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miércoles, 17 de abril de 2013

No tantos conceptos, interesa más bien...

“APRENDER A QUERER Y A VIVIR”

Cuando la "ministra" del interior de la casa donde una vez estuve anidando mi sueño de ser religioso, me preguntaba sobre mi apetito intermedio entre el desayuno y el almuerzo, yo le respondía con ganas alegres: “Quiero Te”. Y la bondadosa señora cuya imagen hoy yace en las flores aromadas de mis recuerdos, me respondía con fingido acento conquistador:
--“Dímelo al revés, me suena mejor”.

   Y ambos emprendíamos el ejercicio de la amistad con sonrisas joviales importando para nada –como sí lo fue después para nuestro profesor de Español– el equívoco, esa figura de dicción que tanto quiso enseñarnos, según la cual hay palabras que pueden interpretarse con humor en varios sentidos.
 
   La “Ministra” en mención –título honorario en razón de la dignidad de sus grandes funciones domésticas– jamás estudió esas tales figuras literarias, ni se le pasaron por la imaginación sus definiciones. No disponía tampoco de la retórica propia de un poeta. Sin embargo, fue siempre una experta en la aplicación de la palabra cordial, ingeniosa y pertinente con todas las personas y en cada circunstancia. Al revés de los poetas que batallan por usar frases bonitas para expresar sus inspiraciones, mi interlocutora y yo a la sazón, simplemente disfrutábamos del juego de las frases para darle cariño y adobo a nuestras vidas, sin el agravante mental de profundizar en el arte lingüístico. Y aunque tal vez rezagados en el plano conceptual, se nos quedó algo de sal innata y de picardía de nacimiento cuando de alternar con otras personas se trataba.
 
   Y no es que sea malo volverse un duro en procesar datos infinitos en cualquier campo de la ciencia, –ojalá tú fueras un sabelotodo–. Lo que pasa es que a niveles individual o institucional siempre resulta más provechoso para nuestro presente y futuro que les asignemos preferencia a las áreas primordiales de nuestro formación humana como son las de aprender a querer y a vivir. 

   Si aprendemos a querer cuanto nos rodea: las cosas, la naturaleza, las personas, la familia, la patria, el colegio, la gracia de Dios de existir en el mundo, estamos cultivando el valioso sentido de pertenencia y de valoración. A la par estamos asumiendo actitudes positivas frente a la historia y caminando hacia la realización personal por cuanto el arte de amar ya es el método óptimo de manejar las cosas en este mundo.

Pero también el querer significa –según el equívoco de la anécdota de arriba–  tener ganas de algo, tener apetito de... –en el restaurante–; estar motivado, apuntaría un profesor; estar ansioso, diría una abuela. Y este querer hacer las cosas, querer o desear con mayúscula sí que nos está haciendo falta en las instituciones educativas. Existen chicos que ni quieren abrir un libro, otros casi ni quieren copiarle ya las tareas a sus compañeros. Tan importante es la voluntad de querer ser y hacer en los humanos que contra ese mal de no querer no parece existir remedio alguno en el universo. 

Por suerte ese mal no va con nosotros. Por el contrario, el querer nos da el poder de aprender a vivir con una concepción práctica similar al del samaritano bíblico, –el cual se rajaría en la prueba Saber de Religión pues no había memorizado el mayor mandamiento de la Ley de Dios–. No pasarías, por lo tanto, de largo frente a las necesidades de tus congéneres. No serías un inmovilizado frente a las realidades negativas que puedes modificar, ni una estatua frente a las cosas que se deben emprender. El saber vivir nos lo enseñaron muchos ancestros quienes, –aunque escasos en títulos enciclopédicos–, tuvieron a bien aplicarle sentido común, amor natural y fe palpable a los quehaceres familiares y sociales. 

Es más. Saber vivir te propone el ideal original del Evangelio, la dinámica franciscana de armonizar con los amaneceres, con las criaturas, con el hermano sol, la hermana luna, con los vecinos difíciles inclusive. Cuando al fundador del Opus Dei le preguntaron cómo practicar el saber vivir respondió entusiasmado: “Quiero que ustedes siembren la paz y la alegría por todos lados; que no digan ninguna palabra molesta para nadie; que sepan ir del brazo de los que no piensan como ustedes. Que no los maltraten jamás; que sean fraternales con todos, dispensadores de paz y alegría”.

La estadía de nosotros en una institución educativa, secundaria o universitaria, debería servirnos no sólo para progresar socialmente, consiguiendo amigos, novios o novias, deberíamos también utilizarla como medio de entrenamiento humano, a fin de contestar correctamente los  interrogantes cruciales sobre el rumbo y el uso  de la vida, (Tarea: revisar proyecto de vida, antes que las preguntas teóricas de la prueba Saber)

De otra forma, --por carecer de esta especie de estándares vitales--, nos exponemos a reprobar temas existenciales claves como la toma de decisiones primordiales, la solución de conflictos, la gerencia de las relaciones interpersonales, la comprensión del puesto en el mundo, el sentido de los sentimientos, de nuestros esfuerzos, de los actos cotidianos... En el peor de los casos, podría uno perder –no sólo el año– sino incluso la razón de vivir, como por desgracia ha sucedido con tantos compañeros colegiales o universitarios quienes, habiendo transitado en vano por las aulas de muchos colegios, acabaron por evadirse trágicamente de la vida. 

De aquí se deriva la necesidad de que los proyectos educativos institucionales, más que buenas hipótesis humanistas de formación integral, deberían ser capaces de crear ambientes prácticos de vida, donde la espiritualidad se traduzca en obras y no en solo rezos o en meditar estéril; donde se aclimaten valores sinceros de equilibrio interior, de compasión, de alabanza y aprecio, de alegría por aprender, por compartir, por transfigurar los esquemas injustos del entorno. 

Sólo de ese modo, despertando en los jóvenes las pasiones por querer al máximo y por vivir en exceso desde ya en los mismos claustros académicos, la educación cobraría su sentido mesiánico de arte y vida, y los educadores no solo cobrarían bien el sueldo sino que también serían artífices de un mundo nuevo. Al menos en eso pensaba aquel famoso escritor cuando dijo: “La Educación no es simplemente una preparación para la vida; la educación es la vida misma”. 

(Ya para terminar, te diré aquí entre paréntesis, que el verso “hay que aprender a querer y vivir” pertenece a una célebre canción de la mejicana Consuelo Velázquez, quien compuso además la famosa “Bésame mucho”. 

Dicen que ésta última la cantó a los dieciséis años, cuando ningún pretendiente había besado ni poquito sus labios virginales. Claro que después recuperó con entusiasmo el tiempo perdido: se enamoró bien, le dieron hartos besos, tuvo en consecuencia hermosos bebés, compuso y entonó muchas otras canciones lindas, hizo grandes cosas con sus talentos, –para no hablar largo– ella aprendió a ser feliz compartiendo con quienes la rodearon sus bienes y sus mejores sentimientos.  

martes, 6 de noviembre de 2012

LOS FANTASMAS QUE ALGUNA VEZ NOS PRESENTARON (Segunda parte)


  Por Lebb (Exclusivo para el Observador 21)

En aquel tiempo, ––como les venía contando––, nuestro padre, ––el cuentero mayor––, mis hermanos, y tal cual hijo de vecino, solíamos sentarnos a compartir nuestros mundos, a echar cuentos, a actualizarnos en noticias generales y en farándula de la comarca, preferentemente cuando el sol de los venados doraba suavemente las colinas del oriente en su trayecto final hacia su ocaso.
El turno era entonces para uno de los menores del grupo, el cual, cuando se apagaban las sonrisas y los comentarios de la intervención anterior, empezó a narrar pausadamente su propia experiencia de espantos en aquella época cuando en solitario debía hacer largas caminatas hacia una sede campestre, montaña arriba, no a divertirse sino a  trabajar por el mantenimiento de la familia y claro está también para responder por el deber de hacer progresar la patria.
Casi siempre se le hacía tarde por dos de sus costumbres tradicionales, la de dejar todo para lo último y la dejarse seducir por la charla de un amigo o por el chisme o el encanto de una amiga.
En consecuencia, las tinieblas jóvenes de la noche lo sorprendían precisamente en el tramo más boscoso y desolado y cuando sus resuellos se imponían al volumen del ambiente. Refería que en esa ocasión se había subido precisamente ese "volumen del ambiente", por cuanto la atmósfera había agregado la hostilidad del viento, la llovizna, el retumbar de los truenos y las luces intermitentes de los relámpagos.
"Por consiguiente, las matas y los árboles ––comentaba el hombre–– temblaban por lógica cobardía, mientras que yo, por el contrario, avanzaba valientemente montaña arriba con paso lento pero firme, "como mi General" ––Frase acuñada en los tiempos de la dictadura de un famoso General colombiano, que no fue tan "firme" porque lo tumbaron rápido––.
Sin embargo, el andar se hacía cada vez más parsimonioso: la vista, en medio de la creciente oscuridad, apenas lograba adivinar un camino borroso en medio de arbustos alborotados cuyos ramajes convulsionaban en todas las direcciones.
"En dado momento, ––continuaba el narrador, con ojos fuera de órbita y con cara de ultratumba–– al alzar la cara me pareció ser vidente de una singular aparición, arriba del cerro: recortado contra el cielo tempestuoso, nada menos que un OVNI, (no de aquéllos otros), sino un objeto viviente no identificado, o para ser más claro, una especie de  monstruo de grandes proporciones que me hacía señas con sus brazos largos y retorcidos como ordenándome desesperado que escalara rápido hasta la cima.
Reprimiendo el terror primitivo y con el empuje de las consignas: "retroceder nunca y rendirse jamás"; y aquélla otra: "¡Aguiluchos, a la cumbre!"que gritábamos en la formación del colegio, me aproximé a grandes zancadas ––así ustedes no lo crean–– hasta la supuesta aparición listo a saborear a fondo y con pasión mi primer encuentro fantasmal.
Una vez delante suyo, se me congeló la sangre... ––Y aquí el cuentero hizo una pausa y miró al auditorio. Luego remató la historia con un desenlace inesperado––: No se me congeló por el susto ni por una emoción mortal, sino más bien por el desencanto:
El tal monstruo, ––tal como le pasó al Quijote con sus molinos de viento––, resultó ser un simple árbol más alto que los otros, del color de la noche, con extremidades huesudas de hojas abundantes. Sólo que para mi fantasía calenturienta se transfiguró en un personaje  de terror cuyos brazos esqueléticos, al son del viento fuerte iban hacia adelante e iban hacia atrás en un falso positivo que yo interpreté como una invitación a que me acercara lo más pronto posible".
Aquí los concurrentes no sabían si chiflar al cuentero o sonreirse de su inocentada. Sin embargo, estuvieron de acuerdo en que las apariencias han engañado todo el tiempo a los humanos y de que para bastante gente los fantasmas los concibe la imaginación o sólo los crean algunas mentes típicas incitadas por energías misteriosas. Sin embargo, sobre este último punto, muchos no estaban completamente de acuerdo.
Alguien podría engañarse como en el caso del amigo de arriba que a partir de un árbol turbulento en una noche de borrasca se ingenió un espanto; pero no muchos podrían estar inventando imágenes o figuras cuando se trata de leyendas consagradas por los siglos o de apariciones que han venido perpetuándose en el imaginario común de las generaciones.
Uno de ellos, precisamente, que no se había reído mucho, tomó la palabra para contarnos cómo a ese respecto, desde los tiempos de Jesús, venía rodando por el mundo una respetable leyenda, según la cual un judío había sido objeto de una terrible maldición, el día de la crucifixión de Cristo,  por negarse a prestarle  al Mártir una pequeña caridad:
Una variante de la leyenda relata que un personaje judío, al pie del camino, le negó un poco de agua al Salvador en su doloroso ascenso al Gólgota, por lo cual, se había hecho acreedor a la condena de no morirse nunca para dedicarse desesperado a «errar por el mundo hasta el segundo retorno del Hijo de Dios».
Unos dicen que su nombre es Malco, el asistente del Sumo Sacerdote, a quien San Pedro, en uno de sus típicos arrebatos, le cortó la oreja.
Según el supuesto relato de un obispo armenio que alguna vez visitó Inglaterra, la leyenda registra una nueva versión, a saber, el tal judío errante era un ermitaño, antiguo criado de Pilatos, a quien maldijo Jesús, a semejanza de la higuera, porque ese día al verlo pasar con la cruz a cuestas, le gritó insolente y despectivo: "¡Vea a ver, si va más rápido!".
Fue entonces cuando Jesús, embargado por la fatiga y el dolor, lo miró duramente y le respondió:  "¡Yo voy a ir más rápido, pero tú te quedarás hasta que yo vuelva por segunda vez!"
A partir de entonces ––sigue la leyenda–– se convirtió en un fantasma que no se puede morir, a semejanza de Jack, el tacaño, el de la lámpara de nabo, porque debe cumplir primero la pena de vagar por el mundo buscando el perdón de la blasfemia, antes del segundo retorno de Cristo. El criado rejuvenece cada vez que llega a la edad de cien años, y así hasta el fin de los tiempos".
 De esa manera, ahí en los mejores espacios de la casa,  entretenidos con las palabras, pasábamos los  últimos minutos oficiales de luz antes de buscar la oscuridad de la cama. (Seguiremos hablando después, en el otro OBSERVADOR)

martes, 23 de octubre de 2012

¡SÁCALE "RADIOGRAFÍA" A TU NOVIO HOY, PARA EVITAR FRAUDES MAÑANA!


POR NO EXAMINARLO BIEN
AHORA, PASA DESPUÉS LO QUE PASA


Uno de los primeros aspectos que se deben considerar  en una relación con perspectivas de volverse permanente es el de la capacidad de comunicación de tu pareja, así como de la cantidad  de información que posee. Despójate un poco del entusiasmo del enamoramiento que impide ser objetivo en  esta materia. 

Si es mal estudiante, si no lee ni siquiera a Condorito, ni se preocupa de aportar ideas para la solución de cuestiones comunes, desconfía de que será una excelente pareja cuando se trate de manejar e intercambiar información que sirva para ocupar productivamente el tiempo conversacional y para atender la solución de problemas y conflictos. Jamás un cabeza hueca ha demostrado ser un buen partido para matrimonio o para una relación seria.  Cuando ya cesen  las mieles del lindo enamoramiento y se enfrenten a la rutina de los afanes y de las dificultades de la vida, tendrá mucha importancia la virtud de la conversación para, no sólo entretenerse hablando del estado del tiempo, sino para superar los conflictos interpersonales, resolver problemas que los afectan y enriquecerse con las experiencias mutuas. 

Si el novio hoy solo es bueno para el besuqueo y los masajes, pero perezoso y poco aventajado para  crear y compartir ideas, en su radiografía te sale raquítico mental para el futuro. Tómate también tu propia radiografía al respecto.

Por lo demás, si has notado que tu pareja hoy es dada a las discusiones destructivas, no atiende ni respeta las opiniones pretendiendo tener siempre la razón, puede aparecer en su radiografía como una persona intransigente, no democrática y poco recomendable para sostener una relación de mutuo respeto y consentimiento en el futuro. 

Eso de que el novio borracho de hoy, lo corrige mañana el matrimonio es una locura. Lo mismo pasa con un novio de hoy que aparece en la radiografía escaso de personalidad comunicativa, el matrimonio mañana lejos de corregirlo, lo puede volver más obstinado y peligroso. En este campo también debes tomarte tu propia radiografía.  No sería honesto exigir en la pareja lo que uno no tiene o no quiere dar.

lunes, 22 de octubre de 2012

JACK, EL DE LA LINTERNA

Cuentan que una alma en pena  deambula eternamente por toda la tierra, portando una lámpara y buscando desesperada su salvación eterna

 Por Lebb

  Según cuentan, Jack, antes de convertirse en un fantasma andante con farol monstruoso, era un granjero irlandés de cero en conducta: tacaño en extremo, (defecto que no le gustaba para nada a los vecinos), además, borracho, mujeriego y tramposo como jamás había existido antes hombre alguno. Tan pésima era su reputación que incluso en concepto de algunos era capaz de superar la maldad del mismísimo demonio.

  Y este último chisme fue el que precisamente atrajo la atención del Amo de las tinieblas, el cual, disfrazado de granjero se le presentó una noche con intenciones de llevárselo definitivamente para los infiernos. Pero el engañador número uno de la historia no contaba con la astucia de Jack quien lo invitó antes de partir a tomarse en la taberna unos buenos tragos. Dicen que se los tomaron con gusto como viejos amigos y que, al final, el futuro fantasma no tenía con qué pagar, o mejor, no quería pagar. Fue entones, cuando invocando la amistad del Diablo y la promesa de acompañarlo con cuerpo y alma toda la eternidad, le pidió, como ejercicio de sus grandes poderes, que se convirtiera en moneda de oro para poder saldar obviamene la cuenta.

  Informa la prensa de entonces que Lucifer accedió y que en medio de una explosión con mucho humo se transformó en moneda. Pero que tan pronto ocurrió esto, el tal Jack cogió la moneda-diablo  y la guardó en su bolsa donde siempre llevaba como hacen muchos cristianos una cruz de plata.
Por supuesto que el diablo, a punto de sufrir un infarto con la cruz al lado y sin poder recuperar su identidad física, le propuso a Jack unos desesperados diálogos de paz que acabaron con una promesa solemne de aquél: "¡No te llevaré conmigo esta vez––le prometió––, pero sácame de aquí!"
Unos informantes aseguran que la tregua fue por un año. Los más generosos dijeron que el diablo lo iba a dejar cometiendo maldades por diez años más. Lo cierto es que, al cabo del lapso acordado, el demonio volvió ––esta vez más avispado que antes–– a llevarse a su amigo para el lugar que le correspondía.

  Según los informes de la época, cuando ya iban de camino, el astuto Jack fingió que tenía mucha hambre justo al momento de pasar por enfrente de un manzano. Entonces le pidió con palabras muy quejumbrosas que le concediera un último deseo como a cualquier condenado se le concede, que se subiera a lo más alto del palo y le bajara una manzana.
El diablo, como cosa bien rara, tuvo un arranque de bondad y se trepó como un mico al manzano, momento que aprovechó el malandrín de Jack para sembrar cruces alrededor del tronco que le impidieron al rey de los pecados bajarse de allá. Y otra vez hubo negociaciones. Y salió ganando Jack. El diablo le prometió que no se lo llevaría nunca para el Infierno.

  Desafortunadamente, jamás las travesuras son eternas. Y el pobre Jack, como cualquier mortal, se tuvo que morir. En un boletín celestial que data de la fecha, al Cielo no pudo entrar, porque lógicamente allá no se concede la entrada a tipos tan corrompidos como Jack. Dicen que apeló a su viejo amigo Lucifer para que lo dejara vivir en sus dominios. Pero que allí tampoco pudo quedarse, por cuanto el diablo respetó la vieja promesa de no apoderarse de su alma.

  Y es ahí cuando comienza a penar el difunto, es decir, cuando le toca irse por la tierra a deambular desesperado en busca de un sitio donde pasar su eternidad. Y fue tanta la tristeza de Jack y la cara de infinito dolor que le vio Satán que, como gesto increíble, le regaló una brasa del infierno que obviamente no se apaga para que le alumbrara su camino.

  Como todavía le quedaba inteligencia, Jack excavó un nabo, su comida favorita, y puso la brasa adentro, abriendo varios orificios bastos por donde salía la luz. Unos dicen que talló su misma cara o la del diablo y por eso quedó monstruosa.

  De cualquier manera, ahora ––según informes populares–– lo ven pasar errante por las noches, llevando a cuestas una condenación eterna peor que la del infierno, además de una linterna que no se apaga. No se extrañen entonces si se lo encuentran ahora en la noche de Halloween y los invita a un trago.


jueves, 18 de octubre de 2012

BUENAS HISTORIAS PERRUNAS

"Alicio", un perro devoto, aún sigue esperando en vano frente al centro de salud donde su amo murió en enero de 2010. Algo semejante le pasa a "Capitán", otro can admirable que todos los días, hace ya seis años,  al caer la noche, se acuesta al lado de la tumba de su antiguo protector

 Por Lebb 


 Para Canelo, mascota excepcionalmente fiel, la cita médica de su amo no terminó jamás. Él siguió esperándolo ahí en la puerta del hospital, por espacio de 12 largos años, hasta que un fatídico 9 de diciembre de 2002 al moverse de su sitio por alguna necesidad, murió al ser atropellado por un vehículo.

En un caso similar, en el Cementerio la Piedad de Rosario, Argentina, un perro de raza Collie todavía aguarda el regreso de su amo desde 1995, en el lugar al cual llegó el dia del fallecimiento de su dueño.

En Uruguay, está la historia del negro Gaucho, que recorrió más de 50 kilómetros hasta el hospital en el cual fue recluído su amo quedándose allí hasta su muerte; luego, lo acompañó a la funeraria y a todo el velorio. Después, al cementerio. Por razones perrunas sorprendentes que el humano no entiende pero sí admira, estableció su domicilio al lado de la tumba del amo, erigiéndose como su centinela, hasta el día de su propia muerte.

Pero el caso más asombroso de "virtud" animal lo constituye indudablemente la historia de Hachikó, un perro de raza akita, fiel a morir, a quien, en 1924, Eisaburó Ueno, un profesor del departamento de agricultura en la Universidad de Tokio, adoptó como su mascota y a la cual le profesó un cariño rayano en adoración.

Desde entonces, cada día Hachikó se estacionaba en la puerta delantera del terminal de Shibuya a recibir efusivamente a su amo al final de la jornada. Esta rutina de afecto y lealtad prosiguió sin interrupciones hasta el 20 de mayo de 1925. Desgraciadamente ya el 21 de mayo, el profesor Ueno no pudo volver a casa en el tren, como de costumbre, por cuanto en plena clase había sufrido un fulminante derrame cerebral y había muerto.

 Y Hashikó, lógicamente, se quedó esa vez en la estación esperando en vano su regreso. Pero no fue sólo esa tarde que aguardó inútilmente al profesor moviendo la cola, mirando expectante la puerta del tren, listo a prodigarle sus alegres brincos de celebración y los consiguientes besos de lengua. 

Pasó el tiempo y Hashikó siguió esperando ahí, puntualmente, los nueve años siguientes, en el sitial de costumbre, justo en frente de la estación, con la misma actitud, lloviera, nevara o tronara, hasta el día en que se durmió definitivamente, quizá soñando con la idea obstinada de ver llegar otra vez al amo afectuoso y sonriente. 


miércoles, 17 de octubre de 2012

NACIDOS PARA BENDECIR


Aquel discípulo anduvo errante durante mucho tiempo en busca de la razón de su paso por este mundo. Y al final, bajo un cielo fresco, se percató de que el color de la vida era fácil de apreciar y de aplicar: él había nacido para algo divertido y redentor.. había nacido, como todo el resto de la creación, sencillamente para BENDECIR!

Por Lebb

Cuentan que una vez un joven discípulo abandonó a su maestro y, por arrebatos de aventurero espiritual, se fue de andariego loco por el desierto, víctima del sinsentido de la vida. 

Tras andar muchas horas terminó  agotado, bajo la gravedad del sol y del polvo, con sed y hambre delirantes, ansiando con el alma y con el cuerpo los bienes oportunos del pan, del agua y de la sombra. Pero antes de que lo abrumara la desesperación y como respuesta gratuita a sus sentidas peticiones, descubrió a lo lejos, en medio de las ardientes dunas, la prodigiosa bendición de un oasis.

De una vez, sin mediar reflexión científica o razones prácticas para descartar un espejismo, emprendió carrera desenfrenada hacia el sitio donde ciertamente se erguían altas palmeras, crecían árboles frutales y la frescura de un arroyo de cristal se deslizaba musicalmente sobre guijarros blancos y arena. Allí, admirado y agradecido de corazón, tras inclinarse a beber, se recostó contra uno de aquellos árboles deliciosos a paladear sus frutos y a degustar extasiado el portentoso fresco del lugar.

Cuentan que cuando ya estaba a punto de partir, el discípulo lleno, satisfecho y descansado, se volvió hacia las palmeras, hacia los frutales, hacia el manantial, hacia el cielo y, con el alma iluminada, les dijo:
— ¡Oh, árboles y creación entera! ¿Qué bendiciones os puedo dedicar? ¿Que vuestros frutos sean dulces? ¡Ya son deliciosos! ¿Qué vuestra frescura y belleza sean abundantes? ¿Para qué si ya sois un paraíso?

Entonces guardó silencio, y resolvió dejarse acariciar por la poesía del oasis transfigurada en verde brisa y en sonoro silencio de amor. Y empezó entonces a interiorizar la lección sobre un valor fundamental que infunde sentido, gracia y color a nuestra presencia en este mundo: Empezó a entender que debía de imitar no al desierto sino al oasis: Había que bendecir con la propia vida.

Pero bendecir con hechos y frutos del corazón. Bendecir con obras y sentimientos sinceros, a quienes lo necesitan o no lo necesitan. Y aunque la palabra tiene magia y atrae energías saludables hacia las personas que bendecimos, primariamente hay que bendecir con nuestros bienes, con nuestra vida, con nuestro apoyo, con las sonrisas, con las manos, con la mirada, con los gestos, sin rehusar un favor, sin egoismos, sin odios, omisión, indiferencia, orgullo...

Entendió entonces su intimidad que él había sido producto de una bendición. Y que por lo tanto su vocación miraba a eso, a bendecir también. Al continuar la marcha, ––porque no podía quedarse allí para siempre––, observó la alegría en el vaivén de las hojas ante el buen humor del viento y no pudo menos que sonreir también. Observó asimismo la obra redentora del agua clara y el destino nutritivo de las especies vegetales. Y entonces no pudo aguantar las ganas de saltar, alabar y bendecir la vida, recordando las palabras del principal Maestro: "¡Venid al Reino, BENDITOS de mi Padre!"

Por fin podía volver a los suyos, donde el maestro y la comunidad, pues tenía clara la tarea de su vida:
Había nacido para algo divertido y redentor... había nacido, como el oasis y todo el resto de la creación, sencillamente para bendecir. Y, además, era apremiante empezar sin demora la tarea.

domingo, 30 de septiembre de 2012

LOS FANTASMAS QUE ALGUNA VEZ NOS PRESENTARON



Por Lebb 

En aquella época pre-modernista ––como les he venido contando–– durante la cual no nos engolosinaban ni los canales de televisión o los juegos electrónicos y ni siquiera podíamos imaginar las redes sociales, nos gustaba a los hermanos, a nuestro padre y a tal cual hijo de vecino, sentarnos a conversar y a echar cuentos, ya hacia el final de los bellos atardeceres, en torno a una mesa o apostados en un corredor de ladrillo a la luz de una lámpara campesina

 

 Al fondo, tras la baranda de madera que flanqueaba el costado del pasillo hacia el monte, empezaban árboles, campos y montañas a perder sus colores, sus formas y encantos a merced de la avasalladora oscuridad de la noche. Era entonces cuando mi hermana, que apenas comenzaba a hablar pero entendía bastante, cada vez que alguién terminaba de hacer algún apunte jocoso, se ponía de pie, se arreglaba el cabello y comentaba con entusiasmo, en su propia lengua sin "r", diciendo: "Eso sí fue pa' lija!"  A cual más trataba de corregirla y al cabo de un buen de tiempo de entrenamiento medio se le escuchaba la "R". Pero a semejanza de los pecadores empedernidos, pasado un rato y después de una tanda de cuentos, volvía a ponerse de pie, sonriente y con esta expresión pascual en los labios: "¡Eso sí fue pa'lija!"

En una de esas ocasiones, precisamente hacia mediados de septiembre, el tema favorito de la charla fue sobre las apariciones y los espantos, sobre ese curioso mundo de los misterios del más allá y también del más acá. Alguien entonces, bien garboso y con voz propia para el suspenso, puesto en pie, comenzó a  relatar una especie de experiencia sobrecogedora al respecto; aunque la verdad es que no nos convenció para nada de la existencia de ningún fenómeno paranormal, aunque sí, como decía la abuela, nos hizo mucha gracia. 
Nos narró en detalle que una vez en una noche "tenebrosa y fría", como dice la canción, tuvo que, por física dictadura del cuerpo, retirarse de  la casa de campo en busca de la complicidad de unos matorrales donde pudiera ejecutar sin vergüenza una necesidad sencilla. Es preciso dejar claro que en esas épocas que yo he dado por llamar pre-modernistas, las familias eran numerosas lo mismo que las "necesidades" de los cuerpos. Las letrinas no daban abasto. Y es que a veces sucede, tal como le pasó a nuestro narrador, que uno siente afanes de sentirse amado por las estrellas y parecerse en algo al Adán del paraíso, el cual seguramente tuvo muchas veces la satisfacción de hacer eso mismo a la intemperie.
Estando entonces en la mitad de esa noble faena, ––volviendo al cuento––, nuestro amigo escuchó aterrado unos ayes escalofriantes a pocos pasos de donde se encontraba. Lógico, los pelos abundantes de su cabeza se le pusieron literalmente de punta. Petrificado el hombre, pero con la adrenalina que lo enciende a uno para no dejarse matar o para salir corriendo valientemente,  se atrevió a preguntarle con voz  trémula al misterioso sufriente la razón de sus quejumbres, porque bien podía ser un alma en pena solicitando un empujoncito de oraciones o un fantasma errante que estuviera pidiendo pista para descansar de tanto dolor en este mundo. Entonces sacando fibra de donde no tenía y con voz trepidante le preguntó:
"¡Díme, alma, en nombre del Cielo, que necesitas? ¿Qué sufrimientos te aquejan en este Valle de Lágrimas?" 
Y del más allá de los matorrales una voz enfurecida, no precisamente de un ánima en pena, sino de un cuerpo en necesidad, le contestó: 
"¡Qué alma, ni qué carajo, lo que pasa es que tengo una diarrea endiablada y unos retortijones bárbaros en el estómago! Pero ya que insistes, podrías ayudarme. ¡Pásame papel para lo que sabemos".
Y mientras todos celebrábamos las ocurrencias del narrador, nuestra hermana típica se levantaba, miraba en círculo sonriendo y comentando: "¡Eso sí fue pa' lija!"
Cuando ya las voces se silenciaron un poco, participó entonces otro del grupo, el cual, muy animado, dijo: "¡Yo también tuve una experiencia semejante a la de mi amigo, pero con una sufriente de espíritu, con nadie menos que con la famosa Llorona. Resulta que me hallaba recostado contra la ventana, allá en el pueblo,  víctima del insomnio por culpa de los amores de Claudia, cuando de repente, un agudo y prolongado gemido proveniente del exterior, como desde el fondo  de la calle, irrumpió en la alcoba. Como reacción inmediata, aparté de un manotazo la cortina para atisbar ansioso la soledad de las sombras. Pero en vano: mis ojos no obtuvieron respuesta. En cambio mis oídos, volvieron a escuchar el lamento prolongado, doloroso, gemibundo. Comprobé desinflado que no provenía de ninguna Llorona, sino de uno de los muchos gatos del vecindario que andaba físicamente pegado de los amores de la gata más bonita de los tejados. ¡Y el pobre sí que gemía largamente por culpa suya lanzando sus maullidos al viento como ánima en pena! Sin embargo, al día siguiente, el compadre de la esquina me comentó que unos borrachitos jóvenes que se habían quedado hasta altas horas de la noche cerca del río sí habían visto a esas mismas horas descender por la calle una mujer alta, vestida de blanco con un enorme velo azotado por el viento, gimiendo largo y preguntando entre lamentos que dónde estaban sus hijos. Los borrachitos creyeron que estaba preguntando por ellos y en un santiamén se les pasó la borrachera".
No tendré que contarles otra vez la intervención de nuestra hermana; porque ya saben que otra vez se levantó risueña, con la candidez propia de un ser exclusivo, a decir: "¡Eso sí fue pa' lija!"
Y una vez más acalladas las sonrisas, aprovechó el momento uno de los menores del grupo para compartir también una experiencia de espantos cuando a él le tocaba subir solo hacia el campo donde trabajaba. Casi siempre se le hacía tarde y las sombras más densas lo sorprendían justamente en el trayecto más boscoso y solitario de la travesía y cuando su aliento empezaba a escasear. 
Refería entonces que en esa ocasión el clima le había sumado a la escena el ingrediente del viento y de la llovizna. El avance por lo tanto se le hacía dificil pues la vista apenas lograba admitir sombras confusas de los árboles cuyos ramajes temblorosos convulsionaban en todas las direcciones.
"Para no alargar la historia...

(Bueno, ahora debo cortarla aquí. Nos veremos en la continuación de esta historia.)


FRASES MEDITABLES


*Uno tiene que SER algo para poder HACER algo. - Goethe


* Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas, y ¡pronto!

* La dicha de la vida consiste en: tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”

* Debes ser, el CAMBIO que quieres ver en el mundo.

* Solo existen dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, creer, hacer y principalmente vivir.

* Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa - Proverbio chino 

* No existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza.

*La dificultad es una excusa que la historia nunca acepta.

*Aprender sin pensar es tiempo perdido; pensar sin aprender es peligroso.

viernes, 21 de septiembre de 2012

¡HOY ENTRÓ EN CIRCULACIÓN EL OBSERVADOR 20!

¡Con nueva imagen y nuevo estilo la última edición del año!





NO TE LA DEBES PERDER 







Más información, artículos, comentarios y otras fotos de los eventos en la página oficial del OBSERVADOR:


http://observador2012.jimdo.com/ 

  

sábado, 15 de septiembre de 2012

NOVENO ANIVERSARIO


¡FELIZ ANIVERSARIO!

EL ARLEQUÍN y sus amigos


Todos poseemos anhelos que no nos atrevemos a compartir abiertamente con los demás, salvo cuando la ocasión permite máscaras y disfraces. Ahí es cuando surgen los "héroes", los "payasos", las "princesas", las "muñecas pelirrojas", los
"magos" para mostrar con sonrisas las otras facetas importantes de nuestro mundo interior

Por Lebb 

 Los observadores de la vida parecen estar de acuerdo en que el uso de disfraces, de máscaras, polvos y coloretes permite a cualquier persona, de forma divertida y sin necesidad de caer en el ridículo, mostrar no solamente diferentes facetas de su personalidad, sino también revelar tras esos atuendos y payasadas sueños internos, anhelos pendientes, vocaciones tardías o quizá, y ojalá no fuera cierto, aspiraciones frustradas.
 Por eso es que son bienvenidas y aplaudidas las ocasiones, llámense ferias o fiestas, que tienen las personas, para que, como en una sesión terapéutica, gocen la licencia de vestirse de forma sugestiva y así poder desempeñar un rol diferente del que habitualmente representan en la sociedad. Hay quienes lo toman también como beneficio psicológico o medio cómico de evadir la realidad aunque sólo sea por un corto periodo de tiempo.
El objetivo, siguen diciendo los expertos, es sondear más de cerca y con sinceridad los ideales de uno mismo que se debaten en las fibras más internas del  corazón. Bajo la protección mágica de una barba blanca, de la nariz superlativa de un payaso, de la peluca roja de una muñeca deseada, de los rombos chillones de un Arlequín, los sueños están automáticamente al alcance de la mano. Es entonces cuando un estudiante, por ejemplo, puede alcanzar la identidad de un Merlín o el protagonismo de una princesa en un cuento de Hadas, el título de un superhéroe de pantalla o los honores de un prócer de la historia.
Si bien es cierto que hoy día las mascaradas o fiestas de disfraces se han convertido más que antes en eventos cómicos y jocosos, no han dejado de tener los significados expuestos arriba. Siguen conservando bajo la lupa del analisis psicológico la tendencia íntima del ser humano de escaparse de realidades opacas, perturbadoras o insatisfactorias. El hecho de recomponer el rostro con una mano de cosméticos o de transformarlo en una cara postiza de felicidad, o de enfundarse en un traje brillante, o de caracterizar a quien con su varita mágica transforma realidades, son formas de encarnar fuertes ambiciones o de revelar sutilmente deseos fundamentales que la persona ama y quiere materializar en su vida.
 Sin embargo, existen con relación al tema dos aspectos que se deben considerar. El uno se refiere a que no siempre, dada la naturaleza humana con inclinación al egoísmo y a la malicia, los intereses íntimos pueden resultar propósitos nobles de vida. El otro se refiere a que muchos prefieren pasar la existencia solamente deseando ser, sin dar el salto práctico al hacer.
 Así que, el Arlequín y todos los enmascarados, llámense Batman, Capitán América, Spiderman, Barbie, etc. pueden caer en la tentación de continuar viviendo de modo facilista y abstracto sus ideales de éxito, de felicidad, de amor y entusiasmo con puro maquillaje y solamente bajo sus disfraces. Les corresponde entonces, sin dejar de amar la creatividad y la fantasía, identificar sus reales propósitos existenciales para que los incluyan definitivamente con letra mayúscula en sus proyectos de vida.

A todos también nos corresponde,  pues aún tenemos anhelos que cumplir, valorar e impulsar las ambiciones e ideales de cuantos nos rodean, así estaríamos también contribuyendo a la realización de nuestra propia vocación humana.

domingo, 9 de septiembre de 2012

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS DECEPCIONES




La grave y creciente problemática de los embarazos adolescentes en Colombia, pasa por noviazgos liberados como el de Alicia Dorada, quien cuenta parte de su historia para que  otras "Alicias" de pronto no pasen por lo mismo

 Por Lebb


Hace algún tiempo el famoso Gurú del amor, del cual les hablé el otro día y del cual también he registrado varios episodios de sus andanzas, me llamó para compartir conmigo otra de las anécdotas más significativas en su apasionante actividad como consultor de amores y consejero de corazones. Y en esta ocasión me estuvo hablando de una bella chica de nombre Alicia Dorada, pariente talvez de otra Alicia no sé si de la Adorada o la del país de las maravillas. Como sea la cosa esta chica de nuestra historia era una colegiala inteligente y con grandes aptitudes, entre las cuales brillaba el amar sin pensar mucho y el dar demasiado, pidiendo poco.
Le contaba entonces al Gurú que, precisamente por esa generosidad suya, por ese desprendimiento en el afecto, había accedido a darle a su novio ––porque se la pasaba pidiendo––  ‘pruebas tangibles'de amor, porque ya no se contentaba sólo con palabras y besos virginales.
"Ese pedigüeño comenzó pidiéndome poquito ––contaba desde el principio––: un beso, dos besos, hasta tres besos sencillos y cálidos.  Y yo se los daba. Pero después, cuando entró en efervescencia, me pidió besos complejos de mayor temperatura además de caricias más fogosas. Como si fuera poco o más bien loco ya andaba atrevido explorando zonas ignotas de mi geografía.
Aquí el Gurú hizo el ritual de acomodarse mejor las gafas para mirar a Alicia  detenida y devotamente como se debe mirar la belleza ––No era para menos, al fin y al cabo, él era el gurú del amor––  Luego carraspeó un poco en un intento por interrumpir a su interlocutora. Apenas lo consiguió le comentó:
"A mí no me gustó esa materia ni en la primaria ni en la secundaria. Pero, mirándote bien, Alicia, yo creo que me fue aburrida la geografía porque las maestras no sabían enseñarla bien".
"Por favor, señor Gurú, ¡estoy hablando en serio!––lo reconvino la chica. Y  cuando el maestro se puso también serio, ella continuó––: Entonces, yo, como también soy mujer de inflamables emociones, no pude negarme a semejante pliego de peticiones y acabé por  entregarle no sólo mi historia, mi geografía , sino también toda mi anatomía.
Aquí el Gurú del amor abrió los ojos desmesuradamente, se alineó las gafas en dirección al rostro de Alicia Dorada, y, pensando en Anatomía, la interrumpió:
"Esa materia sí me parece muy apasionante. Me entretenía bastante. Sobre todo cuando la maestra..." ––La chica entonces lo miró con severidad e hizo una breve gesto acusador como para que su consejero no siguiera obstruyendo el relato al recordar sus arcaicos gustos académicos. Cuando recobró su atención, ella continuó:
  "Por un tiempo ambos la pasamos dichosos, con o sin condones, inmersos en pasión original, mejor quizá que Adán y Eva en el paraíso. Nos divertimos harto experimentando todas las posibilidades del instinto en nuestros cuerpos, más que todas las virtudes del amor en nuestros espíritus".
El Gurú intervino para comentarle a Alicia Dorada, que, por lógica natural, esa especie de vida marital anticipada, terminaría afectando seriamente su noviazgo --si es que así se le podía llamar a esa relación de entonces, que más bien parecía ser un pacto egoista para satisfacer instintos comunes. Y en efecto, la chica, con asomo de lágrimas en sus ojos, empezó a contarle el desenlace crítico de su historia:
"Con el correr de los días, empecé a notarlo frío en afectos y escaso en atenciones. A veces venía a buscarme y sin siquiera un beso deseaba utilizarme para practicar una nueva técnica amatoria que yo no me sentía con ánimo de intentar".
 Aquí el Gurú meneó la cabeza y exclamó: "¡Ah, chicos de hoy día, cómo están adelantados en esa materia. Ya podrían dar clases!" Alicia continuó con mayor aire dramático:
 "Y ¿Cómo le parece que la semana pasada me dio la sorpresa: me contó fresco y contento que se había enamorado de alguien más compatible y más complaciente que yo. Y, sin darme más explicaciones, ni considerar tantas pruebitas de amor que le dí, se marchó de mi lado tranquilo a vivir de novio casado con ella.”
 "Indudablemente, ––apuntaba mi amigo el Gurú–– esa joven, Alicia Dorada, representa un grupo numeroso de chicas quienes, al no establecer diferencia clara entre matrimonio y noviazgo, adelantan las relaciones conyugales, durante esa etapa importante de conocer a alguien, de fortalecer un prospecto de amistad especial, de compartir tantas cosas bellas que un enamoramiento inspira. Y lo echan todo a perder. Se ocupan en intensificar la sensualidad más que la espiritualidad, en avivar más el toque toque de los cuerpos que la cercanía de los espíritus, el sexo más que el corazón, dinámicas que precipitan al fracaso una relación de noviazgo".
A Alicia Dorada, entonces, que por fortuna no había quedado embarazada, abultando así la perturbadora estadística de madres adolescentes, le tocaba recobrar el ánimo, recuperar la autoestima y empezar de nuevo otra búsqueda de amor.
Pero lucía más preparada para manejar mejor alguna relación futura. Lo necesitaba, porque no faltarían hombres conquistadores, mal o bien intencionados, que saldrían a su paso, propensos unos a la pesca honesta de corazones exclusivos y otros a la caza egoísta de sexo bueno, bonito y barato. Debía elegir bien.

"QUIEN LO VIVE ES QUIEN LO GOZA"

VITAL ponerle espíritu a los quehaceres

 

(Editorial para el Observador 20)

  

 Conocí una madre  excepcional que sin saber inglés ni suponer que su hijo menor lo estudiaría después en la universidad, acuñó una  justa expresión, basada precisamente en una palabra capitalista, para indicar que los buenos oficios de la vida realmente debían hacerse más que con presupuesto material o recursos económicos, con "fondos espirituales" y ganas morales. Y cuando alguno de nosotros mostraba pereza, espíritu negligente, ante las tareas asignadas, comentaba directo a nuestros oídos: "Este muchacho para hacer las cosas no tiene "fundinga", donde "fundinga" proveniente de "fund", (fondo, presupuesto o recurso), indicaba con toda la oración que el personaje mencionado adolecía de corazón y de presupuesto moral para acometer la vida con gusto, con dicha y con provecho.
En otras ocasiones, cuando ella cándidamente esperaba que fuéramos a la tienda, corriendo y entusiasmados, al mandado del momento, nos advertía: "Pónganse las quimbas", para pedir más que botas o zapatos, un coraje explosivo para ir a mil por hora a comprar por ejemplo el pan del desayuno.
Y el padre exclusivo que conocí, mientras pulía la pieza dental hasta convertirla en espejo, en sus ejemplares faenas de trabajo, tarareaba una famosa estrofa colombiana:
"Toma esta cancion que lleva alma, corazón y vida.. Alma para conquistarte, corazón para quererte y vida para vivirla junto a ti" 
Y luego, a través de los enormes aumentos de sus gafas nos estudiaba con picardía añadiendo un comentario:
"No son garbosos ni briosos como el famoso caballero noble que conocí de apellido Zapata a quien jocosamente, al salir de la casa a su paseo habitual, algún sin oficio le tomaba del pelo preguntándole: "¿Te vas Zapata?" A lo cual él contestaba con entusiasmo feroz: "¡No, ala, me voy a pie!"
El otro personaje de gozosas ganas por el trabajo era el abuelo, el cual, cuando llegaba a un sitio donde supuestamente debía haber hechos y emoción, pero no había nada de eso por ninguna parte, al punto miraba con ojos fiscales a los dormidos de la función y les exigía: "¡Bueno, señores, ¡QUE SE VEA MOVIMIENTOOOOO!" 
Y desde luego, conocí también a un costeño intenso, quien, después del Festival al bajarse del bus, sacudiéndose todavía pues aún no había perdido el impulso, repetía la orgullosa jaculatoria: "¡Hey, quien lo vive, es quien lo goza!"  
Todos ellos nos adoctrinan con su biografía en el dogma de que es vital ponerle espíritu a los quehaceres de la vida, ponerle amor y garra, por ejemplo, al estudio, al juego, al arte, a la Fe, al baile, como lo hace precisamente la chica divina de la portada que se retuerce y estira al ritmo enloquecedor de la música olvidándose del mundo. Ahí es cuando uno entiende mejor la magnitud real de la expresión de arriba, según la cual "quien lo vive es quien lo goza".

martes, 4 de septiembre de 2012