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sábado, 20 de junio de 2026

ME DIJERON VIEJO Y PENDEJO POR NO QUERER VOTAR POR LA IZQUIERDA

 Al poner en duda razonable la competencia integral del candidato zurdo para ser presidente, desperté la ira y la coprolalia en un fanático suyo: Tras muchas groserías remató con dos palabras bastante benignas con respecto a las anteriores: Me tildó de viejo y pendejo.

Sentí lógicamente la tentación de responderle en términos iguales, tal vez peores, pero me contuve porque había leído que, cuando alguien insulta a otro y lo ofende con vulgaridades, está utilizando un mecanismo no recomendable de defensa para desahogar sus frustraciones, "enmascarar inseguridades propias, intentar controlar y manipular a los demás". También había leído conceptos duros de que tales personas adolecen de insuficiente educación familiar, de control emocional y que, en vez de propinarles latigazos, a cambio, o dosis similares de amargura y agresividad, habría más bien que comprenderlos, responderles bien y hasta rezar por ellos. Lo de viejo no me dolió porque ciertamente soy viejo. Y es un logro que ojalá lo consiga. Y lo de pendejo tampoco, porque, como dice el refrán, uno llega a viejo y no deja de ser pendejo. Tendrá muchos aciertos y sabiduría en esa edad, pero seguirá propenso a cometer pendejadas como, por ejemplo, esa de tener amigos de dudosa formación mental, innecesarios y verdugos en las redes sociales.

Le expreso, en consecuencia, mis disculpas por haberlo hecho sentir mal con mis opiniones políticas; justifico su ira verbal porque cuando uno ama a alguien, no tolera que ni siquiera pongan en duda su grandeza y la fe absoluta en la verdad de sus virtudes. Parece ser tu caso. 

Concédete, sin embargo, como parte de la penitencia por haber fallado a nuestra amistad en las redes, el beneficio de la duda metódica. Esa herramienta de René Descartes para demoler falsas creencias y llegar a la verdad firme sin cuestionamiento. Duda entonces de que tienes la verdad absoluta y con ella el candidato perfecto.

Los analistas han señalado objetivamente que Iván Cepeda es fiel a su ideología rígida, por cuanto representa a un obsoleto marxismo-leninismo ortodoxo, considerado una doctrina del pasado incompatible con la economía de mercado moderna y la realidad contemporánea. 

"En el mejor de los casos, —comentan los expertos—, un hipotético gobierno de Cepeda buscaría transformar radicalmente la estructura económica, combatiendo la propiedad privada de los medios de producción en favor de la estatal. Esto generaría consecuencias catastróficas para la economía colombiana, creando ineficiencias, desabastecimiento y alejando las señales del mercado internacional, como ha sucedido en modelos fallidos como los impuestos en Cuba. en Venezuela y en otras latitudes".  

Han señalado también que le falta experiencia administrativa. A diferencia de otros mandatarios, Cepeda ha desarrollado su carrera sólo como defensor de derechos humanos y congresista, sin haber administrado ni siquiera una tienda, ni estar al frente de una alcaldía, no ha sido gobernador ni gerente de una gran empresa.
Lunar negativo en la vida laboral de Cepeda

Esta carencia se considera una debilidad dramática frente a las múltiples crisis que enfrenta el país, especialmente después de la cuestionada administración de Petro. Los críticos señalan que no ha gestionado grandes presupuestos ni dirigido equipos humanos robustos, lo que genera incertidumbre sobre su capacidad para regir el Estado eficientemente y resolver problemas prácticos de gestión pública más allá de sacar decretos. 

Para otros analistas, al considerar sus profundos afectos por la izquierda, Cepeda les genera serios reparos sobre su vocación democrática y sobre sus reales capacidades para desempeñarse eficientemente como estadista. No lo consideran capaz de satisfacer las necesidades de seguridad ciudadana, debido a su malograda paz total y a su cercanía sentimental con la insurgencia y los grupos armados, lo cual lo hace aparecer, no sólo como un personaje carente de autoridad para enfrentarlos, sino también como gestor veterano de impunidad, además de fermento del progreso delincuencial.
 
No le han descubierto, como estadista que debe ser, sólida experiencia en los asuntos públicos, ni capacidad de visión a largo plazo. Tampoco hay pruebas claras de que esté bien enfocado en el bien común por encima de sus propios intereses partidistas, ideológicos o electorales.

Lo que más llama la atención de Cepeda es que no tiene carisma de líder ni de caudillo. No inspira. No arrastra. Carece de oratoria. Su estilo para hablar en público es académico, estructurado, dictado por el papel. No se conecta emocionalmente con las masas, no transmite entusiasmo, ni convicción. Por el contrario. Su polarización ideológica suscita división, en lugar de unificación; efecto que sí desencadena un verdadero líder.

Otro punto que desacredita a Cepeda, según algunos observadores, es su propósito de darle continuismo al controvertido proyecto político de Petro. Lo asocian directamente con las controversias de la actual administración, como cómplice mudo de la infinidad de actos de corrupción, de falta de gestión y despilfarro de las finanzas públicas. Esta situación desdibuja hasta el extremo su imagen de liderazgo independiente, porque se le confunde con cualquiera otra figura petrista fiel al régimen. 

Su perfil, se complementa con la cantidad de imágenes y narrativas que revelan su cercanía histórica con las FARC, hasta el punto de llamarlo el heredero de las mismas, o el candidato de la subversión, que de hecho, lo apoyan en las zonas donde éstas ejercen autoridad y gobierno.

También se le critica por su silencio o ambigüedad inicial frente a la negativa del presidente Petro a reconocer resultados electorales adversos, lo que para algunos observadores demuestra una falta de respeto hacia el Estado de derecho, hacia las Instituciones y las ramas del poder. Se argumenta que su proyecto político podría derivar en una dictadura constitucional o en un régimen que limite las libertades individuales, aprovechando mecanismos como una Asamblea Constituyente, idea de la cual supuestamente este candidato se ha desmarcado públicamente, pero que sigue en la agenda secreta de su movimiento político.

Considero finalmente que el país necesita un candidato exitoso que una, que resuelva, que tenga propuestas alcanzables. Una persona que demuestre capacidad técnica, es decir, aptitud: conocimientos y habilidades. Que demuestre coherencia ideológica en consonancia con los tiempos actuales, que no represente las viejas prácticas de las promesas falsas y de las propuestas inviables. Alguien que obre al derecho, sin seguir la línea torcida de la polarización, de la corrupción, de la no ejecución, del desperdicio del presupuesto público, de complicidad con la delincuencia organizada. Uno que sepa escoger a sus colaboradores por competencia y ética, no por ideologías enfermizas o conveniencias partidistas. Es hora, como asegura un gran pensador colombiano, de "enterrar el comunismo (o lo que se le parezca) y de recuperar el rumbo económico e institucional del país" .

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