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miércoles, 21 de septiembre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
lunes, 22 de agosto de 2011
domingo, 21 de agosto de 2011
EL GURÚ CHANCERO DEL AMOR
Por Lebb, editorial del OBSERVADOR TRECEviernes, 19 de agosto de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
¡MADRE, NO HAY SINO UNA!
Por LebbAl dia siguiente, entonces, en la clase de Castellano, a la solicitud de la maestra, uno de los estudiantes más juiciosos y aplicados, frente a sus atentos compañeros, declamó lo siguiente:
"Tengo una madre bella
que me quiere y ayuda,
que se muere y desvela
por verme lleno y feliz
como nadie lo hace
en el mundo por mí;
es conmigo tan única
que puedo decir con premura
que Madre no hay sino una!
La profesora muy complacida aplaudió al niño junto con los demás compañeros y lo felicitó por contar con una madre ideal.
En seguida, otro chico, ante la petición de la maestra, tomó la palabra y dijo:
Eres sol que ilumina mis caminos,
el mar donde mi alma desemboca,
el ser en quien se apoya mi vida...
Cuando el mundo me interroga
Si hay dos seres grandes como tú,
Respondo con voz trémula de una:
¡No, Madre no hay sino una!
Los niños y la maestra con ellos, muy emocionados, aplaudieron la composición. Y, al igual que al primero, le puso cinco en la planilla de los indicadores de desempeño y lo felicitó repetidamente por alabar a una madre tan sublime.
Finalmente, le correspondió el turno a uno de los chicos más intranquilos del salón, firmante asiduo del Observador disciplinario, quien, puesto en pie, aferrado a su cuaderno, empezó a leer su composición:
"El otro día en mi casa de invasión
mi madre alegre con dos amigotas
celebraba ruidosa y con palabrotas
de las madres la especial celebración.
Entonces, ya bastante alegrona,
para honrar a las compañeras,
protestó con rejo y gruñona
que urgente fuera al congelador
por una ronda de cervezas...
Fue cuando, al abrir la puerta,
me quedé allí sufrido y yerto,
Entonces grité con amargura,
angustia infinita y con apuro:
!Ay, Madre, no hay sino una!
Mientras sus compañeros reían fuerte aplaudiendo mucho, la maestra, por su parte, sin hacerle reparos o correcciones, también marcaba un "chulito" en la planilla de calificaciones, signo de que el niño había cumplido la tarea, así hubiera puesto una coma de puntuación después de "madre", trastornando bastante la sintaxis de la última línea. Pero no se le pasó por la cabeza felicitarlo como a los otros dos por tener también una madre tan humana y tan real como el mundo donde él había nacido y estaba viviendo.
Era claro también que el chico inteligente entendía bien la importancia de resaltar la existencia excepcional de las madres mediante ese verso trillado "madre no hay sido una", sólo que a él le había tocado precisamente una gustosa de la cerveza y de otras tentaciones mundanales. No era por lo visto una mujer de amores poéticos, con credenciales celestiales. La maestra lo entendería después, cuando en su alcoba, en el colchón, reconocería que las madres en su mayoría son mujeres con cualidades naturales y con defectos sobresalientes, pero que cumplen con sacrificio su papel en la crianza y en la formación de su prole, tal como inclusive lo hizo la de ella, cuya tumba visitaba seguido.
Al día siguiente, entonces, felicitó al muchacho por su creatividad y por tener una madre especial, alegre y, sobre todo, de genio enérgico.
domingo, 5 de junio de 2011
HUMOR

Cómo se dice disparo en Árabe?
Ay-Ba-la-Bala.
* ¿Cómo se dice adivino en Japonés? Kómo sabe.
* ¿Cómo se dice bésame, en Árabe?
Mójame lajeta.
* ¿Cómo se dice café amargo en Japonés?
Takara lazúcar
* ¿Cuál es el colmo de un pollito?
Tener plumas y no poder escribir.
* ¿Por qué creen que las mujeres mueven la cabeza cuando piensan?
Para que las dos neuronas que tienen hagan contacto.
* ¿Qué le dijo el café al azúcar?
Sin ti mi vida es amarga.
* ¿Qué le compraste a tu mujer en estas fiestas?
Una cadena espectacular, ¿y tú?
No, yo todavía la puedo dejar suelta.
*¿Cómo se dice huérfano en chino?
Chinchupale y chinchumale.
El difícil arte de “manejar” el verbo “manejar”

Por Lebb
Aunque es rico saber que en nuestro idioma disponemos de inagotables expresiones con las cuales podemos manifestar de infinitas formas cualquier pensamiento, en ocasiones caemos en la repetición y en la monotonía semántica. He aquí un buen ejemplo de eso.
A quienes se dejan “manejar” por este verbo manipulador dedico con amor gramatical estas líneas a ver si se liberan un poco de él y son más felices con tantos otros términos que bien pueden expresar mejor sus intenciones. Pueden optar por la sinonimia o simplemente por citar las actividades por su verdadero nombre; de tal modo que si quieren referirse a “manejar” el martillo, digan más bien “martillar”; o “manejar” el taladro, digan ´”taladrar”. Prefieran “esgrimir la espada”, es vez de la forma trillada “manejar la espada”. Al hijo podemos sugerirle que “administre” mejor su tiempo, en lugar del prosaico “Maneje mejor el tiempo”. Y así como el marinero hábil “gobierna” el barco, en vez del simple “maneja” el barco, damos paso a la mayor precisión del hecho y una mejor descripción del evento. Al incorporar en el habla o en el escrito, la rica y precisa variedad del diccionario estaremos “dominando” (no sólo manejando) el arte de la comunicación.
No faltará algún lector indomable que me revire diciendo que no se va a dejar “manipular” (no digo manejar) por mis palabras. Líbreme Dios de pensar siquiera en eso de “esclavizar”, (no digo manejar),– las mentes ajenas. Yo sólo quiero que ni el gato afirme que “maneja” muy bien su maullido. Ojalá diga que “maúlla” muy bonito. Y el perro grite que “ladra” como nadie, en vez del soso: “Yo manejo el ladrido”. Y si el guepardo está escuchando también podrá pregonar que no existe un félido como él capaz de desplazarse a velocidades impresionantes, en lugar de anunciar con simpleza que “maneja” mejor la velocidad.
Tratemos de esquivar la repetición de este verbo, incluso cuando queramos revelarle al mundo que ya podemos “manejar” el carro., digamos más bien con orgullo que ya sabemos “conducir” nuestro Mercedes Benz. Este verbo, como algunas mujeres insoportables, pretende “mangonear” (no use manejar) a los hablantes exigiéndoles que se “manejen” bien, en lugar de que “se comporten a la altura”. Querrá que sigamos pobres en el “uso” (no utilice manejo) del verbo, inactivos en el “liderazgo” (no diga más manejo) de los grupos. Y ya para finalizar este “tejemaneje” del verbo, pidamos a quienes “disponen” del poder, (no a los que manejan el poder de la palabra) que ayuden a fomentar la aplicación de la sinonimia y de la diversidad creadora. Que así como el computador “procesa” (no maneja”) infinidad de datos, así también nuestro cerebro y nuestro espíritu también “elaboren” (no manejen) otras fórmulas ingeniosas, con las cuales podamos sazonar la convivencia, podamos enriquecernos y gestionar (no “manejar”) decididamente nuestros destinos.
jueves, 2 de junio de 2011
¡Bienvenido OBSERVADOR doce

La próxima semana entra en circulación el OBSERVADOR en su edición doce
*El trajín diario de quienes circulan por las terribles y mal llamadas carreteras de Girón hacia sus veredas más importantes.
*La excepcional importancia de las autoras de nuestros días.
*El peligro de amar a ciegas, sin valorar debidamente a la persona idealizada
*El humorismo eterno de un padre único.
*El horóscopo celta tiene tu arbolito.
*Notas curiosas.
*Muchos otros temas valiosos.
lunes, 18 de abril de 2011
LOS 20 MOSCOS Y PREPARANDO SU DESGRACIA

LA ABSOLUCIÓN DEL AMERICANO
Editorial del OBSERVADOR ONCE La mañana escogida para la experiencia–, el ilustre importado soñó con acomodarse en la silla esponjosa de un campero elegante de mi propiedad, (suponía que yo había superado ya el subdesarrollo, gracias precisamente a la educación), pero como no era así y apenas tenía para pagarle el mero puesto en un bus pequeño, ruidoso, saltón, tuvo entonces que resignarse a hacer el viaje acosado, en un puesto duro, incluso con las rodillas aprisionadas contra el espaldar del pasajero de adelante que tampoco estuvo a gusto con las zancas punzantes del gringo.
El sufrido bus, como lo hacía habitualmente debía abrirse paso hasta el colegio por una trocha pedregosa, plagada de escombros, basuras y cráteres lunares. Y, era entonces cuando el Americano, al brusco son de los baches y al cruel compás de los vaivenes, cada que los amortiguadores gruñían, brincaba hasta el techo o se balanceaba hacia los lados. Yo, inquieto y asustado, lo detallaba no fuera de repente a salir despedido del vehículo. (¡Imagínense, no le había sacado Seguro!). Fue entonces cuando me lanzó el primer comentario, casi como un grito de angustia y socorro: "Hey, First, We've to fix this!" ("¡Primero debemos arreglar esto!") A lo cual, medio entendiendo, le contesté: "Yeah, Yeah! Tomorrow We'll do it!" (Que quiere decir, ¡yes, yes, mañana lo haremos!).
Pero quedaron resonando las palabras del norteamericano en mi cerebro como maracas, pues para él –como lo entendí después– era inconcebible que la ruta hacia un centro de estudio y cultura, presentara un estado tan salvaje y primitivo, no sólo a causa de un liderazgo defectuoso de los políticos del momento, sino también porque los actores principales de la región ––entre ellos naturalmente nosotros–– no estábamos desplegando suficiente actividad en ese aspecto. No era admisible para él, agente de desarrollo y cambio, que la educación de ciudadanos con valores totales no se tradujera, gracias a su gestión y protagonismo, en obras materiales de mejoramiento y bienestar con respecto a los entornos donde ellos existían y se movían.
En la parte de atrás, mientras seguíamos nuestro viaje tan sísmico y con vallenato estridente en los parlantes del bus, los estudiantes viajeros como nosotros reían a gran volumen y charlaban con entusiasmo, completamente acostumbrados al mal estado de la vía y ajenos obviamente a la problemática de las piedras, del polvo y de los huecos tenaces. Los demás pasajeros ya teníamos también los riñones bien entrenados y las narices con filtro. Después comprendería –soy de reacciones mentales demoradas– cómo existen pueblos cuya democracia es frágil y de pésima memoria, que aceptan mansos y mensos la miseria administrativa y la inoperancia escandalosa de los jefes que ellos mismos han escogido. (El colmo masoquista es que los reeligen hasta por cinco veces o más.)
Pero el cuento hasta ahora empieza. Cuando ya estábamos próximos al colegio, en los últimos treinta metros, unas depresiones abismales, hicieron que el bus al estilo mátrix detuviera el tiempo. Lo detuvo tanto que alcancé a meditar que si los conocimientos y las competencias adquiridas no ayudan a mejorar las condiciones de vida transformando la realidad, si no sirven de estímulo y aun de herramientas para resolver los problemas de malestar y de baja calidad de las circunstancias, merecen ser perentoriamente replanteados.
Pero adelantemos bastante la historia: Cuando el norteamericano tuvo ganas de refrescarse y de hacer una sencilla necesidad del cuerpo, (después de conversar animadamente con los estudiantes sobre la maravillosa importancia de hablar Inglés en este mundo globalizado, para conocer culturas, intercambiar experiencias, viajar y ser ciudadanos prestantes del mundo, etc., etc.), se quedó frenado, frente a las puertas del baño, ante los tubos sin grifos y sin agua, tratando de no respirar siquiera... ni de hablar tampoco.
Después, anduvo por los corredores sembrados de papelitos y restos multicolores... Y tampoco dijo nada. Desmenuzó con los dedos la tierra reseca de una jardinera vacía y luego llegó hasta la cancha donde unos chicos jugueteaban con una garra que alguna vez en otra reencarnación había sido balón. Pero tampoco dijo nada.
Yo me creí en la necesidad de hacer algo. Entonces, antes de que siguiera observando y se le ocurriera alguna sugerencia ingrata contra nuestro glorioso colegio, poseedor también de muchas virtudes, me adelanté a comentarle, señalando las nubes negras con ademanes de experto en el clima, que iba a llover muy pronto: "it's going to rain very soon. Isn't it?!" (Le dije en mi modesto inglés)
Al punto y con cierta picardía en sus ojos azules, el visitante me replicó: "It's better, because there is no water in the bathrooms" ("¡Es mejor que llueva, porque no hay agua en los baños!) ("Besides it's very good for all the plants you're growing here" (Además es muy bueno para todas las plantas que cultivan aquí")
Sonreí seriamente mientras iba desgranando en mi conciencia los pecados de obra y omisión cometidos como docente, especialmente por no ser impulsor de cambio. Luego, de manera inconsciente, como en la Misa, me llevé la mano derecha al lado izquierdo, justo sobre mi apenado corazón, y musité piadosamente: "¡Mea culpa, mea culpa!"
El mono que sabía también Latín y tenía buen oído, rió en inglés y comentó jocosamente en Castellano:
"Tus pecados están perdonados. Pero no vuelvas a pecar...
Y agregó: La Educación debe ser considerada como una gracia y como un poder. No como vana teoría de números o letras inaplicables; debe generar resultados: arreglar espacios, componer la vida de las personas, impedir la existencia de esquemas que las martiricen o empobrezcan. Incluso, fomentar ámbitos estimulantes de creatividad y producción"
No consideré erradas estas ideas del gringo para quien educar era similar a evangelizar. No tomé como sátira ni mala educación el que hubiera aludido con humor y precisión a los efectos de una educación que sólo se limite a buscar la potencia de la teoría, el almacenamiento de ideas o el solo trámite de sentimientos infecundos al margen de los problemas reales del medio. No nos estaba pidiendo que necesariamente dejáramos las aulas para empuñar los picos y las palas y nos pusiéramos a construir un acueducto, o nos pusiéramos con carretillas a tapar los huecos endiablados de la carretera. Seguramente estaba pensando en una educación que suscitara en los estudiantes un vigoroso espíritu productivo, de liderazgo, actuante, no indiferente a la problemática del entorno.
Pero tampoco me parecieron descorteses las insinuaciones realistas del americano sobre nuestra condición institucional en ese entonces, porque es necesario, como el ciego de nacimiento, empezar a reconocer con realismo los defectos y las fallas.
Al final, tras sostener una charla larga al respecto y, cuando ya estábamos convencidos de que habíamos arreglado el universo, abordamos el bus para reiniciar la aventura del retorno.
sábado, 26 de marzo de 2011
PRIMERA SEMANA DE ABRIL
sábado, 12 de marzo de 2011
Aprendiendo a valorar la vida
Tras un tiempo de búsqueda e imaginación, aprendería finalmente a valorar la dimensión práctica de la vida, la cual, a pesar de sus dificultades y pesares, reserva a los humanos grandes esperanzas y realidades felices
Cuenta una leyenda que un joven inca, por los avatares normales de la vida, había quedado solo en medio de los Andes y sin nada, con excepción de una vieja llama en cuya compañía resolvió emprender largas caminatas en busca de un sitio donde establecerse y poderle hallar sentido a sus fatigas sobre la tierra. Fue tal la unidad de la Llama y el joven en esas circunstancias que los dos terminaron incluso compartiendo en las noches frías el mutuo calor, el amor de los luceros y el ideal común de tener algún vez un hogar donde estuvieran a gusto, con más compañía y más amores.Sin embargo, una noche de las más ricas en estrellas, la llama no soportó la cuenta de los años y se durmió para siempre, dejando en consecuencia al joven inca sumido en otra de sus mayores tragedias.
A la mañana siguiente, para honrar como se merecía su memoria, el fervoroso inca la sepultó junto a un helado arroyo y fue luego a sentarse debajo de un árbol a llorar desconsoladamente.
Así permaneció mucha lunas, contemplando una y otra vez la tumba de la llama, inmerso en pensamientos grises sobre la vida, la muerte, el destino humano, coqueteando incluso a la idea de sumergirse para siempre en las gélidas aguas del arroyo. Hasta que una noche, también rica en estrellas, su pasión y fantasía prodigiosas desencadenaron un colosal fenómeno cósmico. Observó entonces una gran explosión de destellos de horizonte a horizonte y en medio una estrella desprendida de alguna galaxia remota, que había descendido allí justo sobre aquella sepultura que adoraba.
Acto seguido tomó la forma joven de la llama, su vieja amiga, y fue ágil hasta la orilla del arroyo a beber sedienta del agua fría. Al terminar lanzó una mirada al joven inca, con suave reproche por llorar tanto pero con afecto de quien deseaba verlo feliz. Y mientras saltaba al cielo, en medio de otro espectáculo de luces, fue dejando un reguero de lana en puros pedazos de fino algodón.
A la mañana siguiente, –termina la leyenda– cuando el sol comenzaba su carrera, el muchacho se levantó animado a recoger toda aquella lana suave, tibia y de brillo semejante en sus manos al material íntimo de las estrellas.
Olvidándose entonces del duelo, confortado por la visión de la llama, le pareció bien llevar esa lana al pueblo y venderla allí; donde efectivamente se la compraron a buen precio. Con ese dinero pudo negociar una casa y hasta le alcanzó para comprar una pareja de llamas jóvenes, los cuales tuvieron posteriormente varias llamitas bellísimas.
A partir de allí el joven inca aprendió a valorar el sentido práctico de la vida, la cual, a pesar de sus dificultades y de sus pesares, tiene reservadas a los humanos grandes esperanzas y realidades felices. Jamás volvió a sentirse solo porque pronto consiguió una buena compañía y tuvo después, (como era de esperarse de un fecundo Inca), varios "inquitas" adorables. Claro está que jamás olvidó a la llama estrella, la cual como buena maestra le había "dictado" la mejor y más útil clase de su vida. Y sin palabras. Por eso, agradecido y con ojos de alabanza, solía atisbar en las noches estrelladas las profundidades del firmamento, sobre todo la vía láctea, porque seguramente por ahí andaba orbitando, sonriente y complacida, su eterna amiga: la llama Estrella.
Yo pienso que también cuando alguien nos interrogue sobre razones para existir, tras la pérdida de cualquier amor o por desencantos de la suerte o por infortunios de familia, deberíamos mostrarles nuestros testimonios prácticos de vida o si no sencillamente contarles la leyenda de la llama estrella; porque es preciso fortificarles la voluntad de estar en el mundo el tiempo que les corresponda, a despecho de sus conflictos, de sus tragedias, para realizar sus sueños, para que recuperen la elemental alegría de vivir, tal como lo anhelaban quienes se inventaron una historia tan encantadora.
jueves, 3 de marzo de 2011
¡VUELVE EL PERIÓDICO!
miércoles, 17 de noviembre de 2010
EL MAGO Y EL RATÓN

Ese ratoncito recordaría años más tarde, cautivo en una trampa mortal y con la aterradora sensación de haber vivido en vano, el día aquel cuando acudió al mago de la región en busca de ayuda para dos de sus grandes problemas existenciales...
Versión Lebb
El mago entonces lo miró de arriba abajo intrigado de que un ratón tan insignificante viniera a pedirle solución a sus “pequeños” problemas ratonescos.
–Mis problemas grandes son dos –comenzó diciendo el paciente– : Les tengo pavor a los gatos y me gasto una enorme pereza hasta para abrir los ojos. Yo creo que si me convirtieras en gato se me acabarían los dos males.
El viejo sonrío para sus adentros, cogió de la mesa su varita mágica y mientras le tocaba con su extremo la cabecita, pronunció unas palabras como en griego, y de una vez el ratoncito quedó convertido en gato. Muy impresionado y agradecido, el antiguo roedor miedoso y perezoso pagó la cuenta con todos sus ahorros y salió de la cueva-consultorio del mago.
Sin embargo, cuando llegó al vecindario se le cruzó por delante un perro de malas pulgas, de genio mafioso que lo invitó a las carreras. Fue entonces cuando el antiguo ratón –ahora gato– se orinó de miedo y fue a esconderse en el primer hueco que encontró.
Como era de suponerse regresó a la cueva del encantador a llorarle de nuevo una solución para sus problemas de miedo y de pereza. El abuelo como tenía tanta paciencia y ganas de plata también, volvió a tomar la varita mágica y con un pase mágico lo transformó en perro.
Y así recién convertido en un perro grandulón y, tras haberle firmado al mago un pagaré por la nueva consulta, se devolvió al vecindario. Sin embargo, por el camino le cogió una pereza tan tremenda que resolvió dormir una siesta larga bajo un árbol con tan mala suerte que un tigre hambriento le puso el ojo encima y por poco las garras. Un ruido a última hora lo despertó y espantado por la idea de morir tan joven, sus patas le sirvieron de alas.
Llegó prácticamente muerto del susto, otra vez, al consultorio del brujo y con voz entrecortada le pidió el favor de que:
–¡Rápido, rápido, señor mago, conviérteme en tigre!
El sorprendido hechicero le pidió al antiguo ratón, ahora perro, que tomara respiración y se calmara un poco por cuanto los hechizos no producen efecto en los arrebatados ni en los locos, “ni en los cuerdos tampoco” –esto último lo dijo para sus adentros. Hizo el ademán de consultar unos amarillos oráculos egipcios, torció los ojos como un poseso para invocar dioses del más allá y del más acá también. Y tomando de nuevo su prodigiosa varita mágica le tocó la testa y lo convirtió en tigre.
Para probar su nueva condición física el antiguo ratoncito rugió como lo puede hacer el más bravucón tigre de la selva. Pero antes de irse, el mago le hizo estampar su garra derecha en un documento a modo de otro pagaré. (Aclaro que el brujo fiaba las consultas pero cobrando bonitos intereses. Además toda transformación generaba recargos. Por lo tanto, el ratoncito se estaba endeudando peligrosamente). Pero al nuevo tigre tampoco le importaba hipotecarse con tal de superar mágicamente sus complejos de vida
Nuevamente, pues y con aire triunfal, se dirigió al bosque, ahora con cara de tigre.
No obstante su nuevo físico, y sin sospechar que en octubre se juega a los disfraces, el antiguo ratoncito –ahora tigre–, mientras iba por las sendas hermosas del bosque bañadas de sol y salpicadas por las sombras ondeantes de los árboles, sintió tanta y tanta pereza, como una agonía, que no pudo resistirse las ganas de irse a recostar contra un tronco. Y allí, bajo el amor del cielo, se quedó profundamente dormido.
Pero no por mucho tiempo, por cuanto lo despertaron el estruendo y la algarabía de unos disparos y los perros de unos cazadores. Aterrorizado hasta los huesos se levantó a escapar por la espesura, saltando charcos, brincando cercas, dejando hasta fibras de corazón en el camino. Por fortuna, pudo librarse de los cazadores no sin rasguños, magulladuras y con varias uñas faltantes, y llegar nuevamente a la cueva del mago, el cual lo recibió en la puerta, con cara de mucha preocupación: jamás había tenido a un cliente tan insatisfecho con su trabajo, tan inconforme con todos los encantamientos, tan incorregible como ese ratón miedoso.
–Por la pinta y la prisa que traes –le dijo malhumorado– supongo que ahora vienes a que te convierta en cazador o en escopeta, o ¿me equivoco?
El antiguo roedor no sabía responder. No sólo le faltaba el aire y las fuerzas físicas, sino que también le escaseaban las ganas de pedir más magias o que lo bañaran en agua de yerbas o le echaran sahumerio contra su mala suerte. Ninguna transformación parecía surtirle efecto.
–Tu problema –concluyó diciendo el brujo, que también sabía dar buenos consejos porque había leído mucho. Por eso la importancia de leer– es que naciste con un corazón de ratón. Y mientras en tu pecho palpite tal corazón, no dejarás jamás de tener miedo. Ahí también anida tu pereza hacia la acción, hacia el cambio, hacia la productividad de la vida. Me da mucha pena contigo, amigo, pero si hay cosa en este mundo que yo no puedo ni me atrevo a hacer es la de cambiarte el corazón, ratoncito. De nada valen las varitas mágicas, ni Harry Potter, ni técnica alguna de encantamiento. Solamente lo puedes hacer tú solo.
Diciendo estas palabras ingresó a la cueva y salió en seguida con la bendita varita mágica y con un grueso libro envejecido. Palpó suavemente con su extremo la testuz del falso tigre y pronunció unas palabras como en griego, entrecerrando los ojos como un santo. Y lo convirtió, esta vez en medio de una explosión de humo, nuevamente en ratoncito.
Precisamente ese ratoncito recordaría años más tarde, cautivo en una trampa mortal y con la aterradora sensación de haber vivido en vano, el día aquel cuando acudió al mago de la región en busca de ayuda para dos de sus grandes problemas existenciales. Y ahora enfrentaba la evaluación de su vida, ya sin mago y sin sortilegio alguno que le sirviera para justificar su paso por el mundo. Y la asfixia continuaba. Y el terror lo invadía. No le había valido ser tigre, por lo menos en apariencia, porque el problema suyo era de corazón. Y el corazón guarda fiel memoria de los defectos más profundos y obstinados. Se lo dijo el anciano mago antes de blandir la varita mágica sobre su cabeza. Pero entonces, ¿por qué no se cambió el corazón? Si el brujo se lo dijo y se lo repitió: “Tu problema es que naciste con un corazón de ratón. Y mientras en tu pecho palpite tal corazón, no dejarás jamás de tener miedo. Ahí también anida tu pereza hacia la acción, hacia el cambio, hacia la productividad de la vida. Me da mucha pena contigo, amigo, pero si hay cosa en este mundo que yo no puedo ni me atrevo a hacer es la de cambiarte el corazón, ratoncito. Solamente lo puedes hacer tú solo.”




