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sábado, 22 de agosto de 2026

MEMORIAS DE UN PENSIONADO (CAPITULO 15)

15. REINADO ECOLÓGICO LLANO GRANDE 2004 Y

PRIMER INTENTO DE HACERSE CURA


En esta oportunidad el pensionado se remontó a  recuerdos añejos del año 2004, entre ellos, un reinado ecológico en el colegio Llano Grande de Girón, la muerte trágica de un exalumno y la visita de los inspectores de la Secretaría de Educación





 Y otro recuerdo importante, de cuando cursaba su sexto grado en Pamplona, en el colegio Provincial; y un cazador de vocaciones lo convenció de irse a estudiar para ser cura redentorista en el seminario de La Mata, (san Alfonso, ahora, en Piedecuesta)

He aquí  —para quienes se preguntan qué estarán haciendo ahora los pensionados—, una pequeña muestra gráfica de la añoranza lagrimal que pueden experimentar cómodos en sus sillones: ya no tienen chicos que los asedien, charlando, riendo, haciendo preguntas... siendo interesantes en medio de ellos.
Pero no crean que sólo se dedican a la nostalgia, a mirar retratos amarillentos, a soñar en reversa, también echan hacia adelante en pos de otras complacencias e intereses.
Su carrera terrenal aún está vigente.

De nuevo el pensionado voló con su imaginación a otra época de su vida laboral, como docente del colegio Llano Grande, hacia el año 2004, imaginando que entraba al colegio llevando dos bolsas de plástico repletas de ejemplares de la edición 33 de su producción periodística que entonces tenía el nombre de Informativo Lebb, —del cual se produjeron y difundieron un total de 65 ediciones—, para ofrecerlos en los salones con la esperanza de que los alumnos los adquirieran. 

Era consciente de que iría a encontrar obstáculos en su empeño porque había profesores que no les gustaba que les interrumpieran las clases o les causaran indisciplina en los salones, o que la rectora Ligia mostrara oposición porque los iba a vender. Ella, muy receptiva de las inquietudes de la comunidad, había oído lamentos de los padres de familia y de algunos profesores, (se agregaría al grupo opositor después una pomposa dirigente sindical), que los niños —sobre todo los de los cursos de abajo— botaban el dinero de la media mañana comprando ese tal periódico escolar en lugar de llenarse el estómago con gaseosa y empanada. Y eso era inaceptable para ellos, porque tenía prelación, naturalmente para ellos, el bienestar corporal de los educandos. 

Pero aun así con algo de rebeldía y desobediencia, el pensionado se presentaba en los salones, como en esta ocasión, pidiendo el respectivo beneplácito del profesor de turno, (unos risueños, y otros serios lo dejaban entrar), luego procedía a pregonar, como vendedor ambulante, que traía las últimas noticias impactantes del colegio como el reinado ecológico, las fotos de las agraciadas reinas y representantes de las diversas sedes. Hacía notar que al lado de tantos encantos femeninos, la publicación destacaba la muerte violenta de Jaime Diaz, un exalumno que había sido forzosamente retirado el año anterior por faltas graves contra el manual de convivencia del colegio.
Nota en el Informativo Lebb33 de la época

Se había quedado entonces el año 2004 sin estudiar, desorientado y sin apoyo, decepcionado de todo, sin nada que hacer con su vida. Situación que habría precipitado su decisión fatal. Recordaba entonces a la coordinadora Gilma que lamentó profundamente el suceso y el no haber tratado, a nivel de colegio, con más inteligencia e interés humano el caso de Jaime Diaz. El tema preocupaba a muchos porque de donde venía el pensionado también habían ocurrido varios suicidios de estudiantes que no le hallaron atractivo ni sentido a su vida. Y, de hecho, años más adelante, ocurrirían en el colegio otros dos sensibles fallecimientos de estudiantes bajo esa modalidad del suicidio. De ahí la razón de incluir, en esa edición del Informativo 33 el artículo El suicidio de ex alumnos nos compete. Pensaba al igual que sus colegas Gilma y de Oris —había matriarcado entonces en el colegio, las mujeres mandaban— que ese delicado tema debería ser de forzosa inclusión en los planes académicos, en los esfuerzos de orientación escolar e incluso debería despertar vivo interés filosófico en el proyecto educativo institucional. De hecho, el pensionado volvería repetidas veces sobre esa funesta realidad, como lo demostraría después en un artículo de El Observador 40, consignado en uno de sus blogs:  La tragedia

(Acceso gratis a toda la versión original de esa edición del Informativo, haciendo click en el siguiente link: Informativo Lebb 33 )

Recordaba asimismo el pensionado cómo estuvieron un tanto estresados los profesores y las directivas la primera semana de ese noviembre de 2004, debido a la visita fiscalizadora de los inspectores de la Secretaría de Educación, en las personas de Don Segundo Forero y de la legendaria Ana Lucy Villamizar. 

Por fortuna, la visita terminó con fotos de satisfacción y celebración, y con las obligatorias y tradicionales promesas de mejoramiento institucional. Por alguna razón desconocida no prosperó el bautismo con el nuevo nombre de Isaías Duarte Cansino para el colegio. Siguió con el mismo nombre de pila que escogieron sus fundadores. 
Galería histórica de las bien bellas de aquel 2004

Después de recordar que la venta del periódico, en esa ocasión como en muchas otras no le produjo un superávit de ganancias y de satisfacción, tampoco fue motivo para arrojar por la borda su carrera de periodista escolar aficionado. Volvería a insistir una y otra vez, publicando hasta el final, hasta cuando lo declararan insubsistente y más allá.

Don Gerardo, conductor histórico
Recordaba entonces, que, al cruzar la reja del patio, con las bolsas de los periódicos casi ya vacías, —ya los alumnos se habían esfumado del colegio—, se había encaminado hacia su desajustado Renault 6 y, una vez cerrada la puerta del conductor con cuidado, no fuera a desprenderse de las bisagras, emprendió su propio regreso a casa. No logra precisar si con él se animaba a viajar alguno de sus colegas.
Eran tiempos muy difíciles para los vehículos particulares por el pésimo estado de la vía. Pero, aun así, varios profesores tenían vehículo y los estudiantes disponían de algunos buses. Don Gerardo, un experimentado y constante conductor, iba y venía con su buseta llevando lugareños y profesores por una vía alterna llamada Corregidor. Durante muchos años, (recuerda el pensionado), este experimentado conductor, prestó un invaluable servicio a la comunidad que se le agradecerá por siempre. Igualmente, el pensionado lo recordará con admiración y gratitud.

Y así como se recuerda y agradece a los que no son de la familia, por el hecho de que han intervenido positivamente en su historia, el pensionado también evocaría con asombrosa nitidez a su hermano mayor.
  
"Todos iríamos a recordar al hermano mayor, —confiesa el pensionado— no sólo por lo dicho de él anteriormente, sino también por otros aspectos no menos significativos de su vida. Como por ejemplo, por ser un jugador entusiasta, así no le gustara perder. Por ser ciclista de alto rendimiento, mecánico virtuoso, arregla todo, motociclista habilidoso de ciudad y carretera, excursionista, abnegado profesor, grato vecino, líder scout siempre listo, que le atraían las grandes caminatas y los campamentos. El catalogo de sus atributos fue largo. Por ejemplo era hábil en electrónica, genio en fotografía, (Dejó una gran colección fotográfica, retratando, en blanco y negro, con su cámara de fuelle, aspectos familiares, de su entorno y de las actividades que protagonizaba con gusto y sonrisa.
Foto clásica de la familia, gracias a Enrique, el hermano  mayor, con su cámara de fuelle
y temporizador. De izquierda a derecha, arriba: Jesús, Alirio, Enrique, Ihlia, Mario. Abajo,
sentados: Eduardo, don Marcos, doña Alejandrina, Yolanda 
Desempeñaba con eficiencia su papel de hermano mayor, contando con la autoridad y el favor del papá y de la mama, tanto que el hermano Alirio que lo seguía en edad lo apodaba, "Juanchito", con indicios de celos, (como tachándolo de "consentido"). Ya retirado del seminario, casado y con hijos, revelaría otra de sus nobles facetas como esposo ejemplar y padre consagrado de tres hijos. 

Regresando a la vida del pensionado, al igual que al chico del cuento, a él también le llegaría la pregunta de qué quieres ser y hacer con la vida, no venida del diablo, por supuesto, sino de un sacerdote que como encantador de vocaciones, visitaba los colegios reclutando jóvenes que  manifestaban sentirse atraídos por el ministerio sacerdotal. Fue él, quien, presentándose en el aula y, tras una intervención muy persuasiva, remató con esa misma interrogación: 

"¿Qué quieren hacer con su vida?"

Estaba concluyendo el pensionado, con muy buenas notas y prestigio académico, el sexto año de bachillerato, en el colegio Provincial de Pamplona. El fornido padre cazador de vocaciones, en cuestión, terminaría por convencerlo de que ingresara al recién inaugurado seminario de la Mata de los padres redentoristas en Piedecuesta, que estaba en sus primeras etapas de construcción. A partir de ahí comenzarían los preparativos para su gran experiencia de salir de casa, por primera vez.  

Y, efectivamente, hacia el año 68, entró de interno en el seminario de La Mata, (Así lo llamaban, como la vereda donde estaba ubicado), en medio de una enorme expectativa por parte, tanto de los padres superiores, como por el lado de sus nuevos compañeros de curso. El pensionado llegaba como alumno nuevo precedido pues de gran estatus académico, por haber sido integrante de la terna de los mejores alumnos de primero de bachillerato, como se llama ahora al grado sexto, del célebre colegio provincial, san José de Pamplona. 

El día de su llegada, estaban haciendo dos filas los estudiantes del seminario frente a la capilla. Al lado  estaba ubicada una casona donde se hallaban los dormitorios y otras dependencias. Se distanciaron un poco las filas, los estudiantes dieron media vuelta para hacerle calle de honor. Y lo ovacionaron al pasar por el medio, con aplausos y frases de bienvenida, lejos de imaginar que el pensionado los iba a defraudar a los pocos meses. 

Suponían ansiosamente que le arrebataría el primer puesto a un tal Albarracín, el genio del colegio hasta ese momento, el cual, —dirían los informantes—, empezaría a mirarlo con venia y respeto, temiendo por su vida exitosa  y por su prestigio en el terreno académico. 

Al respecto, un simpatizante momentáneo del recién llegado, predijo mal y con ironía: "¡Este Albarracín no sabe lo que le va por la pierna arriba!" 

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