Ya está casi lista la edición 19 de tu periódico el OBSERVADOR
Aquí te adelantamos la portada:
¡Pronto en circulación tu periódico OBSERVADOR 19!


En julio cumplirá el primer año la atractiva declaración de la ONU, según la cual la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental. A renglón seguido invitaba a los Estados miembros a promover políticas públicas, en su propuestas de desarrollo, que contribuyeran a la consecución de esta meta celeste determinada en gran medida por el bienestar elemental de los pueblos, sin el cual es muy difícil, casi imposible ser feliz, tal como sucede en la caricatura de al lado, donde el negrito da al periodista bien alimentado la irrefutable razón por la cual, además de desnutrido, no está feliz.
El buen chico, ––a quien su mamá lo había enviado a buscarle a ella y a sus dos amigas las tres cervezas para honrar su solemne día––, abrió la puerta de la nevera y se quedó en suspenso. Fue entonces cuando gritó con sentimiento, miedo y ansiedad una de las frases más célebres de la historia:
"¡MADRE, NO HAY SINO UNA!"
Cuenta uno de los folclóricos humoristas que una vez una buena maestra de escuela, precisamente en mayo, les asignó a los estudiantes la tarea de redactar una composición tierna, linda y simpática que rematara con la consabida frase:"Madre no hay sino una", frase que siempre ha puesto de relieve la importancia y el valor excepcional de las madres, así como el necesario sentimiento de gratitud, aprecio y honra singulares hacia ellas.
|
El otro día en la sala de profesores, (donde hay alegría, se habla mucho, se oye de todo, y ––con el perdón de las excepciones–– se hace poco), estaba tratando de escribir este editorial para el OBSERVADOR 16, ––cosa que me cuesta bastante–– sobre la importancia de descubrir y fomentar el potencial del liderazgo en los estudiantes, cuando de pronto se me puso de espaldas, por delante, una de nuestras más eminentes profesoras, mientras alguien la saludaba efusivamente diciéndole con cariño: “Hola, Merceditas”. A lo cual, yo, que tenía la visión reducida de la sala por culpa suya, comenté en voz alta, emocionado: “¿Merceditas? ¡Qué Merceditas! ¡MERCEDOTAS!
· ¿De qué raza es su perro? -Es un perro policía. -¿Pero por qué no ladra? -Es que pertenece a la policía secreta.
De todas maneras sucedió algo espantoso esa noche. A la madrugada, se oyó un estruendo similar al de una ratonera cuando se dispara y ahorca con su gancho metálico a un roedor comilón. La mujer del granjero fue la primera en despertarse y movida por la curiosidad propia de su género salió corriendo para ver seguramente la agonía de la primera víctima. Para su mala suerte, la oscuridad no le permitió ver que allí no se hallaba ratón alguno, sino una serpiente venenosa medio enganchada a la trampa por su cola, la cual furiosa saltó en un segundo a los grandes muslos de la madrugadora a clavarle sus colmillos mortales. Con los gritos de la mujer, acudió el granjero muy asustado y, tras darle garrote al reptil, la llevó rápidamente al hospital, donde para bien suyo lograron estabilizarle los signos vitales. Al regresar a casa, sin embargo, le continuó la fiebre y la debilidad, por lo cual el granjero, así como se lo había sugerido el médico, determinó prepararle caldo de gallina, de gallina bien alimentada con maíz. Entonces fue un verdugo, cogió la gallina, le tiró el pescuezo e hicieron caldo para el desayuno y después sancocho para el almuerzo.
A pesar de tantos cuidados y ruegos, la mujer, al cabo de unos días, de todas maneras se murió. Y como el granjero era tan popular y apreciado por sus paisanos, vino muchísima gente al entierro y él tuvo que darle comida y hospedaje a toda esa muchedumbre. Para ese efecto, entonces, también llamó a uno de sus empleados para que llevara al matadero al toro cebado que ya no pudo, en consecuencia, seguir pastando feliz junto al arroyo.