añadido mallas laterales de seguridad. (La foto en el periódico). Agregó que le había hecho fuerza, —lamentablemente en vano, a un cambio de horario benéfico para sus compañeros. Pero que, en compensación, había conseguido más cupos en el restaurante escolar para más comensales. Anunció que les tenía buenas noticias a las vanidosas porque tendrían en el baño más espejos donde arreglarse, o por lo menos dónde intentarlo. Fue también artífice de que se hubiera celebrado a plenitud el día del estudiante y de haber tramitado implementos deportivos para la sede. Se fue con el desencanto de no alcanzar a ver restaurado el polideportivo que tenía serios problemas de piso y drenaje, que se anegaba con las lluvias, hasta el punto de convertirse en un inmenso espejo donde se reflejaban poéticamente todas las nubes del cielo. 

Y al mencionar estos temas de lluvias, de espejos y de nubes del cielo, el pensionado no pudo menos que recordar cuando, dejando el carro parqueado frente a la tienda, él hacía el camino a pie, por entre charcos y fango, hasta el colegio, pasando por el colonial puente peatonal al cual en ese año le pusieron mallas laterales, como se mencionó arriba. El rio embravecido, de color como agua de chocolate, que avanzaba amenazante, cubriendo la batea e invadiendo los riberas de piedra y pasto, lo obligaba a detenerse sobre las tablas vacilantes del puente para tomarle fotos o videos a su cauce envalentonado y hacerlo famoso. Y en seguida, los chicos de las veredas que se bajaban de los buses incapaces también de cruzar, desfilaban igualmente también hacia el colegio. El pensionado también aprovechaba esa entretenida calamidad climática para tomarles fotos 
—que ha sido su pasión toda la vida— haciéndoles la promesa de publicarlas en el periódico. Y ellos aceptaban sonriendo, creyendo sinceramente allá en su cerebro donde anidan seguramente los sentimientos más nobles que el futuro será un hecho, será historia, y que, cuando pase la vida, con sus trajines, con el estudio, con los amores y las experiencias, remontarse a épocas vividas, no será para nada cosa "vana de viejos: 

Volver al pasado, así sea calándose un sombrero añejo en la cabeza, —como lo hizo el profesor Pedro— o enfundándose un traje típico, —como lo hizo la chica linda de las trenzas, o tan sólo sostener carteles alusivos a una época honrosa, es una manera de elogiar la historia que nos precedió, de exaltar los valores de quienes la protagonizaron y de dejar constancia de que ser autor de cualquier obra por más sencilla que parezca por el bien y la alegría de las personas, se quedará sin reconocimiento o recompensa. ¡Así que bienvenidas sean las buenas obras porque tendrán sus buenos recuerdos!

miércoles, 15 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO CAPITULO 11

 Le fue imposible pronunciar en el almuerzo de su despedida pensional, delante de sus compañeros, un discurso histórico. Sólo pudo articular unas cuantas palabras para el olvido. No obstante, la magia de la ocasión le permitió sumergirse en sus recuerdos existenciales, como quizá lo hacen los moribundos de quienes se asegura que, en sus últimos instantes, toda su vida se les pasa por delante.

10.  EN EL PASADO CON SU PADRE

Cálida e inolvidable celebración de compañeros

Mientras se entretenía descubriendo el obsequio que le habían entregado sus amigos docentes, en su despedida pensional, se transportó felizmente a otro momento histórico de celebración con un grupo escogido de colegas en la residencia de Ruby, la profesora de matemáticas, tratando de establecer sin éxito cuál había sido la bendita razón para reunirse a festejar a finales de octubre de ese año. Descartando la opción de que haya sido por la proximidad del Halloween, (no se ven escobas ni disfraces en la gráfica), cobró validez la posibilidad de que hubiera sido para conmemorar cumpleaños acumulados durante el año. Independientemente de las causas, se puede concluir que fue una oportunidad de oro para compartir tiempo, sonrisas, viandas y fortalecer los ojalá inmortales vínculos de amistad y compañerismo. En este momento capturado por la cámara, los ilustres compañeros entonces del pensionado están a punto de hacer el brindis ceremonial. Sentada está la madre de la anfitriona Ruby, luego está Rosalba, (adoradora de nietos); enseguida una de las Claudias, del colegio, (santandereana desparpajada). A continuación, los profesores Alberto, (el juguetón), Milinsa, (pan de Dios), Luis, uno de los Césares, (el pensador), Andrés, (el demócrata), otro de los Césares, (el Magno), el sosegado Raúl, Ruby, otra de las Claudias, (una bilingüe genial); y, en el extremo derecho, Luz Mila, la heredera de la sede de Barbosa. 

Después quedaría bajo investigación por qué no salió en esa foto el papá de Ruby, artesano genial, de grandes virtudes, a quien la profesora lo mantiene, (no en el sentido que están pensando), lo mantiene, junto a la madre, en un merecido pedestal. (Estaría tomando la foto o quizá organizando sus artesanías).

Y de la misma forma, así como la espontánea y activa profesora Ruby pone "en la cumbre de sus alegrías" al padre y a la madre, igualmente el pensionado ha elevado al altar de sus eternos recuerdos a su padre y a la madre. Es entonces muy fácil para él, más en este mes de junio, que fue el de su cumpleaños, cerrar los ojos y regresar gratamente al pasado, a reunirse con él y con su legado.

Evocaba, pues, la grata memoria de su padre, el cual, aparte de administrar con mucha propiedad el lenguaje oral, también reservaba tiempo, en la mesa del comedor, para redactar fervorosamente cartas o versos, con tinta clásica o "chuzando", con los índices de sus pesadas manos, las teclas bochincheras de su máquina de escribir. Al ritmo de las rondas cerveceras, le agradaba entonar las tonadas de despecho a cappella, o al ritmo de las cuerdas festivas de su inseparable tiple.

Para él los versos arrabaleros, de las hermanitas Calle, de los Relicarios y otros similares de cantina, ocuparon los primeros lugares de su preferencia musical. Como fiel admirador del lenguaje florido y de sus autores, recitaba de memoria largas líneas inspiradas e incluso nos declamaba parte de las estrofas compuestas por él, el cual, muchas veces, al pie de las ventanas nocturnas, dedicó, con ínfulas de Tenorio, a las mujeres que lo desvelaban.

Pero, primordialmente el botín más valioso de su herencia inmaterial, lo conforma su chispa y buen humor. Desde luego también tuvo sus tiempos de mal genio, tiempos de rabietas, de decir malas palabras, de cometer desmanes, sobre todo cuando se dejaba tentar por el diablo del licor. Sin embargo, el pensionado, prefiere recordarlo en su facha de bueno y sano, deleitando a los suyos con sus chistes recalentados, con sus historias trilladas, pero como nuevas, sus apuntes ingeniosos y sus chanzas, relacionados con su profesión de dentista o con sus experiencias de viajero y conocedor de mundo. 

Desde allá, desde la finca del Edén, en el Gramalote antiguo, la cuna del padre del jubilado, comenzaría el ejercicio de sus dotes de cuentero, tras la comida vespertina, cuando ya los arreboles se apagaban sobre el filo de las montañas y el trémulo resplandor de una lámpara de aceite intentaba insinuarse en el interior de la cocina. Era entonces el momento oportuno para que los ex comensales, a fin de burlar el aburrimiento y para no buscar tan temprano las esteras, dieran vuelo a la costumbre de conversar según sus antojos, de buscarle incluso juego a las sombras y gracia a las siluetas en los muros. Gustoso momento hogareño para gastar bromas y pasarla bonito en buena compañía. Fue desde allá entonces, por ausencia de luz eléctrica, de radio o televisión y de otras distracciones modernas, que el padre brillante en expresión oral empezó a compartir buena parte del menú de sus narraciones y experiencias jocosas. Si no era al principio de la noche, entonces era al inicio de la mañana, tras el cariñoso amanecer, en torno a la mesa, listos a saborear un chocolate espeso, con pan y queso manufacturados en casa. Y si no era tras el desayuno, porque muchas veces los abundantes quehaceres del campo los dispersaban pronto, había que buscar otros momentos de recreo, bien al mediodía o en las celebraciones especiales.

Apenas comenzaba a hablar, todos le lanzábamos una mirada de distinción como a patriarca de la narrativa, de memoria sorprendente y estilo jovial, que incluso se reía de sus propios chistes.

De allá seguramente, proviene el cuento del papá del pensionado cuyo protagonista era una señora, amante de las novedades, que se entusiasmó de remate con la noticia de que había llegado al parque del pueblo un vehículo que hacía bulla, echaba humo y rodaba rápido sin ayuda de caballos. Le hervían entonces, por dentro, las ganas de montarse en él y pasearse por las calles. Sin embargo, la información sobre semejante novedad no había sido muy completa para ella, ni muy clara tampoco. Además la semántica no era su fuerte. Y como, a la sazón empezaron a circular los términos de chofer, de carro, palanca, clutch y de todas esas nuevos vocablos que muchos escuchaban, pero ni sabían diferenciarlos ni aplicarlos. Por eso fue que la señora en mención, irrumpió en el parque, exaltada e impetuosa, gritando: “¡Quiero montarme en el chofer!” 

El chofer —cuenta don Marcos, riéndose—, se emocionó internamente con la idea. Pero, sin burlarse de ella o hacerle un comentario de doble sentido, pasó más bien, a explicarle con mucha pedagogía y educación, la diferencia entre carro y chofer. La señora, lejos de sentir vergüenza se dejó corregir y, en seguida, saltó al estribo del carro dispuesta a cumplir su sueño. 

Por otra parte, así como lo hizo la señora que quería montarse en el chofer, don Marcos — o Marbolleán, como solía firmar sus escritos— también dejó aumentar el caudal de sus cuentos urbanos y anécdotas campestres, con sus propias experiencias, con sus logros o fracasos. 

Por ejemplo, una vez fue acusado ante las autoridades de agredir verbalmente al sastre del pueblo por una desavenencia comercial entre los dos. Por ese motivo el alcalde lo citó a su despacho para que presentara descargos o se disculpara con el ofendido. A la citación se presentó, como la ley lo facultaba, con un tal Calixto Moros, para que hiciera de abogado o conciliador entre las dos partes. Era su compañero de farra, de su confianza, medianamente letrado y sin pelos en la lengua. 

En la audiencia  se acaloraron tanto los ánimos, porque el sastre insistía en declararse inocente y víctima del acusado. Don Calixto que también era un fósforo no dejaba de replicar y hostigar gritando a la parte acusadora. Fue entonces cuando el alcalde, muy contrariado por el desorden en la sala, a falta de martillo, palmoteó estruendosamente la mesa. Ante el estrépito, todos guardaron silencio. En seguida, le impuso al improvisado abogado defensor, una multa de diez pesos –cifra respetable para la época– . Don Calixto, con sorna y dignidad postiza, sacó dinero de la cartera. Y,  levantando aún más el tono, vociferó: 

¡Aquí  tiene los diez pesos de la multa. Y aquí tiene otros diez pesos más, para que me deje seguir hablando!

Al padre del pensionado lo entusiasmó tanto esa actitud explosiva de su defensor, su reacción rápida y certera que de él nos dejó otras historias, como aquella de peligro y pronóstico reservado, cuando a su prestante tienda esquinera, se presentó intempestivamente un mala paga, portando un viejo revolver oxidada, gritando furioso que venía a saldar una vieja deuda con el dueño, no con plata sino con plomo. 

Como es de imaginarse, el arma del desafiante, tal vez presente en la guerra de los mil días, había estado dormida mucho tiempo. Lo suficiente como para que la inacción pusiera óxido en sus entrañas. Resultó entonces que, tras ser accionada repetidas veces apuntando hacia el tendero, no disparó un solo tiro. Ante lo cual, don Calixto, imperturbable y pausado, extrajo de debajo del mostrador un brillante revolver en buen estado, de cañón largo, que de inmediato se lo puso entre ceja y ceja, con fingida pero creíble mirada asesina, gritándole en la cara: 

“¡Este sí prende!”.

En verdad, no existían en la mente del bondadoso Calixto Moros intenciones criminales de querer enviar a ese fulano al más allá. Como imitador de actor burletero del oeste, más bien, inclinó el arma, haciéndole varios disparos alrededor de sus alpargatas. El tipo, aterrorizado hasta los huesos, bailó mientras duraba el compás de los tiros, antes de salir despavorido de la tienda. Poco tiempo después regresó al mostrador de don Calixto, no altanero, sino más bien humilde y contrito, a pagar la deuda casi sin decir nada. Pero sus cotizas, otrora danzantes por temor al plomo, no volvieron jamás a pisar el tapete de fique de bienvenida. 

jueves, 2 de julio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (Parte Décima)

Le fue imposible pronunciar en el almuerzo de su despedida pensional, delante de sus compañeros, un discurso histórico. Sólo pudo articular unas cuantas palabras para el olvido. No obstante, la magia de la ocasión le permitió sumergirse en sus recuerdos existenciales, como quizá lo hacen los moribundos de quienes se asegura que, en sus últimos instantes, toda su vida se les pasa por delante.

10.  SECRETO AL DESCUBIERTO Y VOCACIONES

Otra imagen interesante que se le vino a la cabeza, mientras transcurría su despedida, fue ésta de abajo, captada en la sala de profesores, en julio del 2022, en una de sus acostumbradas celebraciones comunitarias, en momentos de efervescencia cuando la mayoría de sus compañeros acordaron tomarse la foto con la intención feliz de que la historia los recordara. (¡Ojalá se alcanzara el milagro!). Fue un instante divertido de unión, de celebración, circunstancia grata para experimentar el acercamiento y el calor humanos. Creemos que de esto último puede dar mejor fe el rector, el cual, como siempre, estaba asediado por el  aprecio cálido de sus profesoras.


Pero luego, nuestro incorregible viajero mental se devolvió nuevamente a los momentos posteriores de su matrimonio secreto en la parroquia de las Victorias. Después de tomarse la foto y dejar el atrio de la iglesia, ya en el taxi hacia la casa de los padrinos, iba alternando la mirada hacia su enamorada y hacia lo desconocido, (con aire de inquietud interna), por cuanto, esa decisión de casarse así, de improviso, sin contarles a los amigos y a las respectivas familias, le empezaba a parecer un poco contraproducente, tal vez fuera de foco. Podría generar a los ojos de propios y extraños, apenas supieran la noticia, críticas y hasta condenación.  

Y no sólo eso, también, sobre todo en el caso particular de doña Alejandrina, la madre del pensionado de 70 años, con diabetes y con un corazón débil, que lo tenía en la cumbre de sus afectos, podría exponerla a una impredecible crisis de salud. En cambio, la reacción de su padre, don Marcos, no lo asustaba tanto. Sabía que era más bien impávido, como él mismo se calificaba, es decir, que no se inmutaba gran cosa así lo sorprendieran con noticias muy fuertes. Y, efectivamente, así fue, cuando se enteró del hecho. Lo único que exigió, como Tomás el incrédulo, (y eso por instancias de un hermano), fue la presentación de la respectiva acta matrimonial, no fuera que el hijo se quisiera pasar de listo, fingiendo casamiento sólo para disfrutar las mieles de una relación ilícita. 

Una vez presentada la partida, don Marcos, no sólo aceptó a la nuera, sino que también los invitó a que compartieran con ellos la casa del barrio Girardot. Acarició la oportunidad de hallarle compañía a su señora en esa casa tan grande, mientras él se ausentaba gran parte de la semana, por estar atendiendo su consultorio dental en Pamplona. Por el lado de la novia, no se preveía rechazo o censura. El padre adoptivo que tenía en esos momentos, (Ever se llamaba), era como un san José, fuerte y valiente, y de hecho, asimiló la noticia con actitud sabia. Igual que doña Mercedes, una madre muy práctica, de talante imperturbable, quien seguramente deseaba que todas sus seis hijas, casi todas hechas y derechas, se hicieran a buenos maridos. Y así fue. La noticia, aunque le produjo la natural impresión, la recibió sin ningún trauma; aunque, hay sospechas de que no le gustó mucho, por cuanto su hija Ruby invertía casi todo su sueldo en ella y en la casa.

Sin embargo, todavía quedaba el problema de revelarle a la madre del pensionado el nuevo estado civil de su hijo menor. Todos pensarían que los más indicados eran los mismos esposos secretos, los cuales, como adultos, deberían asumir la responsabilidad de sus propias decisiones. Pero no era así. No se atrevían, les asustaba la idea de que podría reaccionar muy mal. Entonces, estimaron conveniente delegarle la misión a una persona cercana a ella, de confianza y que usara bien la palabra. Fue entonces cuando el pensionado pensó en la abogada perfecta, en su tía Adela, que vivía en el barrio El Jardín; y de inmediato, los dos bien de acuerdo, fueron a visitarla para contarle primero lo que habían hecho y para pedirle el favor de que, no sólo le contara a su hermana Alejandrina, sino que también intercediera ante ella, para alcanzar su aceptación. 

Y así fue. El pensionado, le anunció en la casa que la tía Adela la necesitaba para comunicarle un asunto importante. Entonces, ella se apresuró a coger el bus, Pan de azúcar, (así se llamaba la ruta), y se presentó en la casa de la hermana. Les confesaría luego la tía que doña Alejandrina, una vez enterada del asunto, se había quedado muda y pensativa, y que luego se había puesto a llorar.

Seminario mayor Santo Tomás de Aquino en Pamplona
La razón de su llanto, de su silencio pensante, sigue siendo para el pensionado un asunto no aclarado del todo, una especie de misterio sin resolver. Es probable que le doliera a doña Aleja el engaño del hijo, con tintes de traición. O, que le afectara no ser tenida en cuenta, por su hijo y por su nuera, en la toma de una decisión tan importante para la familia. O, quizá, la razón fue la amargura de haber perdido la última esperanza de contar con un sacerdote en la familia Botello, en la persona de su hijo menor. Tuvo, al término de la malograda vocación del hijo mayor, otra ligera oportunidad de alcanzar ese sueño, en el tal Jesús María, —tercero en la lista de los hermanos—, el cual también pasó por los claustros del seminario, con la tentativa de ser cura. Y también había desistido. Sólo restaba el menor que también había mostrado cierta inclinación a la vida religiosa, como lo veremos más adelante. Por ahora hagamos alusión al tal Jesús María. 

Los comentaristas de la época dijeron que esta deserción se había visto venir, como consecuencia directa del temperamento del muchacho. (Era "volado de genio"). Y, en cuanto a que el joven "mostrara emoción por ser cura, 'pocón, pocón'. —Eso dijeron literalmente, como parte de sus conclusiones. Y añadieron que "no le brotaba la piedad por los poros, sino que, por el contrario, abría los ojos de gusto ante el vino de consagrar y debilidad por cumplir el reglamento del seminario—. Y, como si lo anterior fuera poco, sus compañeros tampoco estaban a gusto con él, por cuanto se mostraba rebelde a la vocación, diciéndole a todo mundo que no le nacía ser cura. Por el peso de tantos argumentos tuvo que coger la bajada. (Es decir, retirarse del seminario mayor diocesano). 

Enrique, quien estuvo cerca de 
ser sacerdote diocesano
(En el modo de hablar pamplonés, coger la bajada, se refería a que como el seminario donde se formaban los presbíteros, quedaba en la parte alta de la población, quienes abandonaban el ideal de consagrarse, evidentemente tenían que cruzar la puerta principal, alcanzar la reja y coger la bajada para irse a su casa, a seguir el curso de la vida secular, como cualquier hijo de vecino. Pues bien. Este hermano del pensionado que lo apodaban el rubicundo, entre otros alias, tuvo que someterse al veredicto: Hacer la maleta, cruzar la reja, y coger la bajada hacia su casa).
Jesús: también cogió la bajada

La última ilusión entonces, para la madre, de que algún varón de la familia se hiciera sacerdote parecía recaer en el último candidato disponible, en el pensionado, el hijo menor. Es probable que al comprobar que ya no habría más esperanza, la decepción se hubiera convertido en lágrimas. Pero jamás podrá saberse con exactitud. Lo cierto es que ella terminó aceptando la nueva situación y conviniendo en que los dos recién casados entregaran la pieza que tenían arrendada y se trasladaran a vivir con ella a la carrera sexta del barrio Girardot. Después de todo, era buena idea porque todos los otros hermanos ya  habían tomado sus propios caminos. Yolanda se había ido para Bogotá a conseguir sus propios sueños. Enrique estaba casado. Jesús haciendo su licenciatura de Idiomas en la universidad de Pamplona. Mario ya era funcionario de una entidad estatal y tenía su propio hogar. Alirio, el radiotécnico, vivía y ejercía en Pamplona. Incluso, para la fecha, su hija Ihlia María, muy valiosa para ella, ya no estaba en la casa, debido a que varios años atrás, había ingresado a la comunidad de hermanas de la caridad del Cardenal Sancha, cuya  sede principal estaba en la República Dominicana.

Sor Ihlia María, ficha valiosa
de la familia Botello

 Desde el año 76, había profesado solemnemente sus votos tras la respectiva preparación para los mismos, dos años antes. Así que doña Alejandrina, así ella no estuviera a su lado, hallaba en ella un aliciente invaluable que seguramente la mantuvo firme y motivada hasta el final de su vida. Había adelantado sus años de primaria en el colegio de esas mismas monjas, en Sardinata, mientras iba estudiando también su vocación religiosa.

El pensionado la recuerda con particular afecto y admiración y sabe parte de su valioso historial, por ejemplo, que ella hizo todo su bachillerato en La Presentación de Pamplona y luego, ya en Bucaramanga, tomó la seria decisión de dejarlo todo para viajar a Bogotá, donde ingresó a la Comunidad sanchina. Desde entonces su papel como hermana y religiosa ha sido de suma importancia en el desarrollo de la familia, siendo soporte material y espiritual de sus padres y hermanos, particularmente, durante los periodos de crisis y de pena. 

Ahora, a principios de agosto será la celebración solemne de sus 50 años de vida consagrada, después de una meritoria trayectoria como docente y directiva de varios colegios importantes de la reconocida congregación cubana en Colombia. 

sábado, 20 de junio de 2026

ME DIJERON VIEJO Y PENDEJO POR NO QUERER VOTAR POR LA IZQUIERDA

 Al poner en duda razonable la competencia integral del candidato zurdo para ser presidente, desperté la ira y la coprolalia en un fanático suyo: Tras muchas groserías remató con dos palabras bastante benignas con respecto a las anteriores: Me tildó de viejo y pendejo.

Sentí lógicamente la tentación de responderle en términos iguales, tal vez peores, pero me contuve porque había leído que, cuando alguien insulta a otro y lo ofende con vulgaridades, está utilizando un mecanismo no recomendable de defensa para desahogar sus frustraciones, "enmascarar inseguridades propias, intentar controlar y manipular a los demás". También había leído conceptos duros de que tales personas adolecen de insuficiente educación familiar, de control emocional y que, en vez de propinarles latigazos, a cambio, o dosis similares de amargura y agresividad, habría más bien que comprenderlos, responderles bien y hasta rezar por ellos. Lo de viejo no me dolió porque ciertamente soy viejo. Y es un logro que ojalá lo consiga. Y lo de pendejo tampoco, porque, como dice el refrán, uno llega a viejo y no deja de ser pendejo. Tendrá muchos aciertos y sabiduría en esa edad, pero seguirá propenso a cometer pendejadas como, por ejemplo, esa de tener amigos de dudosa formación mental, innecesarios y verdugos en las redes sociales.

Le expreso, en consecuencia, mis disculpas por haberlo hecho sentir mal con mis opiniones políticas; justifico su ira verbal porque cuando uno ama a alguien, no tolera que ni siquiera pongan en duda su grandeza y la fe absoluta en la verdad de sus virtudes. Parece ser tu caso. 

Concédete, sin embargo, como parte de la penitencia por haber fallado a nuestra amistad en las redes, el beneficio de la duda metódica. Esa herramienta de René Descartes para demoler falsas creencias y llegar a la verdad firme sin cuestionamiento. Duda entonces de que tienes la verdad absoluta y con ella el candidato perfecto.

Los analistas han señalado objetivamente que Iván Cepeda es fiel a su ideología rígida, por cuanto representa a un obsoleto marxismo-leninismo ortodoxo, considerado una doctrina del pasado incompatible con la economía de mercado moderna y la realidad contemporánea. 

"En el mejor de los casos, —comentan los expertos—, un hipotético gobierno de Cepeda buscaría transformar radicalmente la estructura económica, combatiendo la propiedad privada de los medios de producción en favor de la estatal. Esto generaría consecuencias catastróficas para la economía colombiana, creando ineficiencias, desabastecimiento y alejando las señales del mercado internacional, como ha sucedido en modelos fallidos como los impuestos en Cuba. en Venezuela y en otras latitudes".  

Han señalado también que le falta experiencia administrativa. A diferencia de otros mandatarios, Cepeda ha desarrollado su carrera sólo como defensor de derechos humanos y congresista, sin haber administrado ni siquiera una tienda, ni estar al frente de una alcaldía, no ha sido gobernador ni gerente de una gran empresa.
Lunar negativo en la vida laboral de Cepeda

Esta carencia se considera una debilidad dramática frente a las múltiples crisis que enfrenta el país, especialmente después de la cuestionada administración de Petro. Los críticos señalan que no ha gestionado grandes presupuestos ni dirigido equipos humanos robustos, lo que genera incertidumbre sobre su capacidad para regir el Estado eficientemente y resolver problemas prácticos de gestión pública más allá de sacar decretos. 

Para otros analistas, al considerar sus profundos afectos por la izquierda, Cepeda les genera serios reparos sobre su vocación democrática y sobre sus reales capacidades para desempeñarse eficientemente como estadista. No lo consideran capaz de satisfacer las necesidades de seguridad ciudadana, debido a su malograda paz total y a su cercanía sentimental con la insurgencia y los grupos armados, lo cual lo hace aparecer, no sólo como un personaje carente de autoridad para enfrentarlos, sino también como gestor veterano de impunidad, además de fermento del progreso delincuencial.
 
No le han descubierto, como estadista que debe ser, sólida experiencia en los asuntos públicos, ni capacidad de visión a largo plazo. Tampoco hay pruebas claras de que esté bien enfocado en el bien común por encima de sus propios intereses partidistas, ideológicos o electorales.

Lo que más llama la atención de Cepeda es que no tiene carisma de líder ni de caudillo. No inspira. No arrastra. Carece de oratoria. Su estilo para hablar en público es académico, estructurado, dictado por el papel. No se conecta emocionalmente con las masas, no transmite entusiasmo, ni convicción. Por el contrario. Su polarización ideológica suscita división, en lugar de unificación; efecto que sí desencadena un verdadero líder.

Otro punto que desacredita a Cepeda, según algunos observadores, es su propósito de darle continuismo al controvertido proyecto político de Petro. Lo asocian directamente con las controversias de la actual administración, como cómplice mudo de la infinidad de actos de corrupción, de falta de gestión y despilfarro de las finanzas públicas. Esta situación desdibuja hasta el extremo su imagen de liderazgo independiente, porque se le confunde con cualquiera otra figura petrista fiel al régimen. 

Historial negro del gobierno Petro
Su perfil, se complementa con la cantidad de imágenes y narrativas que revelan su cercanía histórica con las FARC, hasta el punto de llamarlo el heredero de las mismas, o el candidato de la subversión, que de hecho, lo apoyan en las zonas donde éstas ejercen autoridad y gobierno.

También se le critica por su silencio o ambigüedad inicial frente a la negativa del presidente Petro a reconocer resultados electorales adversos, lo que para algunos observadores demuestra una falta de respeto hacia el Estado de derecho, hacia las Instituciones y las ramas del poder. Se argumenta que su proyecto político podría derivar en una dictadura constitucional o en un régimen que limite las libertades individuales, aprovechando mecanismos como una Asamblea Constituyente, idea de la cual supuestamente este candidato se ha desmarcado públicamente, pero que sigue en la agenda secreta de su movimiento político.

Considero finalmente que el país necesita un candidato exitoso que una, que resuelva, que tenga propuestas alcanzables. Una persona que demuestre capacidad técnica, es decir, aptitud: conocimientos y habilidades. Que demuestre coherencia ideológica en consonancia con los tiempos actuales, que no represente las viejas prácticas de las promesas falsas y de las propuestas inviables. Alguien que obre al derecho, sin seguir la línea torcida de la polarización, de la corrupción, de la no ejecución, del desperdicio del presupuesto público, de complicidad con la delincuencia organizada. Uno que sepa escoger a sus colaboradores por competencia y ética, no por ideologías enfermizas o conveniencias partidistas. Es hora, como asegura un gran pensador colombiano, de "enterrar el comunismo (o lo que se le parezca) y de recuperar el rumbo económico e institucional del país" .

jueves, 18 de junio de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (Parte nueve)

8. El Matrimonio secreto (Parte 2)

Antiguos alumnos practicando la agricultura. Al fondo, 
a la izquierda, la sección primaria. A la derecha, la sección 
nueva, donde funcionaban algunas aulas del bachillerato.
Al destapar el obsequio del wiski, mágicamente destapó también el recuerdo del día aquel, cuando se presentó con su señora en la vereda Llano Grande, de Girón, con el fin de explorar el sitio donde iría probablemente a trabajar de profesor desde la mitad de ese año 98. 

Allí vio por primera vez al recién nombrado rector don Heliodoro, en compañía del profesor de ecología, tocayo suyo, Luis Eduardo; ambos estaban, en tiempo extra, en el desafío de cuadrar el pesado portón metálico de la entrada a la sección nueva del instituto.

Parando entonces unos momentos sus esfuerzos los saludaron y les preguntaron el motivo de la visita. El entonces licenciado en idiomas les informó que había estado laborando siete años y medio en varias veredas frías de Vetas, que había pasado el concurso docente de Girón con la deseada intención de llenar una vacante precisamente como profesor de inglés en el colegio del cual él era rector. Se mostró al instante, agradado por la noticia y le anticipó la bienvenida a Llano Grande. Igualmente, con una sonrisa, lo hizo el profesor Luis Eduardo.

La venerable casona, de tapias pisadas y pisos de ladrillo,
perteneciente a la dinastía Valderrama, cedida por su dueño para el 
funcionamiento del colegio
.
Acto seguido, por amable insinuación suya, pasó a conocer las instalaciones de la sección primaria, a su izquierda; y, a su derecha, la sección nueva. Saliendo de allí, al cruzar una cancha deteriorada por el tiempo, (hasta el sol de hoy), volvieron a la carretera estrecha por donde habían llegado. Al final de la misma, descubrieron una edificación antigua, de dos amplios corredores, con techos de teja colonial, sostenidos por estantillos de madera, conocida por años como la Casona, donde funcionaban la rectoría, la secretaría y la cafetería de los docentes. Asimismo, tenía salones pequeños para la sala de informática y para la mayoría de los cursos del bachillerato, en esa época. 

"Durarían poco en el colegio estas celebridades contaría después el pensionado—, porque don Helio —como se le nombraba en confidencia—, pronto saldría pensionado y lo sucedería en la rectoría, doña Ligia Avellaneda, proveniente de Mogotes. Apreciamos su forma atenta y respetuosa de relacionarse con los padres de familia, los alumnos y con los profesores, dejando de recuerdo no sólo esas virtudes sino el patrimonio musical del himno del colegio. El profesor Manuel Candela, Josué y Alfonso, creo que abusaban de su nobleza, haciéndole ocasionales travesuras disciplinarias.

Gran Patriarca del clan Valderrama, en cuyos predios, 
con aprobación suya, surgió el colegio Llano Grande.
En broma, 
decía que era dueño del mismo. Al fondo,
a la derecha, se aprecia el famoso carro rojo del  
profesor Misael. Durante muchos años, transportó
con alegre espíritu charaleño, a los profesores
desde Girón, cuando las vías eran trochas.
Por otra parte, el profesor Luis Eduardo, gran amigo mío también se iría con mucho pesar suyo, a ejercer en otra entidad educativa, dejando no sólo una huella de sentido de pertenencia y de consagración al colegio, sino también grandes y complejas amistades, como la especial que sostenía con la secretaria de entonces. Tenía una camioneta de platón y una finca cercana que visitaba casi todos los días. 

El pensar en esa amistad 'especial' del tocayo con Luz Marina, me forzaría a compararla con mis propios 'amores clandestinos', cuando convivimos un tiempo con mi señora, casados sí, pero en secreto; y en este caso, un poco diferente, por cuanto el profesor teniendo mujer, cortejaba, al tiempo, también a la secretaria; pero nadie decía nada en contra de eso, era un secreto a voces.
 
Años después, en Piedecuesta, acudiría a una sala de velación y tendría que ver allí a sus dos mujeres, despidiéndolo para siempre, sentadas junto al ataúd, mientras yo repasaba diversas escenas cuando trabajamos los tres ahí en Llano Grande. Cuando se marchó de allí para otras veredas, y nos veíamos ocasionalmente en cursos o asambleas, me expresaba sus inextinguibles deseos de volver a Llano Grande. Esa añoranza perenne y el conflicto de sus amores divididos marcaron la existencia poco dulce de mi inolvidable tocayo, quien paradójicamente sufrió gran parte de su vida de diabetes y murió por culpa suya". 

Y, en este punto, cuando mencionó la diabetes volvió a acordarse de las pupilas de miel de su novia, en aquellos momentos cruciales cuando estaban definiendo el futuro de su relación. Y se vio, nuevamente, fijando sus pupilas golosas en las de ella, resuelto a formalizar el pacto de casarse a escondidas. Y, en efecto, como poderosos imanes se atrajeron esos labios, antes en pausa, encendiendo el mecanismo de casarse sin siquiera informarle a familiar alguno, sin pregón público, sin prensa ni solemnidad. Acto seguido, (como dijimos antes), fijaron una fecha cercana, eligieron la parroquia de la Victoria, por ser de su agrado, y se apresuraron a llamar al respectivo despacho con el fin de ultimar los detalles. El padre Alfredo Afanador Pinzón, que ese año cumpliría trece años como párroco y se iría, les programó con rapidez el curso prematrimonial, (Pre-Caná, en inglés), les solicitó las partidas de bautizo y como los vio ya creciditos, bastante maduros, incluso pasaditos, no estimó necesario proceder a hacer las amonestaciones matrimoniales, ni ponerles reparo alguno. Quedaría ese matrimonio en los registros diocesanos, como uno de los últimos oficiados por él. Uno o dos años más tarde, partiría para la eternidad.

Voló entonces, de nuevo, hasta ese año, exactamente hasta ese sábado 27 de marzo, aterrizando, como veíamos en el capítulo anterior, en el pasillo central de la iglesia de las Victorias, mirando hacia la mesa sagrada, donde recién habían encendido las dos velas, como preámbulo para la ceremonia. Allí estaban, pues, muy juntos, el pensionado y su prometida Ruby; y a su lado, los padrinos, esperando y esperando a que el ministro sagrado apareciera solemnemente, y los invitara a ocupar los reclinatorios, dispuestos para la ocasión junto al altar.

Los confabulados en el matrimonio secreto del pensionado: De izquierda
a derecha: El padrino David Bautista, el joven pensionado, el Padre Alfredo
afanador, la Sra. Ruby y la madrina doña María. (Exceptuando los
casados, el resto de cómplices ya fallecieron). 
Y la causa de la demora era porque, en la sacristía, el cura Afanador —que, por cierto, no era tan afanado—, solía, antes de oficiar, ceñirse metódicamente el alba y la casulla, ponerse juicioso la estola y el cíngulo. Mientras tanto, los novios y los padrinos observaban con aires de desconsuelo, el interior de la iglesia, su vacío y soledad. 

Sólo notaron, en una de las bancas, el perfil único de una humilde devota, de rebozo y camándula; y, arriba, en el cielo raso, los traviesos aleteos de oscuras golondrinas, revoloteando de un lado para otro.

Pero la demora del experimentado celebrante se debía también a que había estado planeando para los novios una sorpresa bomba, como para mitigarles, en cierto modo, la desolación y la inasistencia de feligreses. Para ese efecto, había apelado a la tecnología del momento, mandando a su acólito distraído que sacara de uno de los cajones de la sacristía un tocadiscos portátil y lo llevara a la pequeña mesa de las vinajeras, al lado del altar, junto con un acetato pequeño que contenía en sus surcos la marcha nupcial de Mendelssohn. Una vez instalada tan sorprendente tecnología de punta, mientras se acercaba a los reclinatorios, le ordenó al muchacho, con un gesto de mano, que pusiera a sonar la música marcial, mientras invitaba sonriente, con otro gesto, a los contrayentes y a sus acompañantes a que desfilaran de manera improvisada hasta los reclinatorios. Y así lo hicieron, aunque desacompasados, mientras resonaban a todo volumen las chillonas notas marciales.     

Fue cuando se imaginaron que el tiempo empezaba a pausarse hasta el grado de congelar sus imágenes. El novio apareció con su atuendo simplón de universitario, (ver arriba la foto); mientras ella, con sus abundantes rizos castaños, modelaba su repetido vestido dominguero. El padrino, que se había sacudido de prisa el aserrín, faltando por la tarde a su taller de carpintería, venía de paisano: de manga larga, sin corbata y con pantalones de dril clásicos. La madrina lucía el peinado cotidiano y la pinta siempre escogida para las ocasiones excepcionales. Todos se acercaban como en cámara lenta mirando fijamente al cura, con la creciente expectativa de que se consumara pronto la boda.

Y, por fin, acallada felizmente la música, el celebrante se acerca a los contrayentes, ya al frente de los reclinatorios. Levantando la mano derecha, pronuncia la fórmula sagrada, que imitan los asistentes: "¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!" De esa manera da inicio al sacramento, el cual continúa tal como lo prescribe la santa madre Iglesia.

Mientras tanto la devota de rebozo negro, al fondo, en una de las bancas, sigue musitando sus rezos, las golondrinas, surcando incansables el cielo raso. Y, el pensionado, con pensamientos trémulos, va buscando las argollas de fantasía que había comprado en el centro para la ocasión, con la incumplida promesa de adquirir las de oro puro. Llegado el momento, pronuncian los votos de fidelidad y compromiso y se colocan los anillos. 

Terminada la boda, el oficiante y los padrinos felicitaron a los recién casados deseándoles la felicidad protocolaria y la eterna duración del enlace. (Hoy, a 44 años de distancia, el matrimonio continúa). Luego, los nuevos esposos convidaron al padre hasta el atrio de la iglesia donde se tomaron, con una muy modesta cámara, la foto para la historia. El padrino rodeó con su brazo izquierdo al serio recién casado. Y éste, a su vez, también se tomó la confianza de ponerle la mano en el hombro izquierdo al padre Afanador. (Ver arriba la foto). No está muy claro en la memoria del pensionado si hubo cena de celebración esa noche; aunque dicen que esa es una de las obligaciones de los padrinos. Lo que sí recuerda con claridad es que no hubo una luna de miel formal, con viaje incluido a un hotel caribeño de fantasía y playa. Aunque la verdad es que sí hubo hotel, pero no tan costoso, donde pasaron una noche inolvidable de luna de miel. Fue precisamente en uno esquinero del parque de Girón, donde se hospedaron en una alcoba del segundo piso, imaginando que era su primera gran noche de amor. 

Sin embargo, no fue una noche tan encantadora. Allí el ruido y el calor desvelaron a los hospedados. Abajo, en una carnicería empezaron bien temprano, a punta de porra y cuchillo, a preparar la costilla, el lomo, la rabadilla, entre otras presas de la vaca, para los clientes que madrugaban a aprovisionarse de la carne para el almuerzo. Fue cuando, ella, entre dormida y despierta, murmuró una de las frases más recordadas por ellos, con mucho humor: Y fue: "¡Mucha bulla, papito, mucha bulla!

martes, 26 de mayo de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (Parte Octava)

 Anheló pronunciar en el almuerzo de su despedida laboral, delante de sus compañeros, un discurso histórico; le fue imposible por falta de talento, por psicología, por tiempo; sólo pudo articular unas cuantas palabras para el olvido. No obstante, la magia de la ocasión le permitió sumergirse en sus recuerdos existenciales, antes de pasar al retiro pensional, como quizá lo hacen los moribundos de quienes se asegura que, en sus últimos instantes, toda su vida se les pasa por delante

8. El Matrimonio secreto (Parte 1)

¿Serán acaso manos sinceras?
Al apreciar el gran número de compañeros congregados para despedirlo a él y a sus otros colegas, no pudo evitar conmoverse agradeciendo el gesto. A la par, le recorrió el cuerpo un sentimiento de pesar, porque, a partir del siguiente año, ya no contaría más con su compañía. De hecho, los iba obligatoriamente a recordar con nostalgia cuando ya estuviera ausente del colegio, sin horarios ni obligaciones, e incluso en sus sueños reviviría escenas propias de la rutina escolar o de los eventos académicos en los cuales había tomado parte.

En sus breves películas oníricas, por ejemplo, se vería en el salón de clase repartiendo guías de cien pesos a sus estudiantes, bromeando con ellos o con sus colegas más cercanos; tal vez, haciendo enojar al rector por jugar dominó con el profesor de deportes, con el de música y el de Física. Otras veces, aparecería en el papel estelar de vendedor de periódicos, con sus Observadores y llaveros en bolsas blancas, de salón en salón, donde unos profesores lo recibirían con buenos ojos y otros con mala cara. En las horas de vigilia lo asaltarían las dudas tentadoras sobre si su declaración de que extrañaría mucho a sus compañeros era similar a la de ellos por él, o sea que también lo echarían de menos. Entonces, mirando la caricatura del costado, se interrogaba: "¿Serán acaso manos sinceras?" Y él mismo se contestaba. "Es posible que por un tiempo seamos sinceros. Pero pronto seremos olvido"

Pese a la amenaza del olvido, a largo plazo, ese fenómeno regresivo de los sueños sobre temas del pasado, sobrevendría después. Y el pesimismo de volverse olvido, podía esperar hasta que acabara de escribir sus memorias. 

De tal modo que, al finalizar el agasajo de la despedida, —por la magia de su imaginación—, se abandonó, (como era vicio suyo), al ocio de evocar también su matrimonio secreto en la parroquia de Las Victorias, en el 82, que se caracterizó por la ausencia absoluta de amigos con regalos y familiares con sonrisas. Voló entonces hasta ese año, precisamente hasta el 27 de marzo, ubicándose en la nave central de la iglesia, mirando hacia el presbiterio, donde recién habían encendido las dos velas de los ángulos del altar, como preámbulo para la ceremonia. 

Allí estaban, pues, muy juntos, el pensionado y su prometida Ruby; y a su lado, los testigos, esperando a que el Ministro sagrado apareciera, revestido para la ocasión, y los convocara. 

Pero antes de llegar el instante crucial, de expresar ante el sacerdote los votos matrimoniales, en cuanto a ser fiel en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, hasta que la muerte haga lo suyo, los contrayentes habían aprobado previamente, con disciplina y fervor, su curso prematrimonial con el párroco Alfredo Afanador, que estaba probablemente emparentado con el altísimo linaje eclesiástico de Pamplona, donde todavía se ponderan los logros de monseñor Rafael Afanador y Cadena, tal como el de haber importado desde Francia a los hermanos cristianos para regir con éxito el colegio Provincial San José de Pamplona. Y habían conversado confidencialmente con David y María, dos grandes amigos suyos del barrio, para persuadirlos de que los apoyaran como padrinos encubiertos de esa boda, algo así como clandestinay lo habían logrado. (Más adelante entenderemos las razones por las cuales ellos lo quisieron así. Mientras tanto, sigamos hablando de los padrinos secretos).

Fueron bien seleccionados, ciertamente, estos siervos de Dios para ese ministerio de apadrinar a esos novios temerosos de que el mundo se enterara abiertamente de sus serias responsabilidades conyugales. El padrino David se desempeñaba como carpintero cotizado en su barrio y era aplaudido en su parroquia por ser un laico comprometido. Aparte de leer mucho y aconsejar a las personas, le gustaba ir y venir por la ciudad, haciendo sus diligencias en su bicicleta corriente, que manejaba con mucha propiedad. Sin embargo, años después de convertirse en padrino, bajando por una de las calles a la cual le habían suprimido su condición preferencial, —que tal vez él por descuido no tuvo en cuenta—, colisionó violentamente contra un taxi. Fue el final trágico del gran padrino del pensionado, el cual se mantendría en su memoria como una de las figuras más significativas de su historia. La madrina, sobrellevando con mérito su viudez, lo sobreviviría por varios años, antes de partir también. 

Tales hechos lamentables ocurrirían muchos años después, como suelen acontecer a los mortales. Y causarían en su momento las respectivas penas. Pero, ahora parece adecuado seguir hablando del asunto que nos ocupa, bastante más grato, como es el matrimonio secreto del pensionado. Hablemos entonces ahora de la la novia y de algunos otros datos interesantes que provocaron la decisión de la pareja de casarse a escondidas.

El pensionado Luis, la había conocido, de forma curiosa, iniciando sus prácticas docentes, el último año de su licenciatura en Idiomas, en una dependencia de la universidad, que sería luego la Fundación colegio UIS. Parqueó entonces su bicicleta, (el medio de transporte que prefería entonces), y la aseguró con candado en el ciclo-parqueadero, antes de ingresar al edificio respectivo, a cumplir su entrenamiento como maestro. Fue cuando descubrió acodada en una de las bardas, a una joven de corta estatura, pero elegante, vestida de negro, esperando el inicio de la jornada. La vio tan diferente a las otras estudiantes, que se le antojó compararla con una profesora. De hecho, le hizo la pregunta de si lo era, con el interés de ganarse su confianza. Ella confesó que no, que era estudiante. Acto seguido ella le devolvió la misma pregunta, de  quién era él. Y él contestó que iba a ser su profesor de Inglés. La joven que se mostraba muy despabilada, añadió que trabajaba como secretaria del padre Pedro Elías, en la parroquia de san Roque y que vivía cerca de la iglesia, en el mismo barrio Gaitán; que había ido a estudiar porque se había fijado la meta de terminar el bachillerato y porque —enfatizó su hábito— le gustaba cumplir con puntualidad sus compromisos: "A mí me gustan las personas puntuales" Recordó el pensionado que entonces le expresó su futura esposa. Acabó por darle su nombre con alguna sonrisa sugestiva, antes de ir a ocupar su puesto. Fue esa misma noche de la primera práctica docente, que, al tomar la lista de sus alumnas mencionó a Cecilia Reyes, quien sería 16 años adelante buena amiga suya y compañera de trabajo en el instituto Llano Grande, de Girón. Fue en verdad un inicio de noche prometedor que cambiaría fundamentalmente el futuro de dos vidas, la del pensionado arboledano y la de la chica proveniente de Puente Nacional. 

Desde esa noche, de mucho porvenir y poco de inglés, empezarían a verse seguido los dos, no sólo ahí en la clase, sino también aquí y allá, bajo un arbolito, en las gradas de los edificios o en los pastizales de la universidad, para cruzar palabras, sensaciones y experiencias, o sólo para tener la dicha de gustarse mutuamente. Y así, de charla en charla, de encuentro en encuentro, la relación inicial de amistad pasó rápidamente a cariño, y de cariño a mayor afecto, y de palabras simples y besos simples, hasta palabras más íntimas y besos más complejos. Empezarían a circular por el barrio y sus alrededores, notas picantes como la de que el universitario muy amartelado, próximo a graduarse de licenciado en Idiomas, la transportaba en la barra de la bicicleta hasta su casa del Gaitán. La verdad es que lo intentaron una vez, pero la idea, por incómoda, no prosperó. Resolvieron más bien caminar los dos con la cicla rodando al lado.

Pero ahí no pararon los reportes públicos picantes sobre los amores del profesor y de su alumna. Decían que los veían demasiado melosos, dando espectáculo público de afectos desmedidos. Con todo y eso, sin prestar demasiada atención al qué dirán envidioso, se la pasaron así todo el primer año desde que se habían visto por primera vez en el colegio de las prácticas docentes. Sin embargo, como nada es eterno en el mundo, a esos deleites sospechosos del noviazgo también les llegó su turno fatal. Y el ultimátum lo expresó la novia un día al pensionado, cuando inoportunamente le suspendió un beso prolongado, para apartarse y mirarlo duramente a los ojos. Acto seguido, le dictó la sentencia diciéndole que no quería más un noviazgo así, largo y de meras caricias, que debían casarse pronto. El pensionado, que todavía tenía la trompa estirada, se quedó congelado, de una sola pieza. Al recobrar todas las piezas, le expresó sus dudas, la inconveniencia de casarse sin tener él empleo y un lugar decente donde vivir con ella. Pero dejemos mejor que, al estilo de Laura en América, el pensionado nos cuente directamente la respuesta que le dio y cómo llegaron a ponerse de acuerdo. Entonces, "¡Que siga el amante!:" 

"Entiendo que quieras formalizar nuestra relación, —le replicó para que podamos ya vivir como esposos; pero, nuestras condiciones actuales no lo permiten. Si bien tú tienes un empleo, yo no tengo el mío. Vivamos, así como marido y mujer, pero sin casarnos todavía. De ese modo podemos ahorrar hasta que estemos en condiciones de independizarnos. Por ahora lo más inteligente es que tú sigas en tu casa y yo en la mía. Arrendemos una pieza, como nido íntimo donde practicar el amor".

La propuesta no le cayó del todo bien a la futura mujer del pensionado, sobre todo esa parte de "vivamos como marido y mujer, pero sin casarnos todavía" Entonces propuso la solución: "¡Casémonos a escondidas, sigamos en nuestras respectivas casas, vayamos comprando cosas y practicando el amor!" El pensionado acogió gustoso la propuesta de casarse a lo bien, ante la Iglesia y ante la ley, pero sin contarle a nadie. Y, ella, en consecuencia, fijando su pupila miel en la pupila golosa del pensionado, se mostró dispuesta a firmar el acuerdo reactivando el beso suspendido. El novio, ni corto ni perezoso, volvió feliz entonces a estirar la trompa.