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domingo, 30 de septiembre de 2012

LOS FANTASMAS QUE ALGUNA VEZ NOS PRESENTARON



Por Lebb 

En aquella época pre-modernista ––como les he venido contando–– durante la cual no nos engolosinaban ni los canales de televisión o los juegos electrónicos y ni siquiera podíamos imaginar las redes sociales, nos gustaba a los hermanos, a nuestro padre y a tal cual hijo de vecino, sentarnos a conversar y a echar cuentos, ya hacia el final de los bellos atardeceres, en torno a una mesa o apostados en un corredor de ladrillo a la luz de una lámpara campesina

 

 Al fondo, tras la baranda de madera que flanqueaba el costado del pasillo hacia el monte, empezaban árboles, campos y montañas a perder sus colores, sus formas y encantos a merced de la avasalladora oscuridad de la noche. Era entonces cuando mi hermana, que apenas comenzaba a hablar pero entendía bastante, cada vez que alguién terminaba de hacer algún apunte jocoso, se ponía de pie, se arreglaba el cabello y comentaba con entusiasmo, en su propia lengua sin "r", diciendo: "Eso sí fue pa' lija!"  A cual más trataba de corregirla y al cabo de un buen de tiempo de entrenamiento medio se le escuchaba la "R". Pero a semejanza de los pecadores empedernidos, pasado un rato y después de una tanda de cuentos, volvía a ponerse de pie, sonriente y con esta expresión pascual en los labios: "¡Eso sí fue pa'lija!"

En una de esas ocasiones, precisamente hacia mediados de septiembre, el tema favorito de la charla fue sobre las apariciones y los espantos, sobre ese curioso mundo de los misterios del más allá y también del más acá. Alguien entonces, bien garboso y con voz propia para el suspenso, puesto en pie, comenzó a  relatar una especie de experiencia sobrecogedora al respecto; aunque la verdad es que no nos convenció para nada de la existencia de ningún fenómeno paranormal, aunque sí, como decía la abuela, nos hizo mucha gracia. 
Nos narró en detalle que una vez en una noche "tenebrosa y fría", como dice la canción, tuvo que, por física dictadura del cuerpo, retirarse de  la casa de campo en busca de la complicidad de unos matorrales donde pudiera ejecutar sin vergüenza una necesidad sencilla. Es preciso dejar claro que en esas épocas que yo he dado por llamar pre-modernistas, las familias eran numerosas lo mismo que las "necesidades" de los cuerpos. Las letrinas no daban abasto. Y es que a veces sucede, tal como le pasó a nuestro narrador, que uno siente afanes de sentirse amado por las estrellas y parecerse en algo al Adán del paraíso, el cual seguramente tuvo muchas veces la satisfacción de hacer eso mismo a la intemperie.
Estando entonces en la mitad de esa noble faena, ––volviendo al cuento––, nuestro amigo escuchó aterrado unos ayes escalofriantes a pocos pasos de donde se encontraba. Lógico, los pelos abundantes de su cabeza se le pusieron literalmente de punta. Petrificado el hombre, pero con la adrenalina que lo enciende a uno para no dejarse matar o para salir corriendo valientemente,  se atrevió a preguntarle con voz  trémula al misterioso sufriente la razón de sus quejumbres, porque bien podía ser un alma en pena solicitando un empujoncito de oraciones o un fantasma errante que estuviera pidiendo pista para descansar de tanto dolor en este mundo. Entonces sacando fibra de donde no tenía y con voz trepidante le preguntó:
"¡Díme, alma, en nombre del Cielo, que necesitas? ¿Qué sufrimientos te aquejan en este Valle de Lágrimas?" 
Y del más allá de los matorrales una voz enfurecida, no precisamente de un ánima en pena, sino de un cuerpo en necesidad, le contestó: 
"¡Qué alma, ni qué carajo, lo que pasa es que tengo una diarrea endiablada y unos retortijones bárbaros en el estómago! Pero ya que insistes, podrías ayudarme. ¡Pásame papel para lo que sabemos".
Y mientras todos celebrábamos las ocurrencias del narrador, nuestra hermana típica se levantaba, miraba en círculo sonriendo y comentando: "¡Eso sí fue pa' lija!"
Cuando ya las voces se silenciaron un poco, participó entonces otro del grupo, el cual, muy animado, dijo: "¡Yo también tuve una experiencia semejante a la de mi amigo, pero con una sufriente de espíritu, con nadie menos que con la famosa Llorona. Resulta que me hallaba recostado contra la ventana, allá en el pueblo,  víctima del insomnio por culpa de los amores de Claudia, cuando de repente, un agudo y prolongado gemido proveniente del exterior, como desde el fondo  de la calle, irrumpió en la alcoba. Como reacción inmediata, aparté de un manotazo la cortina para atisbar ansioso la soledad de las sombras. Pero en vano: mis ojos no obtuvieron respuesta. En cambio mis oídos, volvieron a escuchar el lamento prolongado, doloroso, gemibundo. Comprobé desinflado que no provenía de ninguna Llorona, sino de uno de los muchos gatos del vecindario que andaba físicamente pegado de los amores de la gata más bonita de los tejados. ¡Y el pobre sí que gemía largamente por culpa suya lanzando sus maullidos al viento como ánima en pena! Sin embargo, al día siguiente, el compadre de la esquina me comentó que unos borrachitos jóvenes que se habían quedado hasta altas horas de la noche cerca del río sí habían visto a esas mismas horas descender por la calle una mujer alta, vestida de blanco con un enorme velo azotado por el viento, gimiendo largo y preguntando entre lamentos que dónde estaban sus hijos. Los borrachitos creyeron que estaba preguntando por ellos y en un santiamén se les pasó la borrachera".
No tendré que contarles otra vez la intervención de nuestra hermana; porque ya saben que otra vez se levantó risueña, con la candidez propia de un ser exclusivo, a decir: "¡Eso sí fue pa' lija!"
Y una vez más acalladas las sonrisas, aprovechó el momento uno de los menores del grupo para compartir también una experiencia de espantos cuando a él le tocaba subir solo hacia el campo donde trabajaba. Casi siempre se le hacía tarde y las sombras más densas lo sorprendían justamente en el trayecto más boscoso y solitario de la travesía y cuando su aliento empezaba a escasear. 
Refería entonces que en esa ocasión el clima le había sumado a la escena el ingrediente del viento y de la llovizna. El avance por lo tanto se le hacía dificil pues la vista apenas lograba admitir sombras confusas de los árboles cuyos ramajes temblorosos convulsionaban en todas las direcciones.
"Para no alargar la historia...

(Bueno, ahora debo cortarla aquí. Nos veremos en la continuación de esta historia.)


FRASES MEDITABLES


*Uno tiene que SER algo para poder HACER algo. - Goethe


* Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas, y ¡pronto!

* La dicha de la vida consiste en: tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”

* Debes ser, el CAMBIO que quieres ver en el mundo.

* Solo existen dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, creer, hacer y principalmente vivir.

* Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa - Proverbio chino 

* No existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza.

*La dificultad es una excusa que la historia nunca acepta.

*Aprender sin pensar es tiempo perdido; pensar sin aprender es peligroso.

viernes, 21 de septiembre de 2012

¡HOY ENTRÓ EN CIRCULACIÓN EL OBSERVADOR 20!

¡Con nueva imagen y nuevo estilo la última edición del año!





NO TE LA DEBES PERDER 







Más información, artículos, comentarios y otras fotos de los eventos en la página oficial del OBSERVADOR:


http://observador2012.jimdo.com/ 

  

sábado, 15 de septiembre de 2012

NOVENO ANIVERSARIO


¡FELIZ ANIVERSARIO!

EL ARLEQUÍN y sus amigos


Todos poseemos anhelos que no nos atrevemos a compartir abiertamente con los demás, salvo cuando la ocasión permite máscaras y disfraces. Ahí es cuando surgen los "héroes", los "payasos", las "princesas", las "muñecas pelirrojas", los
"magos" para mostrar con sonrisas las otras facetas importantes de nuestro mundo interior

Por Lebb 

 Los observadores de la vida parecen estar de acuerdo en que el uso de disfraces, de máscaras, polvos y coloretes permite a cualquier persona, de forma divertida y sin necesidad de caer en el ridículo, mostrar no solamente diferentes facetas de su personalidad, sino también revelar tras esos atuendos y payasadas sueños internos, anhelos pendientes, vocaciones tardías o quizá, y ojalá no fuera cierto, aspiraciones frustradas.
 Por eso es que son bienvenidas y aplaudidas las ocasiones, llámense ferias o fiestas, que tienen las personas, para que, como en una sesión terapéutica, gocen la licencia de vestirse de forma sugestiva y así poder desempeñar un rol diferente del que habitualmente representan en la sociedad. Hay quienes lo toman también como beneficio psicológico o medio cómico de evadir la realidad aunque sólo sea por un corto periodo de tiempo.
El objetivo, siguen diciendo los expertos, es sondear más de cerca y con sinceridad los ideales de uno mismo que se debaten en las fibras más internas del  corazón. Bajo la protección mágica de una barba blanca, de la nariz superlativa de un payaso, de la peluca roja de una muñeca deseada, de los rombos chillones de un Arlequín, los sueños están automáticamente al alcance de la mano. Es entonces cuando un estudiante, por ejemplo, puede alcanzar la identidad de un Merlín o el protagonismo de una princesa en un cuento de Hadas, el título de un superhéroe de pantalla o los honores de un prócer de la historia.
Si bien es cierto que hoy día las mascaradas o fiestas de disfraces se han convertido más que antes en eventos cómicos y jocosos, no han dejado de tener los significados expuestos arriba. Siguen conservando bajo la lupa del analisis psicológico la tendencia íntima del ser humano de escaparse de realidades opacas, perturbadoras o insatisfactorias. El hecho de recomponer el rostro con una mano de cosméticos o de transformarlo en una cara postiza de felicidad, o de enfundarse en un traje brillante, o de caracterizar a quien con su varita mágica transforma realidades, son formas de encarnar fuertes ambiciones o de revelar sutilmente deseos fundamentales que la persona ama y quiere materializar en su vida.
 Sin embargo, existen con relación al tema dos aspectos que se deben considerar. El uno se refiere a que no siempre, dada la naturaleza humana con inclinación al egoísmo y a la malicia, los intereses íntimos pueden resultar propósitos nobles de vida. El otro se refiere a que muchos prefieren pasar la existencia solamente deseando ser, sin dar el salto práctico al hacer.
 Así que, el Arlequín y todos los enmascarados, llámense Batman, Capitán América, Spiderman, Barbie, etc. pueden caer en la tentación de continuar viviendo de modo facilista y abstracto sus ideales de éxito, de felicidad, de amor y entusiasmo con puro maquillaje y solamente bajo sus disfraces. Les corresponde entonces, sin dejar de amar la creatividad y la fantasía, identificar sus reales propósitos existenciales para que los incluyan definitivamente con letra mayúscula en sus proyectos de vida.

A todos también nos corresponde,  pues aún tenemos anhelos que cumplir, valorar e impulsar las ambiciones e ideales de cuantos nos rodean, así estaríamos también contribuyendo a la realización de nuestra propia vocación humana.

domingo, 9 de septiembre de 2012

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS DECEPCIONES




La grave y creciente problemática de los embarazos adolescentes en Colombia, pasa por noviazgos liberados como el de Alicia Dorada, quien cuenta parte de su historia para que  otras "Alicias" de pronto no pasen por lo mismo

 Por Lebb


Hace algún tiempo el famoso Gurú del amor, del cual les hablé el otro día y del cual también he registrado varios episodios de sus andanzas, me llamó para compartir conmigo otra de las anécdotas más significativas en su apasionante actividad como consultor de amores y consejero de corazones. Y en esta ocasión me estuvo hablando de una bella chica de nombre Alicia Dorada, pariente talvez de otra Alicia no sé si de la Adorada o la del país de las maravillas. Como sea la cosa esta chica de nuestra historia era una colegiala inteligente y con grandes aptitudes, entre las cuales brillaba el amar sin pensar mucho y el dar demasiado, pidiendo poco.
Le contaba entonces al Gurú que, precisamente por esa generosidad suya, por ese desprendimiento en el afecto, había accedido a darle a su novio ––porque se la pasaba pidiendo––  ‘pruebas tangibles'de amor, porque ya no se contentaba sólo con palabras y besos virginales.
"Ese pedigüeño comenzó pidiéndome poquito ––contaba desde el principio––: un beso, dos besos, hasta tres besos sencillos y cálidos.  Y yo se los daba. Pero después, cuando entró en efervescencia, me pidió besos complejos de mayor temperatura además de caricias más fogosas. Como si fuera poco o más bien loco ya andaba atrevido explorando zonas ignotas de mi geografía.
Aquí el Gurú hizo el ritual de acomodarse mejor las gafas para mirar a Alicia  detenida y devotamente como se debe mirar la belleza ––No era para menos, al fin y al cabo, él era el gurú del amor––  Luego carraspeó un poco en un intento por interrumpir a su interlocutora. Apenas lo consiguió le comentó:
"A mí no me gustó esa materia ni en la primaria ni en la secundaria. Pero, mirándote bien, Alicia, yo creo que me fue aburrida la geografía porque las maestras no sabían enseñarla bien".
"Por favor, señor Gurú, ¡estoy hablando en serio!––lo reconvino la chica. Y  cuando el maestro se puso también serio, ella continuó––: Entonces, yo, como también soy mujer de inflamables emociones, no pude negarme a semejante pliego de peticiones y acabé por  entregarle no sólo mi historia, mi geografía , sino también toda mi anatomía.
Aquí el Gurú del amor abrió los ojos desmesuradamente, se alineó las gafas en dirección al rostro de Alicia Dorada, y, pensando en Anatomía, la interrumpió:
"Esa materia sí me parece muy apasionante. Me entretenía bastante. Sobre todo cuando la maestra..." ––La chica entonces lo miró con severidad e hizo una breve gesto acusador como para que su consejero no siguiera obstruyendo el relato al recordar sus arcaicos gustos académicos. Cuando recobró su atención, ella continuó:
  "Por un tiempo ambos la pasamos dichosos, con o sin condones, inmersos en pasión original, mejor quizá que Adán y Eva en el paraíso. Nos divertimos harto experimentando todas las posibilidades del instinto en nuestros cuerpos, más que todas las virtudes del amor en nuestros espíritus".
El Gurú intervino para comentarle a Alicia Dorada, que, por lógica natural, esa especie de vida marital anticipada, terminaría afectando seriamente su noviazgo --si es que así se le podía llamar a esa relación de entonces, que más bien parecía ser un pacto egoista para satisfacer instintos comunes. Y en efecto, la chica, con asomo de lágrimas en sus ojos, empezó a contarle el desenlace crítico de su historia:
"Con el correr de los días, empecé a notarlo frío en afectos y escaso en atenciones. A veces venía a buscarme y sin siquiera un beso deseaba utilizarme para practicar una nueva técnica amatoria que yo no me sentía con ánimo de intentar".
 Aquí el Gurú meneó la cabeza y exclamó: "¡Ah, chicos de hoy día, cómo están adelantados en esa materia. Ya podrían dar clases!" Alicia continuó con mayor aire dramático:
 "Y ¿Cómo le parece que la semana pasada me dio la sorpresa: me contó fresco y contento que se había enamorado de alguien más compatible y más complaciente que yo. Y, sin darme más explicaciones, ni considerar tantas pruebitas de amor que le dí, se marchó de mi lado tranquilo a vivir de novio casado con ella.”
 "Indudablemente, ––apuntaba mi amigo el Gurú–– esa joven, Alicia Dorada, representa un grupo numeroso de chicas quienes, al no establecer diferencia clara entre matrimonio y noviazgo, adelantan las relaciones conyugales, durante esa etapa importante de conocer a alguien, de fortalecer un prospecto de amistad especial, de compartir tantas cosas bellas que un enamoramiento inspira. Y lo echan todo a perder. Se ocupan en intensificar la sensualidad más que la espiritualidad, en avivar más el toque toque de los cuerpos que la cercanía de los espíritus, el sexo más que el corazón, dinámicas que precipitan al fracaso una relación de noviazgo".
A Alicia Dorada, entonces, que por fortuna no había quedado embarazada, abultando así la perturbadora estadística de madres adolescentes, le tocaba recobrar el ánimo, recuperar la autoestima y empezar de nuevo otra búsqueda de amor.
Pero lucía más preparada para manejar mejor alguna relación futura. Lo necesitaba, porque no faltarían hombres conquistadores, mal o bien intencionados, que saldrían a su paso, propensos unos a la pesca honesta de corazones exclusivos y otros a la caza egoísta de sexo bueno, bonito y barato. Debía elegir bien.

"QUIEN LO VIVE ES QUIEN LO GOZA"

VITAL ponerle espíritu a los quehaceres

 

(Editorial para el Observador 20)

  

 Conocí una madre  excepcional que sin saber inglés ni suponer que su hijo menor lo estudiaría después en la universidad, acuñó una  justa expresión, basada precisamente en una palabra capitalista, para indicar que los buenos oficios de la vida realmente debían hacerse más que con presupuesto material o recursos económicos, con "fondos espirituales" y ganas morales. Y cuando alguno de nosotros mostraba pereza, espíritu negligente, ante las tareas asignadas, comentaba directo a nuestros oídos: "Este muchacho para hacer las cosas no tiene "fundinga", donde "fundinga" proveniente de "fund", (fondo, presupuesto o recurso), indicaba con toda la oración que el personaje mencionado adolecía de corazón y de presupuesto moral para acometer la vida con gusto, con dicha y con provecho.
En otras ocasiones, cuando ella cándidamente esperaba que fuéramos a la tienda, corriendo y entusiasmados, al mandado del momento, nos advertía: "Pónganse las quimbas", para pedir más que botas o zapatos, un coraje explosivo para ir a mil por hora a comprar por ejemplo el pan del desayuno.
Y el padre exclusivo que conocí, mientras pulía la pieza dental hasta convertirla en espejo, en sus ejemplares faenas de trabajo, tarareaba una famosa estrofa colombiana:
"Toma esta cancion que lleva alma, corazón y vida.. Alma para conquistarte, corazón para quererte y vida para vivirla junto a ti" 
Y luego, a través de los enormes aumentos de sus gafas nos estudiaba con picardía añadiendo un comentario:
"No son garbosos ni briosos como el famoso caballero noble que conocí de apellido Zapata a quien jocosamente, al salir de la casa a su paseo habitual, algún sin oficio le tomaba del pelo preguntándole: "¿Te vas Zapata?" A lo cual él contestaba con entusiasmo feroz: "¡No, ala, me voy a pie!"
El otro personaje de gozosas ganas por el trabajo era el abuelo, el cual, cuando llegaba a un sitio donde supuestamente debía haber hechos y emoción, pero no había nada de eso por ninguna parte, al punto miraba con ojos fiscales a los dormidos de la función y les exigía: "¡Bueno, señores, ¡QUE SE VEA MOVIMIENTOOOOO!" 
Y desde luego, conocí también a un costeño intenso, quien, después del Festival al bajarse del bus, sacudiéndose todavía pues aún no había perdido el impulso, repetía la orgullosa jaculatoria: "¡Hey, quien lo vive, es quien lo goza!"  
Todos ellos nos adoctrinan con su biografía en el dogma de que es vital ponerle espíritu a los quehaceres de la vida, ponerle amor y garra, por ejemplo, al estudio, al juego, al arte, a la Fe, al baile, como lo hace precisamente la chica divina de la portada que se retuerce y estira al ritmo enloquecedor de la música olvidándose del mundo. Ahí es cuando uno entiende mejor la magnitud real de la expresión de arriba, según la cual "quien lo vive es quien lo goza".

martes, 4 de septiembre de 2012