Translator

miércoles, 5 de noviembre de 2014

PORNOGRAFIA ADICTIVA REDUCE LA MATERIA GRIS

La materia gris está compuesta principalmente de cuerpos celulares neuronales encargados de ejecutar casi la totalidad de tus pensamientos conscientes. También te ayudan a sentir el medio ambiente y a coordinar tus movimientos... Si desciende su volumen sabrás a qué te expones                  

De Internet. Edita Lebb (Del OBSERVADOR 25)

La pornografía convertida en una adicción o dependencia, ––declaran los expertos- produce en los pacientes consecuencias negativas tanto en su vida personal y social, como en su salud física y mental. Inclusive, limita la capacidad de funcionar de modo efectivo en el campo de la misma sexualidad. 

En el ámbito personal empuja al individuo a separarse de su grupo y de su entorno; y en el social, lo induce al descuido o a la indiferencia respecto de sus actividades laborales, estudiantiles y grupales, debido a que se crea en él una conducta obsesiva compulsiva hacia el porno que lo manipula y absorbe. 

En cuanto a la pérdida de desempeño sexual, la Asociación de Andrología y Medicina Sexual Italiana, comprobó que jóvenes entre 14 y 15 años, adictos a la lujuria visual, por lo general tienden a padecer pérdida de deseo y disfunción eréctil cuando llegan a los 25, fecha fatídica cuando sólo les queda a la mano a estos debiluchos la masturbación y el mero gusto de mirar nada más. 

Según esta investigación, ver películas triple X les genera un "cortocircuito" en los canales del placer. El cerebro se acostumbra tanto a la sobreestimulación a través del porno, que la respuesta en la vida real se vuelve lenta y cada vez más difícil.

Pero ahora la cuestión se torna más preocupante. Por primera vez un estudio científico demuestra que, aparte de todos los efectos anteriores, la pornografía también deteriora el cerebro porque reduce la cantidad de materia gris en la cabeza de sus consumidores glotones.

Para realizar este experimento, publicado en la revista de psiquiatría JAMA, investigadores alemanes reclutaron a 64 hombres entre 21 y 45 años, a quienes se les pidió que vieran un promedio de cuatro horas de porno por semana. El objetivo era averiguar el impacto en el cerebro de la estimulación continua del centro del placer mediante la exposición visual de contenidos sexuales explícitos.

Posteriormente, los científicos hicieron resonancia magnética a los cerebros de los hombres, mostrándoles imágenes sexualmente explícitas y otras no sexuales. "Nuestros resultados --escribieron en la revista en mención-- indican que el volumen de la materia gris de la cola derecha del cuerpo estriado es más pequeña, por un mayor uso de la pornografía".

"Hay todavía más, --añadieron los investigadores-- los devotos del porno también mostraron una menor actividad en dos áreas específicas del cuerpo estriado, las cuales están asociadas, una, con los procesos de aprendizaje; y la otra, con el trámite mental de tomar decisiones y de elegir comportamientos adecuados.  
"Podemos confirmar –concluyen los observadores- que SÍ existe un vínculo negativo proporcional entre el acto de ver mucha porno y la disminución del volumen de materia gris en el cuerpo estriado derecho del cerebro; pero también "lentitud" en las zonas dedicadas al aprendizaje, a la toma de decisiones y de comportarse bien.

Eso significa finalmente, en resumen, que para tener una vida personal y social satisfactoria, y un cerebro apto para pensar bien, decidir correctamente y ocuparlo en las labores de aprendizaje, desarrollo y crecimiento, urge mantener alejada esa obsesión de  la pornografía. De lo contrario, ese gusto adictivo por imágenes y videos obscenos, al igual que cualquier otra droga-adicción, nos puede conducir incluso, en el peor de los casos, a la perversión. Y, de ñapa, podemos llegar a pasar penas y ridiculeces en el futuro con la pareja por tener la etiqueta de impotentes porno-adictos. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

YO MISMO ME LIBERÉ DEL MATONEO

Por Lebb

Salimos vivos de aquellos regímenes escolares cuyos maestros asumían a la letra sus roles de segundos padres con licencia para exigir y castigar a la moda, como hacían nuestros mayores en las casas, y aun "mejor"


Mi espigada maestra, de rostro crítico y pupilas severas, entró al salón como un rayo y saltando a la tarima, junto a su escritorio, delante del tablero, alzó su voz aguda exigiendo la atención de todo el mundo. 

Como por embrujo, el recio barullo de nosotros se transformó en un silencio de muertos. Muertos que nos pusimos firmes allí, al lado de los bancos, pendientes de la continuación de sus palabras.
Tomando entonces con la derecha una regla corpulenta que estaba sobre la mesa, empezó a darle pausados golpes contra su izquierda. Luego pasó a hacerle caricias con su tacto refinado a los huequitos que tenía en su superficie  mientras iba recalcando a semejanza de un dictador las normas escolares que debíamos saber bien de memoria y que, sobre todo, debíamos obedecer so pena de ser aleccionados a la brava, con regaños, penitencias, incluso con los abrasivos golpes de esa temible férula que sostenía entre sus manos. 

Ciertamente nuestros maestros habían asumido muy en serio la licencia  de disciplinarnos como unos segundos padres, y, en consecuencia, se apersonaron de los instrumentos correctivos que nos aplicaban cada vez que nos desviábamos un poco. Era común entonces probar los coscorrones, los pellizcos, aguantar gritos o hacer penitencia, reparación y expiación. Nos tocó arrodillarnos encima de los pupitres con los brazos en cruz, o en la mitad del patio,  barrer el salón o recoger papeles. 

En aquella terrible ocasión, para escarmiento mío y de mis compañeros, la maestra, una vez acabado el sermón, pronunció mi nombre, no con el cariño que yo esperaba ni con la alegría contagiosa de una buena nota, sino con el tono propio del juez severo que vocifera una sentencia de muerte: 

"¡Pase aquí adelante––me ordenó–– Ha fomentado la indisciplina en las clases, jugando y hablando. Parece que no entiende las normas. Pero yo sé --y aquí agitó la férula-- de un método muy efectivo para que las entienda mejor"

El salón se impregnó de un temor profundo,  pues era inminente la ejecución de un castigo metodológico sobre mi apellido que me "explicaría" mejor la importancia de la disciplina en la Escuela y serviría de ejemplo. Para colmo de males, en ese curso había un chico gordito, tenaz en insultos y obstinado en buscarme pleito en todas partes, que seguramente iba a disfrutar,  risueño y feliz, mi tortura frente a la clase.

Una vez al frente, mi supuesta segunda madre, me pidió que extendiera una tras otra las palmas de las manos para recibir el pago por mis delitos escolares que, normalmente, en casos benignos, eran dos solemnes ferulazos. Cuando extendí la primera mano mis compañeros en pleno fijaron sus ojos más que todo en mi cara a ver qué muecas hacía, creo que con sentimientos humillantes de compasión como seguramente abriga una multitud por un pobre delincuente en el patíbulo. Fue cuando en una súbita decisión delincuencial retiré la palma cuando ya la regla venía en su carrera,  pasando de largo y casi golpeando las rodillas de la maestra. Furiosa como es de imaginarse me dobló la ración de ferulazos.

Y otra vez, se repitió el acto: Se elevaron entonces por los aires, unas tras otras, las violentas notas de la férula al contacto con mis manos, sin que yo expresara el más mínimo ¡ay! o arrugara levemente la cara. No iba a darle gusto a nadie con gestos de mal mártir, menos a ese gordito aplicado a fastidiarme a toda hora. 

Los "casposos" como nosotros, por tradición y ejemplo, no llorábamos ni hacíamos visajes de dolor, de debilidad ni de contrición frente a la reprimenda. Por más que ardieran nuestras manos, volvíamos al puesto frescos y con la frente en alto. Sabía Dios, sin embargo, que por acción de la férula las palmas hervían a cien grados centígrados y que nuestra autoestima, (lo que más dolía), andaba cabizbaja.   

Pero la historia que iba a contar comienza aquí. Después de almuerzo, hacia las dos, el mencionado chico gordito perseguidor, aprovechó la tarde deportiva de la escuela en la cancha del pueblo, para satirizar mis pesares y
mis escasas bellezas exteriores.

Tanto me mortificó, tanto se excedió conmigo que, en un arranque revolucionario, en un éxtasis de libertador, fui consciente de que yo era capaz de cambiar el mundo, por lo menos mi mundo. Fue entonces, cuando, impactado por su último empujón, eché hacia atrás mi brazo para almacenar la mayor adrenalina posible. Acto seguido, la descargué en su humanidad, en forma de gancho con la violencia de un proyectil, tan demoledor, que el gordito acosador, a pesar de sus muchos kilos, trastabilló hacia atrás desplomándose aparatosamente sobre el pasto. 

Y ahí se quedó tirado mi antiguo acosador, rodeado de mis asombrados compañeros, gimiendo como un bebé desvalido, pidiendo a Dios que no le siguiera pegando. Y así de sencillo, fue como YO MISMO ME LIBERÉ DEL MATONEO. 

Días más tarde, al cabo de los diálogos protocolarios coordinados por la maestra, el gordito y yo terminamos firmando la paz y siendo muy buenos amigos. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

POR CULPA DE LAS AUTO-FOTOS (SELFIES): MUERTOS Y HERIDOS

Las autofotos están de moda, pero han provocado heridos en su dignidad, en sus intereses y en su autoestima. Incluso han sido capaces de producir amores, pasiones, odios y hasta muertos


Por Lebb (Tomado de El Observador 25)


Unos esposos polacos en el momento de tratar de tomarse ellos mismos una foto en el puro borde de un acantilado en Portugal, perdieron el equilibro y se precipitaron al abismo. Una mujer también está muy grave después de caer de una azotea en Sitges, en Barcelona, mientras se hacía otra "selfie" con amigos, apoyada contra una barandilla que se desbarató al instante del click. Eso para citar tres de tantas otras víctimas que por el deseo de protagonizar una instantánea histórica han terminado siendo muertos famosos.

Muchos han logrado quedar en el recuerdo por sus auto-fotos: pero
no han sobrevido para disfrutarlo.
Igual a esa novia que no llegó a ser esposa por culpa de una feliz auto foto mientras conducía con una amiga hacia la fiesta de despedida de soltera. Clase de selfies condenadas por las autoridades de tránsito quienes han comprobado que esa modalidad de infracción se está extendiendo peligrosamente entre los conductores narcisistas.

Otro tipo bien arriesgado de auto fotos son las denominadas extremas. Éstas han impulsado, por ejemplo, a un joven
fotógrafo ruso a subirse a lo más alto de los rascacielos de Moscú para auto fotografiarse desde esas cimas escalofriantes.

Otros le añaden ingredientes de mal gusto, como aquella auto foto de una joven posando, mientras, a sus espaldas, ardían cientos de casas del Cerro de Valparaíso.

Muchas veces la costumbre vanidosa de cambiar de perfil o de publicar cada foto de un momento emotivo de la rutina diaria puede volverse fiebre adictiva y en muchos casos, cuando la selfie comporta tentación, prestarse a malos manejos mentales por parte de los destinatarios o de los observadores indiscretos, quienes podrían utilizarlas con fines poco santos y castos. 

No crean que el selfie de "piquito" o de pato es sexy.
Realmente se te puede ver la cara como la de un pato
que va a causar risa a tus seguidores.
Según los expertos entre más selfies uno se tome y más suba a las redes sociales peor va cayéndole a sus contactos. Ser demasiado selfie-narcisista puede dañar la relación con los amigos y revelar incluso baja autoestima.

Las selfies también han sido capaces de producir amores, pasiones, odios y éxitos. Como en el caso de Simone Holtznagel, joven de 21 años, convertida en la imagen de la firma Guess para su nueva campaña. Sus reiteradas y provocativas auto fotos la ayudarían a convertirse en una modelo de fama internacional. 

Por el contrario, a través de Twitter, los jóvenes israelíes han creado una nueva moda xenófoba contra los árabes, difundiendo mediante 'selfies' sensuales de chicas jóvenes, mensajes violentos que dicen, por ejemplo: "Les deseo a los árabes una muerte dolorosa". Así fomentan los mutuos odios interraciales.

Por el contrario, allá en París, la alcaldía comenzará a colocar adhesivos en los puentes invitando a las parejas a reemplazar los “candados del amor” (piezas metálicas pesadas muchas en forma de corazones con los nombres tallados),  por tiernas “selfies” de ellos muy juntos para que de ese modo inmortalicen mejor el amor.

Y mientras éstos franceses cambian dichosos candados por selfies, Fanny Neguesha, la novia del jugador italiano, Mario Balotelli, prefiere encender pasiones indebidas en las redes sociales con el combustible inflamable de sus selfies calientes que publicó en su cuenta de Instagram.

Por sacarse selfies, también tienen que sacarse los piojos
Y aún falta algo relacionado con la sanidad y el control de pestes. Existe un grupo pro salud y anti-plagas que proscribe la desmedida  práctica de las selfies, por sencillas razones de higiene y control de bichos. Según ellos, unos analistas reportaron proliferación de piojos entre adolescentes, achacándoles la culpa total a las selfies
que ellos se toman, cabeza con cabeza, mientras los animalitos en mención hacen fiesta y peregrinaje de cabeza en cabeza.

Por todas estas cosas y casos mencionados, hay que invitar a todos los tecnológicos a un uso moderado e inteligente de esta práctica tan interesante, que se presta para bendiciones y maldiciones, ganancias y pérdidas, riesgos y seguridades. 


Si lo hacemos por diversión, seamos prudentes. Si lo hacemos para presumir logros, no inventemos. Si lo hacemos para enviar mensajes a alguien seamos acertivos. Y si queremos compartir momentos felices o de amor con nuestros contactos, escojamos las selfies más apropiadas y de mejor gusto.